Colombia: Cinismo y eufemismo

Por Raúl Eduardo Martínez

Imagen: Getty images

La canción “Don Palabras” (1996) del grupo mexicano Maldita vecindad y los hijos del quinto patio, grabada a mediados de la década del 80 del siglo anterior dice que “Cierto día Don Palabras me contó una extraña historia, de cómo nacen las cosas cada vez que uno las nombra”. Esto parece que lo entiende de forma perversa el Estado. En una mirada descuidada e inocente pareciera solo la práctica de mezclar nombres y conceptos “nuevos” o más que nuevos, de querer nombrar las cosas con palabras traídas de otros contextos o que tienen otros sentidos. En ello, sin embargo, lo que se esconde son las prácticas más perversas de la élite que gobierna contra el pueblo colombiano, queriendo por lo menos desde el nombre menguar las reacciones o generar confusiones.

No es solo una práctica del gobierno actual, sino que se ha instaurado por muchos años en Colombia: es el eufemismo como política. Esta práctica consiste en nombrar aberraciones, crímenes o leyes perjudiciales para el pueblo colombiano, con nombres que quieren mostrarlo como lo menos grave o incluso benéfico.

Pero vamos por partes. Comencemos por revisar qué es el eufemismo. Según la Real Academia Española de la Lengua es una “Manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante”. Esto se convirtió en la práctica permanente del gobierno nacional, de una dirigencia mentirosa que sabe que gobierna para unos pocos y que solo busca el beneficio de ellos mismos como clase dirigente; pero sabe que no lo puede decir abiertamente. Así, eso que llamamos eufemismo se convierte al mismo tiempo en cinismo.

Miremos algunos ejemplos de esto que decimos. El más nombrado en los últimos 20 años, en medio de la guerra, es lo que en Colombia se ha llamado como Falso positivo. Es la práctica de asesinar civiles por parte de agentes del Estado, fundamentalmente el Ejército, y hacerlos pasar por combatientes de la guerrilla caídos en combate. Esta práctica es tomada de lo que hizo el Ejército de Estados Unidos en la guerra de Vietnam, en lo que llamaban “conteo de cuerpos” (body count). Tanto en Vietnam como en Colombia la política del asesinato de los civiles para contarlos como combatientes buscaba inflar las cifras de “enemigos muertos” para dar la sensación de que se estaba ganando la guerra.

Además, en Colombia se buscaba la estigmatización de los jóvenes de algunas zonas del país. A estas prácticas, en la segunda mitad del siglo XX, se les llamaba Terrorismo de Estado y con esto se denunciaba claramente los atropellos que éste cometía contra la gente. Por supuesto, detrás de esos crímenes había responsables, pero al nombrarlos como falsos positivos se pierde el responsable. ¿Quién es? ¿qué es un falso positivo? No se sabe, o por lo menos, se tuvo que insistir muchos años en explicarle al país que eso era un eufemismo y que ocultaba desde el mismo nombre a los responsables, al mismo Estado.

El gobierno creó todo un aparato de propaganda militar estatal, tomando como ejemplo lo realizado por la propaganda nazi, para instaurar en el país todas estas políticas desde la manipulación de la comunicación. En este mismo período de la guerra durante el gobierno de Álvaro Uribe a los desplazados por la violencia, campesinos pobres expulsados a la fuerza de sus casas y territorios, por medio de asesinatos o bajo amenaza, se les llamaba “migrantes”, con lo cual se ocultaba de nuevo la práctica del destierro de las comunidades a manos de agentes estatales o paraestatales; también se ocultaban las intenciones políticas y económicas de ese mismo desplazamiento y los responsables de esto. Incluso el mismo nombre de grupos “paramilitares” oculta que es una política instaurada por el Estado que crea un Ejército “legal” y otro “ilegal” para asesinar y lograr sus intereses propios de cualquier forma.

Miremos algunos ejemplos más recientes. Si algo ha reforzado este paro es la evidencia del descaro y el cinismo del gobierno. Lo primero que aparece acá es lo que detonó el estallido social, la indignación y la protesta del país en conjunto: la Reforma Tributaria propuesta por el gobierno del presidente Duque, a la que le dieron el nombre eufemístico de “Ley de Solidaridad Sostenible”. El pueblo desesperado, desesperanzado, indignado, porque bajo este bello nombre le iban a terminar de hacer la vida imposible económicamente, se volcó a las calles hasta que se cayó esa propuesta.

Las noticias y las formas de nombrarlas contienen profundas intenciones políticas. Así, en Colombia a los jóvenes asesinados por el Estado (con civiles o uniformados) en las protestas los presentan en los noticieros y los informes oficiales como si fueran “personas que resultaron muertas en las jornadas de protesta”. A los desaparecidos en medio de las protestas los nombran como “Personas no localizadas”. De nuevo, ¿quién los mató o los desapareció? ¿Por qué no se nombra el actor en la noticia cuando es el Estado el responsable? De igual manera se le llama hoy “Asistencia militar” a la militarización de la ciudad para reprimir la protesta y a las masacres se les llama “Asesinatos colectivos” como estrategia para minimizar su impacto.

Esta lista de ejemplos es muy larga. No terminaríamos nunca de nombrar todos aquellos eufemismos a los que cínicamente recurre el establecimiento y la élite dominante para minimizar o negar o normalizar sus actos contra el pueblo. Que somos el país más feliz del mundo, parece un eufemismo, pero no lo es, es una cruel mentira. Cuando el eufemismo se vuelve cultura, es la cultura del engaño, de la trampa y la manipulación. Es hacer las cosas sin nombrarlas o darles un nombre “bonito”. Ahora recuerdo que siempre escuché un dicho que decía que no se puede perfumar un bollo (de mierda), eso es lo que intenta a diario el gobierno: hacernos tragar un bollo perfumado. Esta práctica del eufemismo se convierte en el cinismo total y trata de ocultar desde el nombre lo perjudicial que puede ser o lo delictivo que ya es algo. No se le puede creer al gobierno ni aceptar sus eufemismos intencionalmente construidos, y esto sí debe ser una política del pueblo.

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