Carmela, campesina abriaquiseña

influencer de hechos, no de opinión

Por Luz Celina Alcaraz

FUENTE: cronicon.net/wp

La celebración del Día de la Mujer mueve muchas manifestaciones de admiración, reconocimiento, gratitud, pero otras tantas, malévolamente, son acompañadas con un basto sentido comercial de agasajos consumistas ignorando la parte histórica de lucha, resistencia y muerte de aquellas valientes obreras que en Nueva York en 1908 reclamaban mejores condiciones laborales con la consigna central “Pan y Rosas”.

La ONU en 1975 declaró el 8 de marzo como el Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras. Con tal motivo y vivenciando a tantas mujeres empoderadas de su feminidad, de sus ideales, de su trabajo en los variados campos de la política, la salud, el deporte y lo social, que trabajan incansablemente en la construcción de sociedades justas, quiero resaltar a Carmela. Una mujer campesina abriaquiseña, con sus raíces afianzadas en la vereda la Nancuí, donde vivió su infancia a principios del siglo XX, donde formó su hogar con 8 descendientes y enviudó siendo muy joven con sus hijos ya mozos.

Como otros tantos campesinos de esta región del occidente antioqueño, ella fue sobreviviente de la violencia partidista liberal-conservadora, que le arrebató a su esposo siendo aún joven. Ante este dolor tan grande que invadió su alma, sacó coraje, reunió a sus hijos y les sentenció: “No quiero venganza, la venganza no lleva a nada”. Era la época de los famosos trapos rojos y azules y del ojo por ojo y diente por diente. Sin embargo, no se victimizó por su viudez, antes, por el contrario, libre del patriarcado de esa época y con una visión emprendedora, fue referente para otras mujeres, faro de luz, guía de la comunidad campesina por su tenacidad y resiliencia.

Carmela era una mujer de sonrisa amplia, transparente, conversadora, presta a ayudar al necesitado. Muchos la describen como “una mujer querendona”. Fue una excelente partera, heredera de los conocimientos ancestrales. Dicen que palpaba los vientres y sabía cómo venía la criatura. Entonces, de acuerdo con ello, ordenaba la posición de la parturienta y la clase de aromática: de canela o manzanilla con miel de abejas, de flores de lulo o también la cucharada de enjundia de gallina. Trajo muchos seres al mundo con mucho amor, ninguno se le murió y ayudó a otras tantas parteras en apuros.

Madre y trabajadora incansable, procesaba el aceite de la higuerilla como combustible para las lámparas del alumbrado nocturno en las moliendas de panela. Sus clientes eran los estancieros de la región. Fue barequera, buscadora artesanal de oro en nuestro río Herradura. Hacía las bateas de madera para extraer el metal precioso con la técnica del mazamorreo.

Trabajó también haciendo jabón de tierra, para el cual utilizaba legía extraída de la ceniza y el cebo de res y usaba como envoltura las hojas secas de plátano. Con él controló los piojos y la caspa de muchas generaciones. Su culinaria era recursiva y exótica. Era famoso su dulce de cidra o cidra yota y su arroz de la planta de achira que envidiaría cualquier sofisticado chef.

Esta mujer, aparte de ser una gran consejera, agregaba la paciencia y la perseverancia en sus labores. Sus hijos forjados en el trabajo agrícola, eran cosecheros, aserradores, pero también cantantes y músicos de oído: algunos interpretaron la guitarra y el violín que ellos mismos fabricaban.

Modista como pocas. Confeccionaba vestidos, diseñaba y remendaba en una vieja maquinita de manivela. Las épocas de más trabajo eran semana santa y las navidades por aquello de los estrenes para bajar al pueblo frontineño o subir a Abriaquí a esas festividades imperdibles.

Carmela viajaba a Frontino con su traje dominguero estampado, manga larga, cinturón y falda ancha y pañolón sobre sus hombros; su cabello lo recogía en una moña o en una gruesa trenza que resaltaba su rostro de tez blanca sonrosada, con esa placidez del que nada debe… Llevaba su canasta en el brazo con los quesitos envueltos en hojas de guamo, los huevos, el jabón de tierra, las moras cosechadas tras largas jornadas entre helechales o rastrojeras, para capturar las esquivas moreras silvestres de agudas espinas.

Después de la misa del domingo a la que acudían todos los campesinos, Carmela, siempre con su saludo sincero, ofrecía sus productos. Recorría algunas calles y como era muy conocida ya tenía una clientela selecta que la esperaba. Lo recogido con las ventas era para la economía doméstica y los insumos para su variada producción.

Vivía en una casita de canceles de madera y piso de tierra con jardines montañeros, dignos representantes del clima frío, plenos de dalias, rosas, jazmines, san joaquines, cartuchos y novios. El huerto, rozagante como la dueña de las manos que lo mimaban, vivía ahíto de naranjos y limoneros, coles, cebollas, el poleo y el aromático cilantro. Su casa era un ágora de encuentro, de solidaridad, de enseñanza, de recreación. Todos tenían cabida y acogida. Todos tenían la palabra.

Me cuentan que fue una morada de humanismo; le gustaba transmitir sus empíricos conocimientos, algo muy positivo para las generaciones que se estrenaban en aquella época.

Era una mujer rural con poca educación en medio de las desigualdades. Lideraba con su ejemplo y su comportamiento porque amaba lo que hacía, y por su espíritu de servicio impactaba positivamente en su vereda. Fue una lideresa ejemplar en su tiempo, por eso la recordamos y le hacemos este reconocimiento, pues ella goza del aura de lo que significa ser toda una mujer: luz y fortaleza, liderazgo y lucha.

En el presente vivimos en el mundo digital rodeado de influencers, mujeres y hombres, líderes y lideresas “virtuales” que en las redes tienen millones de seguidores convencidos con sus opiniones, su imagen, su forma de vestir. La gran mayoría de influencers son utilizados en el marketing como estrategia para promocionar productos, persuadir a su público borrego y hacer que su rebaño tome decisiones consumistas favorables al mercado capitalista. Sus apariciones virtuales son efectivas y rentables para ellos y para la acumulación de capital.

Como agregado al Día de la Mujer este es un homenaje a nuestras lideresas sociales, “influencers presenciales” de carne y hueso. Mujeres activas en medio de las desigualdades y la violencia que defienden los derechos de sus colectividades, exponen sus vidas accionando la consciencia y la transformación de su entorno, con el trabajo fundamentado en el bien común y en los derechos humanos en este país de injusticias.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s