Circuitos económicos solidarios

Por Álvaro Lopera

En Medellín se realizó un seminario-taller con el lema arriba descrito, los días 6, 7 y 8 de noviembre. El evento fue convocado por distintas entidades universitarias y cooperativas en donde los temas economía de liberación, solidaridad, libertad y resistencia se trataron de la mano del filósofo de la liberación, educador popular y economista, Euclides André Mance, brasileño y gran difusor de una idea de organización social y económica que lleva en su seno la imagen del poscapitalismo como gran logro.

Con el pensamiento central freireano “nadie libera a nadie, nadie se libera solo, todos los seres humanos se liberan en comunión”, Euclides avanzó en el seminario donde participaron más de 100 líderes, lideresas sociales y de procesos productivos artesanales, agroecológicos, de producción propia y agremiaciones como fondos de empleados y sindicatos.

De este encuentro, que ya va en el cuarto de su clase, salieron un sinnúmero de ideas plasmadas en las memorias que se encuentran en el portal kavilando.org y que, de seguro, si se estudian concienzudamente, evidenciarán conceptos vitales para los procesos de reconstrucción del tejido social y productivo que buscan superar la actual sociedad formada a partir de cánones capitalistas neoliberales, del cual se desprende el sujeto neoliberal, individualizado por el consumo alienante, impedido de reflexionar sobre el daño ecológico, social y cultural que este lleva en su seno.

Euclides Mance, que lleva más de 30 años trabajando desde las vertientes de la filosofía, pedagogía, psicología y teología de la liberación, agregó -producto de la teoría y su praxis social-, un nuevo término: la economía de la liberación, y para ello se sumergió en el estudio de la economía política y la filosofía marxistas. En Marx halló una gran fuente en donde las palabras liberación, emancipación, movimiento y procesos hacen parte de un discurso usualmente no tenido en cuenta por los propios académicos marxistas.

Conceptos varios

El capitalismo se apropia del trabajo ajeno. En el capitalismo el valor sufre una metamorfosis en el circuito Dinero-Mercancía-Dinero, esto es, el valor en forma de dinero es convertido en factores productivos, de allí se obtienen los productos, después devienen en mercancías (el producto con valor de cambio) y al final la mercancía es convertida en dinero. Todo parte de una inversión que regresa aumentada al capitalista gracias al trabajo de otros. Es lo que se llama en la economía el plusvalor, aquel trabajo humano que no es pagado al obrero y el cual se lo apropia el capitalista. El valor solidario, por el contrario, no es para generar ganancia sino para el buen vivir.

En el capitalismo, el centro del sistema es la inmortalización del valor de cambio, esto es, la cantidad de trabajo social plasmado en una mercancía y que lubrica el proceso de acumulación. En la economía solidaria importa fundamentalmente el valor de uso, esto es, la capacidad que tiene un objeto para satisfacer una necesidad humana. Y el excedente de la producción comunitaria, si lo hay, regresa al circuito solidario en la forma de un fondo en procura de alimentar redes de suministro de materias primas o de producción solidaria. También el trueque por servicios u otras mercancías de consumo es posible en este sistema colectivo de producción y consumo.

En su libro ‘La revolución de las redes’, Manceplasma muchos conceptos de lo que significa la colaboración solidaria: “El objetivo de la colaboración solidaria es garantizar las mejores condiciones materiales, políticas, educativas e informativas para el ejercicio de la libertad, promoviendo así el bienestar de todos y cada uno. No se trata solo de una propuesta económica. Más que eso, es una comprensión filosófica de la existencia humana, pues el ejercicio de la libertad privada es legítimo solo cuando quiere la libertad pública, cuando quiere que los demás vivan éticamente su singularidad, disponiendo las mediaciones necesarias para llevar a cabo ‘lo mejor posible’ su humanidad, ejerciendo su propia libertad”.

Respecto del consumo, establece parámetros de nuevo tipo, muchas veces pasados por alto en la crítica al mercado capitalista: “La práctica del consumo como mediación del bienestar requiere el refinamiento de la sensibilidad y los sentidos humanos, así como el desarrollo de criterios evaluativos para seleccionar los objetos, dentro de las posibilidades de consumo que cada uno tiene, que puedan contribuir de la mejor manera, con la singularidad de cada persona, al bienestar social y la preservación de los ecosistemas”.

La conciencia ecológica y social subyace a la filosofía de este pensamiento universal y va más allá del concepto “consumo responsable” en donde se enfatiza en consumir solo lo que se necesita sin cuestionar los orígenes de las mercancías. Los circuitos económicos comunitarios solidarios también trascienden el crédito bancario capitalista. En estos el crédito puede ser el hacer un trueque o un sistema de transacciones que permite la autogestión de dar y recibir de una comunidad a cada quien según su necesidad, devolviéndole a esta cada quien según su capacidad. En la práctica de los circuitos económicos solidarios de Brasil, México e Italia el sujeto que se está liberando con estas prácticas solidarias no importa por el hecho de la cantidad de dinero que tiene sino por su compromiso en la tarea colectiva.

Las posibilidades

La estrategia política de estos circuitos económicos de nuevo tipo es bloquear el sistema comercial y financiero para que a su vez se sequen las inversiones capitalistas productivas y cese la explotación del hombre por el hombre. Busca ante todo que se dé paso a la unión y solidaridad de los hombres y mujeres trabajadores en procura de un objetivo común, sin destruir la naturaleza.

El propósito de la producción comunitaria solidaria es producir para atender todas las necesidades de la población ya que las actuales fuerzas productivas lo posibilitan. Así se mejorarán ampliamente las propias fuerzas productivas, pues la obsolescencia programada pasaría a ser desechada, dándole una vida útil mayor a cada una de las mercancías producidas en el seno de esta nueva sociedad que estaría creciendo, como las algas de los ríos contaminados, en el seno de la sociedad capitalista.

Y como todo debe soportarse en tecnologías que se requieren para el manejo informático que se desprendería de semejante megaactividad, se recurre a los movimientos mundiales del software libre, que están por fuera del control de las transnacionales de la información, con servidores propios y también de código abierto.

Esta es, pues, una invitación, más que a la resistencia, a la liberación.

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