¿Paracos en la mayorista?

Ilustración/Ácido

Por Julián Montoya

Hace unos días fui, antes de que se iniciara la cuartentena, a la central mayorista de Medellín a comprar las cosas del mercado como normalmente lo hago todos los meses, pero esta vez había algo distinto, estaba extrañamente muy vacío de motos el lugar donde siempre la dejo. Como me pareció extraño me fijé bien que no hubiera letreros de “no parquear”, también busqué a un vigilante para preguntarle, pero este no me dijo absolutamente nada. Bueno, como vi normal todo me dispuse a ir a comprar lo que necesitaba.

No me demoré mucho, habrán sido 10 minutos. Guardé las bolsas en la coca de la moto, me monté y fui a arrancar, y entonces sentí que algo no dejaba mover la llanta delantera, me pareció muy extraño, porque la moto funcionaba bien cuando llegué. Me bajé y pude notar que el freno tenía un candado muy extraño, porque no era como los que pone el Departamento de Tránsito, sino una guaya normal como las que compra uno en cualquier ferretería. En ese momento se me acercó el mismo vigilante al que le había preguntado y me dijo: “Joven, la moto le queda inmovilizada por parquear donde no es, tiene que ir a pagar una multa a la caja del parqueadero”.

Yo no podía creer que unos funcionarios privados se estuvieran tomando atribuciones de las entidades de tránsito; todavía sin salir del asombro fui a hablar con la administración y les comenté la situación, argumentando que estaban haciendo algo completamente ilegal, a lo cual el administrador me dijo: “Joven, nosotros lo vamos a seguir haciendo, porque ningún ente de control nos ha dicho nada”.

Con rabia, pero sin nada más qué hacer, fui y pagué la multa que valía poco más de diez mil pesos, llevé el recibo al vigilante, llegó otro motorizado, me desencadenó la moto y me pude ir. Apenas llegué a mi casa empecé a averiguar sobre el tema, puse la respectiva queja, por correo, ante la administración de la Central Mayorista de Antioquia, pero nunca me respondieron. Empecé entonces a asesorarme con mis amigos abogados para ver qué se podía hacer.

Al ver que de la Central Mayorista no me respondían, pensaba poner un requerimiento ante el Tránsito de Medellín y de pronto una queja ante la Superintendencia de Industria y Comercio. Pero recibí el siguiente consejo de uno de los abogados que me estaba asesorando: “Hermano, vea, es mejor que deje eso así. Hace unos días un cliente mío llegó con el mismo caso, pusimos todos los recursos que pudimos y al final lo llamaron a amenazarlo si seguía con el proceso”. Quise profundizar un poco más sobre el tema, pero me di cuenta que no valía arriesgar la vida por diez mil pesos.

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