Acerca del asesinato en Bogotá de tres presuntos delincuentes (Seguimiento a un linchamiento virtual por twitter)

Por Álvaro Lopera

“Ningún alcalde puede dar por hecho que un ciudadano que ultimó a 3 atracadores obró en legítima defensa. Es tarea de los jueces. Esos mensajes equívocos dan la impresión de apoyo subliminal a la pena de muerte proscrita de nuestro sistema jurídico”. Esta frase la expresó Ramiro Bejarano en su cuenta de twitter en febrero 1 de este año, a raíz de que la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, había dado un espaldarazo al médico-rambo que había asesinado a tres presuntos delincuentes a altas horas de la noche, dejando sus cuerpos extrañamente ordenados en el puente en que lo hizo. Y ella fue también suficiente para que el gorilato, que se mantiene atento en esa red social, se viniera de frente con el garrote virtual del léxico vulgar y fascista y lo linchara virtualmente por ser el promotor de un pensamiento que simplemente aboga por justicia.

La respuesta no se hizo esperar: @carlusvasco se atrevió a lanzar este postulado, casi como una consigna: “Anoche un ciudadano disparó y mató a 3 delincuentes que intentaron atracarlo al norte de Bogotá. A los 3 delincuentes los habían capturado 15 veces ¡¡QUINCE!! y siempre quedaban libres. Salvó su vida, sus pertenencias y a futuras víctimas de robo. #LegítimaDefensa”, y quedó estampada en la red la frase: “legítima defensa” y un claro pensamiento: “eran muy malos, se lo merecían y ello hay que repetirlo”.

La alcaldesa “progre” de Bogotá, Claudia López, un día antes había dicho que “no descarta que el Distrito asista legalmente al hombre que disparó en contra de los presuntos delincuentes que habrían intentado robarlo la noche del 30 de enero en un puente peatonal del barrio Santa Bárbara, en el norte de Bogotá, y que terminó con la muerte de tres de los implicados”, según información de un diario de esa ciudad. O sea, ella partía no solo de la presunción de inocencia del médico, sino de un acto emblemático de legítima defensa que debía ser protegido y, por qué no, propagandizado. O si no, ¿por qué un ente público se iba a poner en la tarea de defender a un individuo que hasta ese momento no había sido investigado ni sus hechos habían sido esclarecidos?

Los ataques indignos

Muchos de los contradictores recurrieron a lo que ellos consideraron susceptible de usar como arma, pues de acuerdo a la visión judeo-cristiana, ¿quién es quién para lanzar la primera piedra?

@elkin_isaza, le lanzó a la cara de Bejarano un gran pecado: la mermelada que había saboreado en anteriores gobiernos: “¿Y si en vez de estar dando la cara por criminales muertos que tenían más de 15 arrestos por hurto y posesión de armas cada uno, mejor nos da explicaciones por la mermelada que recibió del gobierno Santos? Ese dinero salió de nuestros impuestos”. Es decir, usted tiene pecadillos, por lo tanto no puede solicitar algo que solo los hombres puros pueden hacer, y menos tratándose de criminales que tenían suficientes entradas a la cárcel como para ser asesinados sin problema alguno.

Bien simpática fue esta otra de @juliodenuncia1, la cual apunta en la misma dirección pero, en este caso, la contratación: “RAMIRO BEJARANO GUZMÁN, tiene una firma de Abogados que se llama: Bejarano & Ricaurte Abogados y Consultores Ltda, en la página de contrataciones sale de diversas maneras pero mismo NIT: 860.507.441-2 Tiene contrataciones por $2.413.680.000 durante el Gobierno Dulce” (sic) … Es decir, tus pecados, léase contrataciones, dejan tanto que desear que no tienes moral para denunciar a nuestra alcaldesa progre que quiere hacer algo por la comunidad. Lo condena al silencio ante tamaño adefesio ético: hablar con la boca llena.

@Jotace51 le responde con candidez a Bejarano, pero con un sentido microfascista especial: “Dr, ¿entonces que lo atraquen y lo maten a uno para no herir susceptibilidades?”. Este señor ya decretó la pena de muerte para los atracadores. De allí a la limpieza social hay un paso.

Ante lo cual una persona, @Royallcan, que se autocalifica de “centro”, muy acertada y delicadamente le respondió: “Ese no es el punto. Justamente, principios como el Contrato Social nos obligan a comportarnos completamente distinto a quienes decididamente están por fuera de la Ley”. Una voz jurídico-democrática que clama en el desierto de la red twitter.

¿Qué hacer?

Ignacio Ramonet, en una entrevista dada al diario chileno El Siglo, en abril de 2019, decía que la batalla en las redes hay que darla, pues es de gran prioridad: “hay dos batallas, una por el control de los medios públicos, que sigue siendo una batalla importante –para el caso de los gobiernos progresistas- y la batalla de las redes sociales”. Y agregó: “porque las redes sociales es un ejército. Tienen que ser bases militantes, miles de personas que están, primero, formadas en utilizar las redes, que están organizadas para saber qué tipo de campaña hay que hacer”. Es decir, las redes es otro escenario de la lucha de clases que no debemos abandonar para dejárselo a los mismos de siempre.

Pero, como vemos, las redes están inundadas no solo de mala leche, sino de militantes, ahí sí, de la ideología reinante, que nadan en estas como pez en el agua, con lo que al final el debate o el impulso de ideas críticas se convierte o puede convertirse en algo inocuo y hasta riesgoso.

O si no miremos esta respuesta de @Ecrular: “Quizá tres votos menos para la “Colombia Humana” de ahí la tristeza de @petrogustavo”. Transcribiendo el insulto, los seguidores de Petro son ratas que hay que dar de baja, y de ahí la tristeza de su líder. Mensajes que inundan la red llenos de odio, vacíos de humanidad.

La situación se volvió tan insostenible y la carga de profundidad de las personas que rechazaban la afirmación de Bejarano era tan cruel, que una señora, @ismene2, escribió con una claridad meridiana: “Ve, al paso que vamos se decretará quién es culpable o inocente según el número de ❤️ y retuits”. La tarea de la que habla Ramonet es importante, pero para ello se requiere una estrategia clara del movimiento social y un auditorio menos escabroso donde hagan presencia importante otras voces que no demuelan la convivencia ni amenacen al contradictor en un debate. Cosa, por cierto, aún muy lejana en un país en donde el insulto y la intimidación son las herramientas básicas de coexistencia en las redes, especialmente en twitter.

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