Procesos de independencia en Colombia

Por Dúber Mary Restrepo

Batalla de Boyaca, Pintura de Martín Tovar y Tovar

Introducción

Cuando se le pregunta a alguien por la fecha de independencia de Colombia, generalmente la respuesta es: 20 de julio de 1810, la de fácil recordación y más enseñada de generación en generación por quienes han ostentado el poder desde Bogotá, el centro político del país, en su momento Virreinato del Nuevo Reino de Granada. La otra independencia, la independencia militar del 7 de agosto de 1819, ha estado en un segundo plano; ambas se han entrecruzado en el recuerdo, comenzando con el pueblo de a pie; hasta los empleados públicos ante las preguntas de los periodistas o en sus discursos conmemorativos hacen referencias vagas de la una y de la otra. Confusión explicable porque anualmente ambas efemérides (20 de julio – 7 de agosto) están separadas por 18 días de diferencia.

Si bien las dos fechas son relevantes y tienen que ver con el mismo proceso independentista de principios del siglo XIX, es importante destacar otros procesos relacionados con los aspectos económicos, sociales y culturales que contribuyeron a consolidar esa independencia de España y a construir una identidad nacional. La historia de una nación está constituida por los sucesos de la cotidianidad que se van entrelazando y a su vez hacen parte de procesos de corta y larga duración; algunos trascienden el día a día por sus implicaciones para una sociedad y son destacados por una élite a la que le interesa justificar su proceder; también porque son fácilmente identificables en el espacio y tiempo, constituyéndose en hitos históricos o anecdóticos diferenciadores y de fácil recordación: por ejemplo, el florero de Llorente y la batalla de Boyacá. Otros procesos históricos no son evidentes en la inmediatez porque se van nutriendo con los aportes de generación en generación y se encuentran reflejados en las múltiples expresiones culturales y en las diferentes dinámicas sociales que hacen parte de la construcción de un ideario de nación.

Procesos de independencia económica y cultural

La emancipación económica del sistema colonialista de España requirió de mayor tiempo para Colombia y se fue dando en la misma medida que el mundo fue transitando al sistema económico capitalista que rige al planeta hasta el día de hoy, encarnado en las imposiciones imperialistas de Estados Unidos, ante las cuales nuestros gobernantes se someten de forma humillante y escandalosa. En cuanto a la independencia cultural, ese proceso igualmente ha sido largo y confuso; aún no se ha consolidado y ha ido de la mano con los intereses de dominación estadounidense, quienes también pretenden, al igual que España en su momento, imponer su idioma y sobrevalorar su forma de vida de tal manera que menospreciemos nuestros orígenes, sociedad y cultura, para lograr con ello el desprendimiento fácil de nuestras riquezas. Poco a poco hemos adoptado fechas comerciales estadounidenses ajenas a nuestras tradiciones como, por ejemplo, el Día de San Valentín, Santa Claus y su decoración invernal aunque somos un país tropical; así mismo en la práctica cotidiana usamos la denominación “Americano” para ensalzar y diferenciar los productos y personas oriundas de Estados Unidos con respecto a la de otros países del mismo continente, negando con ello nuestra americanidad, ni qué decir de los nombres en inglés puestos a establecimientos comerciales o a todo aquello a lo que se le quiere dar estatus, entre muchas otras sutilezas.

Los procesos de independencia económica, social y cultural de Colombia no tuvieron hechos y fechas tan destacados históricamente ni fueron tan contundentes que marcaran una ruptura clara para ser celebrados en una fecha específica. Tal vez porque estos procesos tenían una estrecha relación con los intereses de la clase social emergente, la burguesía criolla, compuesta por los hijos de españoles nacidos en América, intereses que estaban por encima de los beneficios concretos que reclamaba y necesitaba el pueblo variopinto, es decir, los indígenas, negros, mestizos, zambos, mulatos y otras clasificaciones más que fueron utilizadas para dosificar o negar derechos y para separar la plebe de la clase social de alta alcurnia. En esta dirección estaban encaminados hasta hace poco tiempo las conmemoraciones de “El día de la raza” y “El día del idioma”, utilizados para elogiar a la “Madre Patria” española por habernos regalado la raza (blanca), el idioma (castellano) y la religión (católica), desconociendo los aportes de los pueblos originarios y afrodescendientes. En la actualidad se está debatiendo esta postura y han surgido otras propuestas de análisis que invitan a la reflexión crítica sobre los procesos de descubrimiento y conquista, además del legado sociocultural aportado por los pueblos involucrados en ello, así como los diferentes procesos que contribuyeron a su independencia.

Procesos de independencia iconográfica

La representación iconográfica es tan relevante como las gestas militares para las personas, instituciones o estructuras político-económicas que ostentan el poder porque representan una autoridad validada desde las imágenes con las que pretenden simbólicamente ocultar su oprobioso actuar. En algunos municipios, particularmente donde la mayoría de la población tiene una clara identidad con los pueblos originarios o afrodescendientes, sus monumentos hacen referencia en gran medida a sus reivindicaciones, no así en otros donde la dominación del territorio se realizó con la muerte o subyugación de los primeros habitantes y por medio de un sistema de producción esclavista. Por ejemplo, llama la atención lo sucedido en Cali, no tanto por el hecho de que el pueblo Misak derribara la estatua de Sebastián de Belalcázar, sino por la represión armada que el Estado desplegó para defender una figura que representa a los “próceres” de una burguesía rancia que insiste en tenerlas en esos lugares y que aún se ciñe a una historia eurocentrista, mientras las víctimas no han sido escuchadas en sus solicitudes razonadas de retirar la imagen de quien representa para ellos un homicida, usurpador y esclavista; ante ello se dieron hechos de facto en busca de un revisionismo histórico.

Derribar este tipo de monumentos, en palabras de la activista mapuche Moira Millán (Argentina), “es una manera de tirar ideologías opresoras, de descolonizar los territorios. Es decirle no a honrar la imagen de los próceres y a sus legados racistas y criminales. Es la metáfora de los tiempos que se vienen donde hay necesidad de un revisionismo histórico”, de la historia oficial, fenómeno que se consolida y recorre el continente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s