Juicio a Julian Assange o conspiración para amordazar la verdad

Por Álvaro Lopera

Captura ilegal de Assange en la embajada ecuatoriana (themillenniumreport.com)

Bastó que en 2006 Julian Assange, cabeza visible de Wikileaks, definiera la política editorial que pondría a escrutinio del mundo las verdades de las políticas públicas y guerreristas de los Estados geopolíticamente dominantes, para que el poder capitalista-imperialista se lanzara sobre él y sobre su portal de internet como un ejército desbocado. Este ejército llevaba en sus manos no solo sangre sino poderosas herramientas de persecución y la mejor venganza posible.

La guerra de Irak, posterior al inicio de la de Afganistán, fue lanzada injustamente en 2003 por el gobierno Bush II basada en una mentira: la de las armas de destrucción masiva que supuestamente tenía el régimen de Saddam Hussein y que amenazaban a Europa y Estados Unidos. Esta guerra tiene en su seno innumerables crímenes de lesa humanidad reprobados por el derecho internacional y aún no castigados por tribunal alguno. Más de un millón de muertos, según la revista The Lancet, cientos de miles de heridos, miles de envenenados y enfermos de cáncer y contaminados con la radiación expandida a partir de las innumerables bombas de uranio empobrecido que se lanzaron inmisericordemente sobre Faluya y otras regiones de Irak, configuraron el escenario dantesco que impulsó a Assange a tomar posición y a denunciar las tropelías bárbaras de Estados Unidos.

Contraataque imperialista

Desde el momento mismo que osó tomar partido por la información verdadera y la denuncia, aparecieron por arte de magia sendas imputaciones de mujeres “violadas” por Assange en Suecia, cosa que se demostró posteriormente que fue un montaje similar al que le hicieron a Santrich en nuestro país.

Wikileaks presentó al mundo las pruebas aportadas por Chelsea Manning, integrante del ejército norteamericano que a bien tuvo enviarlas para que Assange las publicara. Y lo hizo: una de ellas, la masacre perpetrada en Irak por un helicóptero norteamericano en donde se asesinaron impunemente civiles, niños y hasta un periodista de Reuters, que sumada a los más de 309.000 reportajes de denuncias de crímenes cometidos en Afganistán e Irak de parte de todas las potencias, fue la gota que rebosó el vaso de la impaciencia imperialista. Los poderosos organizaron una acción multinacional contra Assange en donde participaría Suecia, Australia (su patria), Gran Bretaña y el mismo Estados Unidos, con la complicidad de la Unión Europea y con el silencio de los grandes diarios, Washington Post, The Guardian, The New York Times, El País, ABC, amén de toda la prensa burguesa mundial.

Los tres primeros diarios nombrados arriba se lucraron con las informaciones o primicias brindadas en el portal wikileaks.org. Posteriormente, cuando desde el gobierno demócrata de Barack Obama se empezó la persecución contra Assange, tachando su investigación y puesta en escena de los documentos suministrados por el informante norteamericano como espionaje, estos diarios se hicieron los de la vista gorda y nunca calificaron dicho escarnio como persecución a la libertad de prensa, justificando su impostura en la pretendida acusación de violación.

La mala prensa en los inicios del contraataque imperialista empezó a vender la imagen de un Assange sibarita, mujeriego, patriarcal y egotista. Inclusive muchos periodistas derramaron tinta, como buenos plumíferos mercenarios, “demostrando” la soberbia y la petulancia de un filipichín al que solo le interesaba vender su imagen y nada más. Se sumaron pues todos los esfuerzos para condenarlo y olvidarlo.

Fue detenido en 2010 en Gran Bretaña por dicha acusación de violación de las dos mujeres, pero fue puesto en libertad bajo fianza. Como él bien sabía qué callos había pisado y que ese país amenazaba con extraditarlo, se asiló en la embajada de Ecuador en Gran Bretaña en 2012, año desde el cual permaneció enclaustrado, pues ya había escuchado que lo esperaba una enorme pena de prisión: actualmente Estados Unidos lo acusa de 18 delitos de espionaje e intrusión informática.

En 2019 el presidente de Ecuador, Lenín Moreno, lo entregó a la “justicia” británica a cambio de un préstamo del FMI de US$4.000 millones, basado en “argumentos” pueriles de su vida privada, de tinte escatológico, y a pesar de haber sido espiado –y los datos haber sido entregados a la CIA– por la empresa española Undercover Global que pretendidamente cuidaba la embajada ecuatoriana.

El anterior gobierno de Correa le había concedido no solo el asilo sino la ciudadanía ecuatoriana, lo cual era argumento suficiente para dejarlo salir del país y viajar a Ecuador. Pero la justicia británica lo impidió violando reiteradamente el derecho de asilo, alegando que estaba condenado por haber violado la libertad condicional y que en Suecia lo esperaba otro juicio.

Situación actual

El objetivo desde siempre estuvo claro: “Assange debe ser condenado”. Sacado a empellones de la embajada de Ecuador, fue trasladado a una cárcel de máxima seguridad, como si el reo fuera de alta peligrosidad. Situada lejos de Londres y apartada de las miradas furtivas de la población y de la prensa, que tampoco estaba interesada, se impidió un buen trabajo de los abogados de la defensa. El control diario establecido fue terrible: aislamiento solitario 23 horas y 45 minutos para hacer ejercicio; cuando salía de la celda cerraban las otras celdas y evacuaban pasillos como para impedirle algún contacto con los presos. En las sesiones judiciales permanece aislado, sin contacto con sus abogados y no le permiten hablar so amenaza de expulsión de la sala: todas estrategias de tortura psicológica, según la ONU.

La jueza Vanessa Baraitser citaba a sesiones y no le avisaba a la defensa de Assange. En plena sesión judicial, dejaba entrar a funcionarios de Estados Unidos armados, a petición del fiscal. Los pedidos de libertad provisional por la depresión que amenazaba su vida fueron desestimados como lo fueron la solicitud de cancelación del juicio por violación de derechos al haber sido sometido a vigilancia directa por la CIA, y las múltiples pruebas que demostraban que jamás Julian Assange había realizado espionaje alguno y que su trabajo se solo relacionó con poner en evidencia las pruebas suministradas por un personaje perteneciente al ejército norteamericano.

El pasado 4 de enero la jueza decidió no extraditarlo, no porque lo considerara inocente sino porque su estado actual de salud es delicado y el sistema carcelario norteamericano es uno de los peores del mundo y por ello podría perder allí su vida. Es decir, no fue liberado, tampoco fue sacado de la prisión por su peligrosa enfermedad y no fue reconocida su inocencia.

Continúa pues Assange en las temblorosas manos de una jueza a la que le mueven los hilos desde Washington.

Quítenle las manos de encima a Assange (nbcsandiego.com)

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