Tres puñaladas mortales al río Herradura de Abriaquí

Por Luz Celina Alcaraz

Parte del río Herradura que sería entubado. Foto: Luz Celina Alcaraz

El río Herradura nace en el alto del Junco en el Municipio de Abriaquí, occidente de Antioquia. Recorre hermosos parajes con multiplicidad de especies de árboles ribereños nativos y es el hábitat de gran variedad de aves endémicas y migrantes. Entre los árboles encontramos los sauces, que con sus melenas ondeantes le rinden homenaje al río, a sus cristalinas y espumosas aguas de color verde mar, digno de pintores, el mismo que serpentea rumoroso, cantarín, dando vida a su heredad, a sus vecinos Frontino y Cañasgordas, hasta su abrazo final que da al río Cañasgordas.

En ese torrente de frescas aguas, identidad de todos los abriaquiceños acunados con su arrullo, muchas generaciones se han bañado y se han bronceado en las playas y en las piedras talladas por ese incansable escultor acuático. Además de su paisaje embriagador, de su crepitar sonoro, de haber obsequiado a sus pescadores sabaletas, liso-liso, bocachiquito y sus corroconchos; de ofrendar a los ribereños materiales para sus hogares, el Herradura ha sido nuestro gran amigo apacible y turbulento, y es el vigía inseparable de nuestra idiosincrasia y partícipe principal de nuestra cultura.

La amenaza al disfrute colectivo

Como es usual en un sistema económico y político capitalista donde los intereses populares no cuentan en los cálculos de la soberbia y la mezquindad, los ríos, seres vivos, se convierten en chequeras sin que cuenten los pueblos cuyos proyectos de vida están afincados en esos sujetos acuosos a quienes, a duras penas, las altas Cortes colombianas les están reconociendo sus derechos.

No tardaron en aparecer en el escenario natural los intereses espurios y el lenguaje bancario y, subyacente en él, el término engañoso de “recursos naturales”: la madera, el carbón, el petróleo, el oro, la plata, el agua, los ríos, el manto vegetal, el coltán y muchos más que sobrepasan el criterio popular de bienes comunes que se deben disfrutar en asocio con esa naturaleza que es la madre que prodiga los frutos necesarios y suficientes para un buen vivir. Es decir, aparecieron con tijeras y con ojos económicos tacaños los nuevos emprendimientos capitalistas en el marco del disfrute colectivo.

Como no podía faltar el adalid de la explotación inclemente de nuestras aguas y ríos nacionales, apareció en nuestro horizonte, hace 15 años, el capital voraz de Empresas Públicas de Medellín (EPM), intentando asestar las puñaladas necesarias para matar o, simplemente, desangrar y volver enclenque el río Herradura tras convertirlo en esclavo de esos vatios de energía que impulsan desbocadamente el tal “desarrollo” capitalista. Surgió, pues, uno de los verdugos de la riqueza hídrica nacional ofreciendo la transmutación de nuestro gran compañero de toda la vida en falsos empleos, vatios de energía para otros lares y “desarrollo”, que no es el que requerimos.

Las estocadas letales

Esa oscura visión económica de intervención de tan enormes riquezas naturales conllevó a que la Corporación para el Desarrollo Sostenible del Urabá (Corpourabá) aprobara cascadas de Pequeñas Centrales Hidroeléctricas (PCH) –recordemos que una PCH puede generar de 1 hasta 20 megavatios de energía y el permiso de construcción lo da una Corporación Regional–  a lo largo del Herradura, dándole de baja lentamente en lo que concierne a su caudal y al hábitat de un gran número de seres vivos.

Paisaje después de la captación de la PCH ‘La vuelta’. Foto: Luz Celina Alcaraz

Primera estocada: en 2004, EPM construyó la PCH ‘La Vuelta’ en jurisdicción de los municipios Frontino y Abriaquí, captando las aguas del río Herradura que tiene un caudal de 9.6 metros cúbicos por segundo (m³/s) y la quebrada La Nancuí (12.1 m³/s), caudal que es detenido con un muro que deviene en un cauce seco y desértico en su recorrido por las veredas La Antigua y La Timotea, hasta un sector abajo, donde su cauce vuelve a recibir las agonizantes aguas turbinadas. La pesca, como actividad económica, murió con esta intervención que genera 11.8 megavatios (MW) de energía.

Segunda herida: también en ese año se construyó la PCH ‘La Herradura’, en jurisdicción de los municipios Frontino y Cañasgordas, en la vereda La Honda del municipio de Frontino; capta el agua de este río que conlleva a su cauce seco, vacío, con algunos vertimientos empozados, podridos y un gran cultivo de plagas. Con esta PCH el río muere desde la captación hasta su desembocadura; las aguas turbinadas se depositan en el cauce del río Cañasgordas. La generación es de 19 MW.

Tercera mutilación pretendida: como si lo anterior no fuera suficiente, a nuestro río y a la quebrada Piedras se les impondría la nueva PCH ‘El Remanso’, 5 kilómetros aguas arriba de la PCH ‘La Vuelta’, y descargaría 200 metros antes de su bocatoma. La construiría el consorcio Hidroturbinas Delta S.A. que captaría las aguas del río Herradura por tercera vez, junto con las de la quebrada Piedras (1.4 m³/s) y descargaría sus aguas turbinadas a la central ‘La Vuelta’, alcanzando un caudal total de 11 m³/s. Su riqueza hídrica sería privatizada y confinada en tubos de 2.10 metros de diámetro, lo que conduciría a cauces resecos y ecosistemas muertos. 

Este nuevo embeleco de energía que generaría 16 MW, pretende llenar los bolsillos de los dueños de las hidroeléctricas con la destrucción del medio ambiente y el engaño a las comunidades, así como afirmar una legislación que oferta los bienes comunes (leer El POMCA del Río Sucio Alto en http://www.corpouraba.gov.co) desde los entes gubernamentales que legitiman estos despojos con las licencias ambientales dadas tanto por la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA), para megaproyectos, como por las Corporaciones Regionales, para pequeños proyectos.

Aguas podridas después de la captación de la P.C.H La Herradura-.

No todo está perdido

La oposición a la construcción de la P.C.H. ‘El Remanso’ o de cualquier otra en el río Herradura de parte de las comunidades organizadas en defensa de nuestro río nos llevará a interponer acciones legales a las cuales sumaremos la resistencia para impedir la tercera mutilación o la muerte lenta de este cuerpo hídrico.

Los lineamientos trazados para la Mesa de Trabajo que empieza a gestarse en el seno de los amigos del Río Herradura se basan en la confianza que tenemos para detener esos oscuros planes neoliberales bañados en promesas de ingresos millonarios, empleo y “desarrollo” que nunca han beneficiado a las comunidades. Además, esperamos el apoyo de todo el pueblo antioqueño.  

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