“¿Cuál es la velocidad del sueño? ¿Cuál es la velocidad de la pesadilla?”

Por Emmanuel Rozental- Pueblos en Camino

Coffee mural-pintura, arte Zapatista

Constelación (Benjamín) y Río Profundo (Arguedas), así es la continuidad en la penumbra, del tiempo pleno, de la rebelión permanente de los pueblos, bajo la amenaza de los vencedores: ni siquiera nuestros muertos están a salvo. Estallan relámpagos, el estado de excepción de los vencidos. Derriban el calendario del tiempo exacto, de la explotación que deshilacha los ritmos de la vida y condenándonos a la muerte niegan el tiempo justo de los ritmos y ciclos de la Madre Vida; obligándonos, como dijo Rosalita zapatista, a vivir el tiempo necesario, para pasar del exacto destructivo al justo de la vida.

Desde el 1 de enero de 1994 no deja de brillar y resonar: tras 10 años en la penumbra y siglos en la constelación silenciada de la vida bajo la barbarie, la rebelión Zapatista, memoria y presencia de todas las rebeliones y de lo que siendo semilla fértil no deja de germinar a pesar de la oscuridad que buscan imponerle. La mayor Maya Rosalina sabe: “no hacen más que imponernos grandes problemas para que no tengamos tiempo de pensar la vida, de entenderla y amarla”. La historia de los grandes acontecimientos, de los vencedores, no es más que la de la secuencia de los “grandes problemas” que nos impiden habitar el tiempo justo, desconocerlo. Deshilachar la “resistencia y rebeldía” del tiempo necesario. Imponer el destino de muerte que se agota en la mezquindad de la codicia.

Emiliano Zapata se levantó con el Ejército del Sur contra el traidor Madero que llegó al poder para prometerle a los imperios y terratenientes que no se entregaría la tierra a quienes habían sangrado y luchado por ella. Compró rebeldes con precio para organizar otro Ejército del Sur encargado de una falsa rebelión, mascarada para negociar “civilizadamente” un “acuerdo de paz” con “el gobierno legítimo” y así aislar como bandidos a los indios y campesinos del zapatismo. Con estas y otras artimañas, Madero y los demás seres insignificantes, consiguen hasta hoy diseñar la historia que se roba, una y otra vez, el relámpago de los pueblos para subirse a pedestales y estatuas del poder que impone con sangre, mentiras y precios, grandes problemas para que la vida no pueda ser vivida.

Andrés Manuel López Obrador, AMLO, hace el mismo recorrido. Usurpa la resistencia y la rebeldía para servir al poder y al despojo. Que se transite a nombre de la “revolución” y del “progreso”, por la vía del tiempo del engaño, de la lucha necesaria camino al tiempo justo, hacia el tiempo exacto del despojo. Promete paz y crea la Guardia Nacional con soldados y policías de fuerzas corporativas y corruptas. Promete progreso en alianza con los consorcios capitalista-mafiosos más poderosos, para dar continuidad a la política estatal del narcotráfico que incluye extenderlo y hacerle la guerra. Relegitima con discursos enardecidos y políticas de guerra contra los opresores, el régimen de abuso, despojo y terror. Se resbalan pegajosos y fríos por debajo, manoseando, los tentáculos que penetran, compran y transan. AMLO cumple lo prometido. Represión, terror, narco y …la joya de la corona: Chiapas… la guerra total contra el Zapatismo.

Cumple AMLO: promete el Tren Maya, el Canal Transístmico… los megaproyectos que invaden territorios ancestrales Maya para explotarlos, destruirlos, atraer turistas, someter a los pueblos y acabar con la resistencia y rebeldía zapatista. Aplauden y apoyan las izquierdas de escritorio y doctrina (como en otros lugares y tiempos). Crece la popularidad del tirano disfrazado de rebelde y reparten resbalosas las manos del poder dineros, armamento y propaganda para el gran problema, la guerra total. Que hay bases militares rusas y cubanas en territorio zapatista, asevera una periodista que las ha visto. Que los zapatistas se arman hasta los dientes en alianza y coordinación con el Cartel de Jalisco Nueva Generación; que, en Tila, les han quitado la tierra a los legítimos campesinos, unos usurpadores aliados al zapatismo. Manda incendiar bodegas de café. Manda asesinar indígenas. Militariza. Genera desplazamiento forzado. No es traición el ataque del Mal Gobierno: es su función. El progreso. Traición la de quienes se venden, le creen al capataz de turno y repiten defendiéndolas sus mentiras. Traición la de quienes se dejan reclutar al Ejército del Sur de paga a cambio de títulos de propiedad, cargos y poder. La verdad del zapatismo pretenden convertirla en una versión menos. La rabia y el dolor son resistencia y soledad.

La guerra de AMLO contra la vida, contra el zapatismo, ahora mismo, perpetúa la historia de los acontecimientos, del hurto sangriento y mentiroso de la civilización y del progreso. La compra de quienes tienen precio y se venden.

Una guerra total, una sola; la misma, ataca, amenaza y destruye la vida en todas partes. Desde Chiapas contra los pueblos Maya, a través de Guatemaya y hasta el Wallmapu, pasando por las masacres y las mentiras en todo el continente y el mundo. La codicia desatada, la esclavitud de la ganancia que desprecia la vida. Niega los territorios. Nos convierte en trabajo, mercancía, consumo. Ilusión que desata la guerra, la extiende, la justifica: toda la extensión del planeta es propiedad, insumo, recurso, medio para generar ganancias y poder.

Los Estados niegan los territorios. Existen para negarlos, arrasarlos, inventando ficciones e ilusiones políticas, fronteras falsas. Identidades ilusorias. Los “malos gobiernos” se coordinan bajo el mandato de deshilachar lo tejido y transformarlo en comercio, cargos, ganancias y la ilusión del poder que hace la historia. Territorios, pueblos, flujo de la vida, deben someterse y están siendo sometidos. Hasta el último rincón de un planeta destrozado. El dinero transforma la vida en mercancías y en más dinero y se extiende hasta abarcarlo todo. Éste es el movimiento de la guerra, del proyecto de muerte que impone la historia de los vencedores. La Hidra que nos engaña y nos habita. Que no quede un solo territorio-pueblo, que se desate el tejido, que se someta la tierra toda.

Pero ¡Zapata Vive! ¡La Lucha Sigue! El zapatismo es el relámpago, la constelación de los pueblos con la tierra y la verdad de lo que han logrado.

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