¿Seguridad para el capital o para el ciudadano? A propósito del modelo de seguridad de Quintero


Ilustración: MORPHART

Por Rubén Darío Zapata

En los dos primeros meses de su gobierno, el alcalde Daniel quintero ha hecho una serie de anuncios en materia de seguridad que parecieran augurar un modelo de seguridad realmente innovador. Habla de la aplicación de nuevos softwares, de la incorporación de una fuerza especial del ejército, experta en combate urbano y, por supuesto, del control de las universidades con el ingreso del Esmad cuando sea necesario por presencia de explosivos, etc. Sin embargo, para algunos analistas como Fernando Quijano, director de la Corporación Corpades, estas declaraciones parecen buscar más bien un efecto mediático que dar cuenta de un modelo claro en materia de seguridad ciudadana.

En sus discursos de campaña Quintero hizo énfasis en algunos elementos que parecían novedosos en materia de seguridad. Por ejemplo, insistía en la necesidad de sacar a los niños y niñas del conflicto, arrebatárselos prácticamente a las bandas. También habló de la posibilidad de establecer diálogos con las bandas armadas de la ciudad para lograr su desmovilización y sometimiento a la justicia, y, sobre todo, habló de un énfasis especial en la inversión social como estrategia de seguridad.

Sin embargo, tal como lo ve Quijano, Quintero no ha explicado cómo va a hacer para arrebatarles los niños a las bandas; en cuanto a los diálogos con las bandas, Quijano deja claro que constitucionalmente esta es una competencia exclusiva del presidente de la República que puede delegarla en otras personas o entidades, pero en todo caso no puede ser una decisión autónoma de los alcaldes locales o gobernadores. En lo que tiene que ver con la mayor inversión social, las decisiones del alcalde en estos dos primeros meses parecen de nuevo privilegiar el componente militar.

“Quintero es un alcalde que acaba de llegar -explica Quijano-, tratando de mostrar muchos triunfos mediáticos, queriendo hacer ver que todo está cambiando a partir de su llegada; creo que la realidad supera lo que él pueda decir. Y es que la estrategia de seguridad hasta el momento se ve basada en lo fundamental en las de administraciones anteriores: capturas, decomisos y control al crimen. Pero el tema de más drones -explica Quijano-, helicópteros, cámaras, softwares y todo ese tipo de cosas realmente no soluciona los problemas de seguridad de este país, aunque pueda multiplicar las capturas”.

Y es que, según Quijano, una ciudad como Medellín necesita un gran componente de inteligencia y eso no existe o no está al servicio de combatir el crimen. “Si existiera no tendríamos esa cantidad de bandas armadas controlando cada palmo del territorio de la ciudad. Si fuera una verdadera inteligencia ya se hubieran empezado a desmantelar las estructuras criminales en Medellín. Pero hasta el momento no hay una sola banda desmantelada, ni en esta ni en las pasadas administraciones”.

Según Quijano, la institucionalidad pareciera querer ganarle la guerra al crimen organizado desde el micrófono. En la práctica eso no es cierto: primero porque aquí no se persigue sino a los subjefes, coordinadores y a los miembros de bandas. De ahí hacia arriba al crimen nadie lo toca. No se toca a la junta directiva de La Oficina, ni la nómina paralela que tiene el crimen urbano a la institucionalidad, a los que dan protección oficial. “La pregunta es qué personas en las instituciones están al servicio del crimen organizado, porque es un hecho que sin esta protección oficial las estructuras criminales no se sostendrían”.

Por lo demás, hoy en esta ciudad, según Quijano, nos han puesto a mirar más a un grupo de unos cuantos encapuchados de la ciudad que a los problemas del crimen urbano. Alguna gente anda más preocupada por lo que hacen cincuenta o cien encapuchados (pintar una pared, tirar unas papas bombas, unas piedras…) y no nos dejan ver la corrupción de la institucionalidad, el operar cotidiano de las bandas criminales, el tráfico de drogas, el pagadiario, las vacunas, la explotación sexual, etc.

Y es que realmente, según Quijano, las estrategias de seguridad parecen ir todavía en la dirección de una política contrainsurgente y no contra el crimen. En esa medida la criminalidad le resulta funcional a la institucionalidad de esta ciudad; o dicho de otra manera: el crimen es un componente importante en las estrategias de seguridad. Controla todo el territorio, desde la vida cotidiana de la gente en sus hogares y en su trabajo hasta los grandes movimientos de armas y droga. “Por eso esta ciudad -dice Quijano- no va a ser insurgente ni va a tener levantamientos populares por lo menos en mucho tiempo. Las estructuras armadas que operan en los territorios lo garantizan”.

Lo que hasta ahora se ha entendido por seguridad aquí, según explica Quijano, es la protección de los negocios, la protección del capital y no del ciudadano. Porque el negocio es la base fundamental de la dinámica de esta ciudad. Y hasta las guerras entre las bandas favorecen los negocios, porque mueven mucho dinero, pero, sobre todo, porque le recuerdan a la gente que ahí están y que ellas son las que imponen lo que se puede y no se puede hacer.

En todo caso, Daniel Quintero lleva apenas dos meses y, según Quijano, deberíamos darle todavía la oportunidad de que nos muestre para dónde quiere llevar a esta ciudad. Lo que se esperaba y sigue esperando de él, que siendo joven llegó con un discurso fresco, era una política que se pudiera sustraer a los intereses del gran capital que controla esta ciudad. En ese sentido, dice Quijano, todavía está a tiempo de dar un timonazo en su política y fortalecer el componente social de su estrategia de seguridad:

“Y es que más del 70% de los habitantes de esta ciudad están excluidos de la vida de la ciudad, de sus mejores logros. Yo ni sé si los alcaldes realmente saben o se interesan por saber cómo viven las personas en los barrios marginados. Todavía hay gente que no tiene agua potable en una ciudad tan rica como esta. Mucha gente vive asfixiada por el pagadiario, por las vacunas, por el desempleo. Una estrategia de seguridad tiene que apuntar a resolver las problemáticas de la gente en sus territorios y en su cotidianidad. Y eso no se hace solo con más drones, helicópteros y armas”.

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