Desplazamiento forzado de la ETCR Santa Lucía a Mutatá

Por Álvaro Lopera

Salón social improvisado, Foto: Alejandro Pérez

Se debe hablar de desplazamiento, así los haya acompañado el Ejército y la Policía desde Ituango hasta la vereda La Fortuna del municipio de Mutatá. Los medios noticiosos presentaron este hecho casi como un trasteo, un traslado exitoso pedido por los mismos combatientes y sus familias debido a que no habían podido acomodarse. Como si ellos, que inicialmente eran 234, no hubieran manifestado con su esfuerzo comunitario desde 2017, el gran interés que les despertaba el Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR) establecido en la vereda Santa Lucía de Ituango, en donde habían elaborado pacientemente un gran tejido social con el campesinado de la zona.

El inventario de tragedias, todas debidamente documentadas, era innumerable cuando tuvieron que salir apresuradamente: 11 reincorporados asesinados en Ituango, el último en enero de 2020; más de 100 homicidios en el municipio desde 2017; al menos 3 amenazas colectivas para quienes habitaban el ETCR; cinco o más desplazamientos forzados masivos desde la firma del acuerdo y más de 90 excombatientes desplazados individualmente por amenazas a su integridad.

El desplazamiento

“Decidimos irnos después de realizar una asamblea tras seis meses de incertidumbre. El 15 de julio arrancamos, pues las amenazas y la muerte que nos rondaron desde el mismo momento que llegamos a la zona, ahora se habían vuelto insoportables”, explicaba Juan de Dios Panico, coordinador responsable de la nueva zona en Mutatá. “Fueron años de grandes logros, pero los compañeros asesinados y el desplazamiento de la población sin que la Policía y el Ejército hicieran nada para evitarlo, fue suficiente para decidir la salida”. De los 234 que llegaron inicialmente solo permanecían 56, disgregados en todo Ituango por motivos de seguridad y trabajando con el campesinado del sector.

Hablaron con la Agencia de Reincorporación y Normalización (ARN) para que asumiera el traslado y los costos. Se desplazaron en 25 camiones, 5 buses y algunos carros de la Unidad Nacional de Protección (UNP). Los llevaron incómodamente por la “Ruta de la leche” (llamada así porque los municipios del norte -San Pedro, Santa Rosa, etc.- son grandes productores de este alimento), sin pasar por Medellín, lo cual muestra la intencionalidad de evitar que la población citadina se enterara de ello y alejar la posibilidad de algún acto de solidaridad.

“Nos trajimos lo necesario, pues no había nada qué hacer con el material de las pequeñas habitaciones que habíamos construido en Ituango porque es de muy baja calidad”. Reemplazarían apresuradamente dichas casas por carpas plásticas con soportes de madera, pues en Mutatá no los esperaba ninguna infraestructura en particular.

El nuevo sitio de concentración

El 16 de julio arribaron cien personas de las cuales 48 son niños, tres adultos mayores y el resto son menores de 50 años. Bajaron sus pertenencias en un potrero. No había nada que los pudiera albergar, salvo una casa vieja que a duras penas la están organizando. Recibieron plástico de otras ETCR –Godó y Dabeiba- que los han apoyado, y armaron cambuches incómodos que el agua y el viento corren por veces, lo que les obliga a mojarse y a no pasarla bien en esta temporada lluviosa.

El predio tiene una superficie de 137 hectáreas con zona boscosa incluida; su orografía es ondulada, sin cerros ni montañas, con agua sobre todo en época húmeda, pues en períodos secos esas tierras tienen problemas de abastecimiento. Y, por supuesto, no hay acueducto ni alcantarillado alguno.

El predio fue tomado con un contrato de arrendamiento de seis meses al que se le sumó un acuerdo de compra a la familia propietaria, hecho que se cumpliría con base en el dinero establecido en el Acuerdo de Paz para apoyar los proyectos productivos de los excombatientes. Para hacer efectiva la compra se requiere una gran cantidad de dinero, pues el dueño de la tierra vende a precio muy alto la hectárea: $13,5 millones, lo que daría una cifra cercana a $1.849 millones. Lo que sí es cierto es que los gobiernos de Santos y Duque no se comprometieron con la compra de las tierras desde que se inició el traslado de los reincorporados a las ETCR.

La cabecera municipal se encuentra a 25 minutos de la nueva zona de concentración. Cuando se les termina el alimento, que mensualmente les entrega la ARN, lo traen de la cabecera municipal a lomo de mula, pues no hay vías carreteables. Lo compran sumando los dineros individuales que el Estado les aporta ($785.000) mensualmente.

Las acciones sociales, culturales y productivas que desarrollaban en Ituango se encuentran suspendidas. Los niños no están estudiando y las prácticas deportivas son precarias por falta de escenarios; lo fundamental es sobrevivir haciendo actividades de integración en la vereda, y tareas propias para la manuntención como es la limpieza del terreno y la preparación de éste en procura de cultivos de plátano, maíz, yuca y arroz.

Las visitas y los compromisos

Juan cuenta que han recibido visitas de todo tipo, pero que, si bien se comprometen a ayudar, poco de eso se ha visto. “Nos han visitado representantes de distintas instituciones: de la Alcaldía de Mutatá, la ARN local, la Gobernación. La Diócesis de Apartadó y la Comunidad de Paz nos han dado asesorías, así como la Alcaldía, quien además nos envía una brigada de salud. La Gobernación de Antioquia no ha cumplido ningún compromiso, ni ha vuelto a aparecer por acá”.

El partido FARC está muy comprometido con ellos en lo que respecta a orientaciones y apoyos y hasta el momento no han tenido problemas de seguridad, según Juan de Dios.

El futuro no está despejado para los habitantes de esta precaria ETCR que sigue recibiendo día a día compañeros excombatientes que van llegando desplazados de otras concentraciones, máxime que continúan sin freno las masacres y los desplazamientos en todo el país, al mismo tiempo que no se ve una acción decidida del gobierno por impulsar el Acuerdo de Paz con las Farc.

Cuando nos despedimos, con un tono un tanto exasperado, afirmó: “No nos pueden dejar solos, que esto requiere mucho apoyo, mucha energía….”

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