Resistencia desde el Arte y Cultura en el Paro Nacional en Medellín

Por Víctor Andrés Muñoz Marín

Foto: Marcell Cano

El 28 de abril de 2021 distintos sectores populares, universitarios y centrales obreras invitaron a la población a participar del paro nacional. La idea era manifestar su descontento ante las reformas neoliberales como la tributaria y la reforma a la salud, que terminan de empobrecer y precarizar la calidad de vida de las y los colombianos, pauperizada históricamente por altos niveles de desempleo y de miseria que –situación agravada, además, por la pandemia del Covid-19– profundizó el índice de desigualdad social.

Lo que comenzó como un paro nacional se convirtió en un levantamiento popular y cultural, debido al acumulado histórico de los problemas estructurales y de las precarias condiciones materiales que vive Colombia. En Medellín, por ejemplo, las agremiaciones se vieron en la necesidad de generar asambleas populares en los barrios y en plazas públicas alrededor de ollas comunitarias y acciones artísticas culturales. Se ha buscado con ello tejer acciones colectivas, opiniones y propuestas en un pliego de exigencias que atienda los problemas de fondo que viven todos los sectores excluidos por la élite social y política.

De esta manera, el arte y la cultura han sido una esfera protagonista y persistente en las asambleas populares, movilizaciones y distintos plantones. “Ha sido un medio para lograr manifestar todas las inconformidades durante muchos años, con mensajes reflexivos que llegan desde el más niño al más adulto para evidenciar el verdadero sentido de estar presentes en el paro nacional”, explica Daniel, músico y veedor de procesos sociales de Medellín.

A un mes de paro nacional, el arte y la cultura se han encargado de llevar mensajes de manera crítica, acerca de la situación de desigualdad social que padecen las comunidades empobrecidas del país, la persecución política y la represión de la fuerza pública durante las manifestaciones. Con el muralismo, el teatro, la música, el performance, el clown, los títeres, el circo y la danza, las y los artistas en Medellín trenzan una memoria histórica distinta a la que muestran los medios elitistas de comunicación, desdibujando la manipulación discursiva que estigmatiza a las juventudes de “vándalos, vagos, guerrilleros y terroristas”.

Para apropiarse, resignificar y redescubrir los espacios públicos de la ciudad, en cada acción colectiva llevan mensajes de esperanza para la transformación social, en las asambleas barriales realizadas en las periferias, parques y plazas centrales donde el movimiento social se reúne. “Porque el arte puede ser una forma pacífica de resistencia y al mismo tiempo reivindica los espacios para dar peso y validez al camino de las protestas. Ya sea a través de pinturas o notas musicales, debemos aprender a mancomunar esfuerzos para que el proceso no genere más caos, sino que permita unirnos”, comenta Andrés, artista de la comuna 13.

Son mensajes de resistencia desde el accionar artístico durante el paro y dicho accionar ha sido coherente ética y políticamente en el momento de desnudar los procesos económicos neoliberales, el trasegar histórico de la ciudad y todas las fuerzas condicionantes de la vida humana. Jhon Mario Marin Davila, músico y clown, sostiene que, “el arte va más allá del encuentro para amenizar el ambiente. Porque somos anticapitalistas, antipatriarcales y antineoliberales, proponemos otras formas de accionar con relación a lo que sucede en el país y los territorios locales. Por ejemplo, desde el clown, que es la máscara más pequeña, no hago recreación, por el contrario, llevo un mensaje pedagógico para tener un cambio estructural del país”.

Y ante la incertidumbre por la violencia de las fuerzas policiales y militares, los artistas reconocen que en tiempos turbulentos y violentos de la cultura política en Colombia se hace necesario sacar los instrumentos musicales para dar vida y alegría a las revoluciones, protestas, reclamos y proyectos alternativos de vida, para fortalecer otras formas de aparecer y de existir en las calles y en los barrios. “Que el aparecer sea una expresión del ser de todas las diversas expresiones y organizaciones. Por eso es importante el arte para mostrar de forma alternativa el descontento, mucho más que el plano cartesiano derecha-izquierda, violento-no violento al que nos tienen acostumbrados, para mantener la fragmentación social. Por eso vale la pena aparecer y manifestarnos desde el arte”, explica Vanessa, sikuris del Valle de Aburrá.

Ahora bien, el despliegue de ESMAD -Escuadrón Móvil Anti Disturbios-, policía, militares y de civiles armados durante las manifestaciones, según la ONG Temblores, del 28 de abril al 21 de mayo han dejado un saldo de 21 víctimas de violencia sexual, 43 asesinatos, 1265 detenciones arbitrarias, 39 personas han sufrido agresión ocular, 2905 casos de violencia policial, además de cientos de desaparecidos en 27 días de paro nacional. Algunos cuerpos de detenidos arbitrariamente y de desaparecidos han sido encontrados sin vida en las vías de las ciudades y otros flotando en el río Cauca, ¿por qué los asesinan y desaparecen?

Esta realidad de hostigamiento y represión es difundida y denunciada en los escenarios públicos desde el arte, el mismo que alerta de la censura de la Policía, del Ejército nacional y la “gente de bien”, que borran murales cargados de denuncia en toda la ciudad, utilizados como mecanismo pedagógico e instrumento político para evidenciar todos aquellos fenómenos presentes en la sociedad que atentan contra quienes exigen vida digna.

Entre tanto, el arte se convierte en la reunión de prácticas y saberes culturales, para alzar la voz de los pueblos desde abajo, reivindicar la memoria colectiva y trenzar la cultura desde el aspecto material, reuniendo todas las subjetividades posibles. “Es una herramienta importante de transformación social, aportando al despertar de conciencia a nivel nacional. Ante un gobierno que ha manipulado a la población durante tanto tiempo, el arte y la cultura siguen firmes, mostrando desde sus inicios que los niños son la conexión con el futuro y los jóvenes seguimos aportando nuestro grano de arena para seguir caminando y transformando desde el corazón”, concluye el Rapero Ermitaño Mental.

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