La incertidumbre y precariedad laboral de las y los docentes universitarios

Por Jhon Mario Marín Dávila

Imagen: tomada de jblasgarcia.com/

Las lógicas mercantiles y empresariales coartaron las universidades, llenándolas de condiciones inhumanas e indignas. Así han logrado manipular y controlar al docente, apagar su voz por las necesidades, volver más administrativa su labor, debilitar la creación de conocimientos y opacar su posición analítica, política, crítica y ética ante la precariedad de las condiciones laborales y dinámicas sociales.

A una semana de empezar el semestre académico en las universidades, comienzan a sonar los celulares de las y los docentes; el objetivo de la llamada es confirmar que estarán vinculados por los próximos 4 meses del semestre académico. Cabe aclarar que no todas y todos tienen esta fortuna, pues a una gran cantidad que espera ser vinculada de nuevo, no les renuevan el contrato.

“Cada semestre uno escucha a los compañeros: el otro semestre estaré, no estaré, consigo trabajo por otro lado o no consigo, entonces se genera incertidumbre cada que termina el semestre. ¿Qué hago ahora si busco y consigo otro trabajo?, pero yo quiero seguir y de pronto no me llaman; eso genera inestabilidad e incertidumbre”, comenta la docente Flor.

A las y los afortunados que contratan se les baja el estrés y la ansiedad que cargan como consecuencia de que en los meses de diciembre y enero no han recibido ingresos económicos. Muchos tienen que pagar ya sea arriendo, servicios, deudas de vivienda, educativas o tecnológicas, alimentación, salud, gastos familiares o personales, entre otros.

Es una incertidumbre que padecen no solo a final y principio de año sino cada vez que finaliza un semestre académico. Al respecto la docente Lucía dice lo siguiente: “Me parece que para nosotros como docentes que estamos acompañando la formación de los estudiantes, que es la razón de ser de una universidad, debería haber una mayor valoración; no es justo que trabajemos solo 8 meses en el año y que con eso tengamos que resolver el resto de asuntos de la subsistencia de los otros 4 meses”.

Esta dinámica lleva a que las y los docentes busquen otros trabajos en otras universidades o creen sus propios emprendimientos, al punto de que, si tienen “suerte”, laboran en 2 o 4 trabajos. Esta dinámica, por supuesto, afecta la calidad de la enseñanza, la creatividad, y la capacidad para potenciar habilidades en el docente y en el estudiante. No es posible así tener un buen desarrollo del trabajo, investigaciones, y, además, obliga a los docentes a dejar a un lado su tiempo propio, el compartir con la familia y amigos, y realizar diversas actividades por gusto, entre otras.

Al docente no solo le toca vivir con la incertidumbre del contrato, pues cuando son contratados lo hacen bajo unas condiciones indignas de sobrecarga y explotación laboral. Por ejemplo, algunas de estas actividades que tiene que cumplir son: dar varios cursos donde hay de 35 a 50 estudiantes, realizar asesorías de trabajo de grados o prácticas profesionales que oscilan entre 5 a 10 estudiantes, aulas virtuales, reuniones, talleres formativos, capacitaciones, aprender nuevo idioma, participar de actividades académicas propuestas por la universidad, investigar, publicar, entregar informes, entre otros. Y ante la queja de varios docentes, la institución da algunas respuestas como: deben saber administrar sus tiempos, las puertas están abiertas o nadie los obliga a trabajar en la universidad.

Estas instituciones universitarias ignoran que las y los docentes son seres humanos con límites físicos, que se cansan y que el exceso de trabajo genera problemas de salud como estrés, migraña, fatiga, ansiedad, dolores musculares y deterioro del estado físico. Gran cantidad de docentes asume y calla su voz ante esta situación por el temor de perder su trabajo, y caen en el individualismo, dejando a un lado el accionar colectivo: con este comportamiento permiten que la precariedad aumente en vez de desaparecer. Cabe agregar que muchas universidades no toleran un proceso de sindicalización o agremiación docente y despiden a quienes lo intentan.

Por otro lado, según explica el docente Rafael, esta sobrecarga laboral y varias funciones administrativas han logrado impedir “que el docente haga un acompañamiento más cercano a la formación individual de cada estudiante, y lo ha impulsado a establecer estrategias en masa, no solo para la enseñanza sino para la evaluación. No es gratuito que ya muchos docentes saquemos las notas a punta de exposiciones, de actividades colectivas, porque el volumen no solo de estudiantes por grupos sino de actividades de docencia, extensión o investigación, termina siendo una carga bastante elevada en la parte del profesorado”. Todo esto merma la calidad de su trabajo y lo vuelve instrumental, lo hace dejar a un lado el análisis crítico, la reflexión, el cuestionamiento; ya no le provoca inspirar, debatir, hacer un seguimiento y calificación rigurosa de los trabajos, lo cual crea secuelas significativas en la vida de las y los docentes y en la formación de sus estudiantes.

En gran parte esto no es culpa de las y los docentes, puesto que esta problemática tiene su raíz en un sistema educativo empresarial y mercantilizado, que a partir de sus lógicas lleva a que los y las docentes tengan condiciones precarias, para que se enfoquen más en funciones operativas y mecánicas en vez de creadoras de pensamientos y conocimientos. Rafael manifiesta que “las instituciones universitarias han asumido al docente como una ficha más, incluso el docente a veces está muy amarrado a los proyectos institucionales. Ya no es el intelectual libre, que puede expresar lo que piense, no puede participar abiertamente en política. Entonces el docente se ve coartado en su libertad de expresión por temor a incomodar a las directivas y perder su trabajo, por ello uno termina a veces haciendo una labor muy solitaria, mecánica”.

Las condiciones laborales actuales en las universidades desde sus formas de contratación indignas y las labores que tiene que efectuar el docente para cumplir y mantener su contrato son inhumanas y han logrado que la docencia pierda la importancia, rigurosidad y compromiso de antaño. Ha vuelto al docente más mecánico y administrativo, le ha hecho perder su pasión por enseñar y crear conocimiento, y lo más preocupante es que está apagando su llama crítica, cuestionadora y ética.

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