Ecohostal Los Tominejos: revivir la tradición campesina y aprender de otras formas

Untarse las manos de tierra, sentir ampollas en tus manos y la gota de sudor que baja por tu frente y hace arder tus ojos, ensuciar tus uñas y ropas, tener las sensaciones de cansancio y una gran fatiga mientras escuchas hablar de las formas de siembra, cosecha, nutrientes y beneficio de las plantas, recetas para el abono, memoria ancestral, entre otras… Así es un pequeño abre bocas de la pedagogía del Ecohostal Los Tominejos que te lleva a reflexionar, revivir la memoria y conocimientos ancestrales del campo y aprender desde la práctica.

Por Jhon Mario Marín Dávila

Foto: Paula Andrea Lainez Soto

El Ecohostal Los Tominejos se encuentra ubicado en Belmira – Antioquia, está administrado por Nora Londoño, Jáder Zapata y Pedro Pablo Zapata Londoño, quienes sostienen que esta idea surge casi de la nada, puesto que, en sus intentos de sembrar, cosechar, tener variedad de plantas, flores y cultivos, empiezan a tejer inocentemente todo un ecosistema. Así pasó el tiempo y la gente que los visitaba quedaba encantada y les decía: yo hace días que no veía esta semilla y este fruto; yo sé que en otra finca tienen otra variedad de tomate, déjate que en estos días yo te consigo y te regalo la semilla.

En cada intercambio de conocimientos, conversas, semillas, frutos y gajos de plantas se fue surtiendo y creciendo el terreno; las y los visitantes al ver tanta variedad quedaban muy contentas y publicaban fotos en sus redes sociales y los amigos de ellos decían: muy bonita la finca, y preguntaban cómo podían llegar al lugar. “Casi fue de la nada, ahí songo que songo surgió la idea del Ecohostal”, narra Jáder Zapata.

En la medida que iba creciendo el Ecohostal, atraía más visitantes y los sensibilizaba con su apuesta por la producción orgánica. Jáder Zapata comenta que “el mero hecho de que uno lleve las semillas ahí, sin tanto químico y ya las tenga acostumbradas a eso, es una ganancia para la misma sostenibilidad de las semillas como tal, para la misma sostenibilidad de la especie. Porque no es lo mismo uno coger una semilla de una papa de un cultivo comercial, donde la papa está acostumbrada a muchos baños, a muchos productos químicos, que uno coger una papita que se ha producido orgánicamente y entonces ya las hijas de esa misma papa producida orgánicamente producen con mayor facilidad y traen como esa herencia genética de que ellas pueden cumplir su nuevo ciclo sin ser tan dependientes de los productos químicos. A veces en un cultivo comercial de papa preparan una mezcla de veintidós productos químicos diferentes para bañar la papa, para fumigarla, entonces lo que la gente compra cuando consume productos de estos cultivos comerciales son químicos en exceso que redundan en daños en la salud”.

Al Ecohostal Los Tominejos van visitantes de diversos territorios nacionales e internacionales o estudiantes de la Universidad de Antioquia, Tecnológico de Antioquia y Uniminuto Bello, los cuales les compran los platos de comida para los respectivos días, campan y se preparan para la pedagogía del Ecohostal, donde se realizan jornadas de agroecología, cosechan los frutos que hayan en la huerta, ayudan en las labores de la huerta como sembrar, desgranar maíz, pilar la mazamorra, desyerbar, también organizar el jardín, ir a enriquecer el bosque con especies nativas y árboles típicos de tierra fría como la palma de cera, sembrar orquídeas, cortar leña y hacer caminatas al páramo o en la misma vereda. Además, dan charlas alrededor del fuego, del roble o en el bosque de orquídeas sobre el páramo, los ecosistemas, plantas, animales, clima, agua, mitos y leyendas del pueblo, entre otros; inclusive los guías de Belmira que llevan gente al páramo van al Ecohostal y les dan charlas teórico – prácticas para multiplicar el conocimiento con los visitantes.

Foto: Miguel Zabala

Sobre la pedagogía del Ecohostal, Jáder Zapata explica “más que pedagogía del Ecohostal, ha sido mi pedagogía de vida y es tratar de enseñar a la gente a partir de la práctica y no a partir del texto leído o el audio escuchado, sin nada de vivencia real. Yo soy feliz explicando, les digo: vea esta matica se llama así y la forma de crecimiento es esta. Uno les explica todo a partir de la práctica en la vivencia, para poder demostrarles a todas y todos los que vengan los detalles de cada planta, semilla, animalito que haya, cada cosita, y hemos notado que para la gente es más fácil aprender así que aprender pegada de un libro, porque aquí no es imaginándose cómo será, sino en vivo y en directo”.

Con el Ecohostal la familia Zapata ha logrado que el visitante no solamente llegue a Belmira, se baje a las 8:30 A.M del bus, vaya al páramo, vuelva al parque a las 4:30 P.M. y se vaya para Medellín a su casa; esa clase de turismo no le provee nada a Belmira, solo deja destrucción, basura y no aporta a la economía del pueblo. Por eso en el Ecohostal le han apostado a que el visitante pueda ir a Belmira, quedarse varios días, para que pruebe la comida y a través de esto dinamice el sector económico del municipio que, según Jáder, es muy precario.

Para los distintos servicios del Ecohostal encarga las arepas, leche, chorizos, huevos a la misma gente del pueblo, también hay personas que les colaboran para la preparación de los alimentos y además está el señor del camión que los sube y baja de la finca. De esta manera activan la economía del pueblo e integran al visitante, generando ingresos y trabajo no solo para el Ecohosotal, sino también para los vecinos, amigos y comunidad.

Jáder Zapata resalta los frutos por el compromiso del trabajo en el Ecohostal: “Uno, aparte de la satisfacción personal por la tranquilidad, se siente muy contento por el hecho de haber sido partícipe de la felicidad y la tranquilidad de las demás personas, sin contar con el compartir, el trasegar y el convivir con gente de otras culturas, otras regiones, otros países que son maravillados acá viendo todo, disfrutando de todo, entonces es muy rico para uno ser partícipe de esas alegrías colectivas tan necesarias en esta sociedad”.

El Ecohostal Los Tominejos es un lugar donde, a través de su pedagogía, acogimiento y tranquilidad, uno revive la memoria ancestral campesina, el amor y el respeto por la tierra, genera conciencia y reflexión de los tiempos tan acelerados de hoy, las formas de alimentarse y el trabajo en colectivo. También crea economía con su propia gente y pueblo, y, sobre todo, le apuesta a un estilo de vida y sociedad totalmente diferente a los proyectos políticos, económicos, sociales y culturales de individualidad, extracción, competencia y aceleración de la vida.

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