BIENVENIDOS/AS LXS OTRES

Ilustración: Florencia Capello

Por Wilman Rúa

Muchas personas se indignan cuando escuchan en una conversación cotidiana o leen en una publicación de alguna red social la referencia a sujetos sin género. “Todes” o “nosotres”, se convirtieron en fascinantes elementos que desacomodan el binarismo heredado del español, idioma a través del cual se colonizó todo un continente.

Narrar los sujetos por fuera del binarismo sexo/genérico es, sin duda, una acción política, la cual cobra relevancia cuando existen sujetos que, al no ser “inteligibles” por este sistema de pensamiento, suelen ser aniquilados. Para autoras como Monique Wittig, “el género supone el reforzamiento del sexo en el lenguaje, funciona de igual modo que la declaración del sexo en el registro civil”. En este sentido, ser hombre y mujer bajo la lógica de sistema sexo/género, significa ser marcado como masculino o femenino, y en esta dualidad no queda campo para los otres, quienes, en sus procesos de construcción de identidad, transgreden estos órdenes propios del régimen heterosexual.

El profesor Alex Pérez, investigador de Caribe Afirmativo y docente de Trabajo Social en la Universidad de Cartagena, argumenta que nombrar los sujetos por fuera de las convenciones tradicionales “es fundamental en términos políticos, es una manera de poner en cuestión el binarismo colonial del castellano, es des-heteronormatizar la lengua”.

Pero ¿Por qué transgredir la pureza del lenguaje? ¿Por qué irse en contra de la Real Academia de la Lengua? Se preguntan tantos puristas. Sencillamente porque las palabras están cargadas de sentidos, y lo que no se nombra no existe. Es así como el lenguaje “ejerce una acción plástica sobre lo real”, según Wittig; es decir, tiene el poder de hacer existir lo que nombra, al tiempo que invisibiliza lo que no existe en los marcos representativos del sistema predominante.

Conviene decir que el rechazo al género como categoría social sugiere comprenderlo como una construcción histórica, la cual ordena la sociedad a partir de la jerarquía de las experiencias de vida de hombres y mujeres, por lo que no es inocente que lo “femenino” sea objeto de burla, rechazo y abyección por una sociedad heteronormativa y patriarcal.

Defender la neutralidad e inocencia del idioma, como lo hacen instituciones como la Real Academia y sus defensores conservadores en las redes sociales, es desconocer el poder que tiene para producir materialmente los sujetos que nombra; por lo tanto, y como sugiere el filósofo francés Jaques Derrida, “no se trata entonces de levantarse contra las instituciones, sino de transformarlas mediante luchas contra las hegemonías, las prevalencias o prepotencias en cada lugar donde estas se instalan y se recrean”. Es por ello que la existencia de los “otres” sugiere una rebeldía humanista, no contra una institución, sino contra una práctica hegemónica, donde la existencia del mundo ha sido pensada y nombrada desde la superioridad masculina.

Ahora bien, el pensamiento dominante tiene la capacidad de no cuestionarse, y este es el papel de las organizaciones sociales disidentes, las cuales ponen el reflector en las zonas oscuras del lenguaje, descentrando y desnaturalizando las convenciones sociales. Es así como los otres existen como sujetos individuales y también como colectivos. Ejemplo de ello es “Otredanza”, una compañía artística de Medellín, fundada en 2010 por Lilith Border, e integrada por población sexualmente disidente.

Para Emir War, uno de los bailarines de la compañía, su colectivo hace “artivismo”. “Somos artivistas que hacemos que el folclor tenga una temática LGTBI. Otredanza es otredad y danza, es diversidad y cultura”. En su agrupación se transgreden los órdenes de género tan marcados en una práctica cultural como lo es la danza. En esta compañía, dice Emir, “hacemos que las mujeres trans se sientan mujeres y no sean discriminadas, y si llegan hombres trans y desean bailar como hombres, lo pueden hacer sin ningún tabú”.

En tiempos donde las redes sociales se constituyen en los medios donde se difunde de manera acelerada la información y, con ella, las ideas, cobra relevancia el nombrar los sujetos que están por fuera del binario de género. De esta manera se incomodan los órdenes que han hecho que la masculinidad y la feminidad, en tanto productos culturales, sean por lo menos cuestionados, en tanto ideas hegemónicas donde subyacen relaciones de poder desigual.

Mientras se termina de escribir este texto, en el metro de la ciudad de Medellín, una mujer trans, Emma Hidalgo, se encuentra detenida por la Policía, en hechos que rápidamente fueron denunciados por las redes sociales. Según una publicación realizada en la noche del 25 de julio por la organización Casa Diversa, “alrededor de las 6:00 pm del mismo día, Emma se dirigía a su EPS al centro comercial los Molinos, mientras ella iba en el metro, un policía que presta servicio en el Metro la llama ‘travesti de mierda’, por lo que ella se defiende e insulta al policía”. Rápidamente la capturan de manera irregular y la trasladan a un lugar desconocido, hasta el momento en que se escribe el artículo.

Según la antropóloga Gayle Rubin, el sistema sexo/género, el cual tiene el lenguaje como mediador en la producción de los cuerpos, está conformado por los mecanismos de la vida social que “transforman la sexualidad biológica en productos de la actividad humana”. Esta misma autora sugiere que este sistema sirve como “sustento de la opresión de las mujeres y de las sexualidades no reproductivas ni heterosexuales”; es por ello que la existencia de los otres dan cuenta de esa fractura del orden social, y, por lo tanto, se condena su uso y se hace el llamado a conservar las convenciones naturales del lenguaje.

En este sentido, nombrar el otre se constituye en un acto profundamente humanista y político. Además, no es capricho de una simple rebeldía sin sentido de unas maricas que quieren “homosexualizar” la sociedad; guarda en sí mismo la posibilidad de seguir ampliando las fronteras del lenguaje; es sospecha y denuncia de un sistema que se reproduce en cada acto del habla que condena, normaliza y disciplina la acción humana; es el poder de hacer existir a quienes viven en las fronteras de un mundo ordenado jerárquicamente entre dos géneros; es la posibilidad de hacer existir a seres que, como Emma Hidalgo, merecen respeto en el metro, en las calles; es la Otredanza donde los cuerpos y géneros transitan libremente al ritmo de un tambor. Bienvenida/os y bienvenides, lxs otres.

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