Resistencia indígena páez: De la “Independencia” hasta Quintín Lame

Por Chucho Rivas

Imagen tomada de #MingaPorLaVida

En 1780 se levantaron los indígenas del Alto Perú, bajo el mando de Túpac Amaru. La gran rebelión tuvo eco en otras regiones de Suramérica como sucedería un año después en Colombia. La reducción de los resguardos y el monopolio (estanco) de la sal perjudicaba a muchos aborígenes de Cundinamarca y Boyacá, y ello motivó a que se incorporaran 4.000 de ellos, bajo el liderato del Cacique Ambrosio Pisco, a las tropas comuneras que marchaban desde Santander hacia Santafé de Bogotá; las reivindicaciones indígenas se agregaron al programa constituido por la Junta del Común.

En 1781, como eco de la insurrección peruana contra las reformas borbónicas que imponían nuevos impuestos y monopolios económicos, en el Suroccidente colombiano se presentó una conmoción indígena en las inmediaciones del actual Nariño (en Pasto, Tumaco y Barbacoas). El hecho más grave se produjo en Pasto el 23 de junio, donde fue muerto por los indígenas (y con cierta complicidad de las élites locales criollas) José Ignacio Peredo, Teniente General de la gobernación de Popayán, en un levantamiento contra la imposición del Estanco (monopolio) de aguardiente. A raíz de ello, el virrey Caballero y Góngora suspendió la implantación de dicho Estanco y se redujeron los precios del tabaco.

En el caso de la región páez, se dieron unas particularidades de orden económico, político y social que impidieron el impacto de las dos grandes rebeliones del Perú y el Nororiente colombiano. Podríamos mencionar el debilitamiento poblacional y de la estructura social en proceso de recomposición, la ubicación cercana del centro de poder militar de la gobernación en Popayán, la falta de liderazgo criollo local, y, muy importante, el relativamente bajo impacto de las reformas borbónicas en la población indígena regional, dado el perfil de su economía.

Posteriormente, los nasa, confiando en que un gobierno presidido por los criollos les iba a representar más beneficios, se incorporaron en la guerra de independencia bajo el mando de sus jefes indígenas, entre ellos los caciques principales Guayamuse y Agustín Calambás. Agustín, bisnieto de Juan Tama, participó al mando de 1.000 nasas y fue fusilado en 1816 por los españoles.

Lamentablemente, desde la primera etapa de la independencia de España (la “Patria boba”, 1810-1816), los patricios criollos, con su racismo y continuismo colonial, no ofrecieron ninguna esperanza a los indígenas ni a los esclavos; por esta razón muchos indígenas, como los de Santa Marta y Nariño, prefirieron filar con los realistas. Parecía que presagiaban la liquidación de los resguardos que se vendría.

Y no estaban tan equivocados. El programa de Simón Bolívar y los primeros decretos del gobierno de la Gran Colombia que reconocían las tierras de Resguardo indígena y propiciaban la devolución de las usurpadas, fueron negados por los herederos de Santander y otros caudillos oligarcas, principalmente en la poderosa Provincia del Cauca, donde los hacendados siempre acosaron a los nasa por la tierra y redujeron la extensión de los Resguardos mediante muchas normas y trampas.

Los patricios criollos cancelaron la supresión del tributo indígena pocos meses después de ser dictada por Simón Bolívar en 1820; y en 1821 el Congreso expidió la primera ley colombiana sobre indígenas, dando un plazo de cinco años para acabar con los resguardos. En 1828 Bolívar corrigió ese error, restableciendo la legislación proteccionista, pero sus sucesores volvieron a negarla. Ante esta burla se desató la resistencia indígena, especialmente en el Cauca, llegando a ser tan fuerte que, en 1848, un visitador eclesiástico de Tierradentro pidió a los curas que “se predicara sobre el orden y el sometimiento al gobierno”. Y pese a la resistencia, los gobernantes colombianos seguirán sacando leyes contra los resguardos hasta avanzado el siglo XX.

La liquidación de los resguardos y la abolición de la esclavitud a mediados del siglo XIX, fueron pieza clave de las reformas liberales que, a nombre del “progreso” burgués y la “civilización”, pretendían proletarizar a los esclavos e indígenas, buscando fuerza de trabajo abundante, barata y libre de ser explotada, al tiempo que apropiarse de más tierras aborígenes para las plantaciones y grandes haciendas que serían la base de la explotación agraria en la Colombia de la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del XX.

Quintín Lame

En dicho contexto, cual reencarnación centenaria páez de Túpac Amaru II, el líder de la insurrección comunera inca martirizado en 1780, nació Quintín Lame en 1880. De familia terrazguera (arrendataria) del Cauca, esta figura cimera representa la lucha contra el desarraigo y la gran explotación a que fueron sometidos los pueblos originarios bajo el sistema semifeudal implantado. Los indígenas despojados, como “siervos sin tierra” en un territorio que les pertenece, reflejan los nuevos ejes de la retardataria sociedad latinoamericana, donde sus poderosas clases dominantes legislaron e instrumentaron el poder a su favor, entronizando unas élites europeizadas apátridas que despreciaban las raíces americanas.

Una oligarquía que se debatía entre la retórica leguleya y demagógica liberal -encubierta con modas inglesas y francesas-, y el rescate de la moral y las buenas costumbres señoriales, patriarcales y racistas hispánicas (conservadoras). En fin, preocupados en adoptar y no en adaptar, dejaron de lado el gran legado de los pueblos indígenas, afros y mestizos trabajadores que eran la base de la nueva nación.

Por ello, hablar de Quintín Lame es hablar de la lucha del pueblo nasa y de otros pueblos indígenas del Suroccidente colombiano, así como también anunciar la gran lucha de clases de obreros y campesinos que se avecinaba desde principios del siglo XX y que Lame inspirará o allanará con gran habilidad, valentía y decisión. Como bien lo expresara Renán Vega Cantor en Gente muy rebelde, “los levantamientos en Tierradentro (1914), con la participación de miles de comuneros, fueron anteriores al auge de las luchas agrarias y a los movimientos de trabajadores contra los enclaves imperialistas, lo que indica que esas acciones de protesta abrieron el camino de la lucha social en el país, aunque eso no se suela reconocer”.

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