Cuba…

Lo que la prensa alineada jamás dirá

Por: Roboán Rodríguez Carrera

magen: teveo.cu. Cuba en África-Agostinho Neto y Fidel (Angola)

“Patria es humanidad”, vibró al tono de rebeldía la voz del poeta. José Martí nació en Cuba, y murió por la independencia de Cuba. Su poesía libertaria brota como fuego que amalgama la razón y la emoción en una sola flama. Su palabra ofrece lógica al entendimiento, y sentido irrevocable al objetivo humanitario de la solidaridad internacionalista.

El ideal de los derechos humanos de llegar algún día al alcance de todos, se sostienen en esta visión de hermandad global. Patria; mi tierra, mi hogar; no puede ser únicamente una limitada geografía dentro del inmenso mural de diversidad cultural. Patria no es un sustantivo que nos sustraiga del resto del mundo. Patria no es una herencia del pasado, ni un atributo de la personalidad jurídica del ciudadano.

Patria eres tú, ellos, nosotros y ustedes conviviendo y construyendo día a día cultura, historia y sociedad. Todos y todas; blancos, negros, mulatos, criollos, mestizos y zambos. Latinas, germanas, orientales y árabes. Para poder apreciar la esencia de la condición humana es necesario sobrepasar los prejuicios doctrinarios del racismo, clasismo, nacionalismo y muchos otros “ismos” que sin sustento alguno pregonan la inferioridad de unos para fundamentar la dominación otros.

Hablar de un país cuya historia enmarca el advenimiento de un pensamiento revolucionario sin precedentes, presupone un despliegue de opiniones divergentes, e incluso contrarias. Declararse a favor o en contra de un complejo proceso sociocultural y económico –como lo es la Revolución cubana–, requiere, necesariamente, de un análisis minucioso que supere las superficialidades mediáticas tendenciosas y extrapoladas.

Lo anterior resulta más interesante cuando nos adentramos en los principios y valores que desea promover la “Revolución cubana”, los cuales, evidentemente, no coinciden con los sostenidos por el modelo mundial preponderante de consumismo individualista y sobrexplotación de recursos.

Los acontecimientos presenciados el pasado 11 de julio en la capital de la isla caribeña, y que rápidamente se extendieron a 6 de las 14 provincias de la isla, han sido catalogados como estallidos sociales de inconformidad por parte de un sector de la sociedad cubana, principalmente jóvenes. Gran error sería ocultar las necesidades que la población misma expone como prioritarias.

A diferencia de lo que muchos imaginan, la Revolución cubana no es concepto estático e inamovible, anclado al pasado por una fecha conmemorativa (01 de enero de 1959). La Revolución cubana es un proceso dinámico y continuo de reconstrucción social, que evoluciona sin cesar en función de dos dimensiones de igual importancia: Por un lado, las condiciones internas de su propia estructura social; y, por otro lado, las condiciones externas que resultan, principalmente, de la interacción de fuerzas sociopolíticas tanto de solidaridad internacional como de las sanciones impuestas por los distintos gobiernos de los Estados Unidos de América.

En este orden de ideas, al igual que cualquier otro país, el desarrollo de Cuba como nación soberana se encuentra determinado por las condiciones internas de su propia dinámica y organización social, así como por las medidas y restricciones de índole internacional. Por ello, para estar en posición de emitir un juicio ante los acontecimientos recientemente ocurridos en la Isla, debemos, pues, darnos el tiempo para conjuntar y comprender el mayor número de elementos posibles de naturaleza local e internacional, de los cuales depende la realidad actual de la República de Cuba.

Adicionado a esto, señalo que la “Prensa Alineada” es aquella que promueve y protege los intereses del modelo neoliberal que mencioné en líneas anteriores. Ésta no intenta dilucidar los múltiples lados de una realidad sociopolítica; su objetivo es desacreditar, desinformar y debilitar todo ejemplo de organización social que se oponga a los dictámenes de los Estados conocidos como superpotencias.

Nadie puede negar que la manipulación mediática sea una herramienta infalible para el control de la conciencia social. Para quienes hemos presenciado el apoyo internacionalista que Cuba ha brindado a los pueblos empobrecidos y oprimidos del llamado “Tercer Mundo”, es un deber fundamental aportar al debate un poco de aquella información que ningún medio alineado jamás difundirá sobre Cuba.

Actuando paralelamente al sistema mundial de la prensa alineada, los sistemas educativos ortodoxos complementan esta misma misión. Nuestras juventudes estudiantiles poco, o casi nada, estudian sobre la historia de los pueblos marginados y empobrecidos; los del Sur; los de abajo; los del “Tercer Mundo”. Muy poco se enseña esta ciencia que es la madre de las ciencias políticas. La razón es clara: El conocimiento de la historia propia y la de los pueblos del mundo genera conciencia política, y ésta, a su vez, produce indignación y justa rebeldía.

Entrando en materia, como primer paso invito a reflexionar sobre los estragos devastadores que ha ocasionado, y sigue ocasionando hasta el día de hoy, el injustificable bloqueo económico impuesto al pueblo de Cuba por el gobierno de los Estados Unidos. Una medida desaprobada por la gran mayoría de los países miembros de la ONU (187 países en contra del bloqueo; Estados Unidos, Israel y Brasil a favor; Ucrania y Colombia como abstención).

En sus seis décadas de imposición, esta guerra económica contra Cuba, representada por el bloqueo, ha generado daños acumulados que ascienden a la exorbitante cifra de un billón 98 mil 8 millones de dólares (US$1.098.008.000.000).

A pesar de esta incesante presión económica y militar por parte del gobierno de los Estados Unidos, el pueblo cubano ha realizado una de las epopeyas más impresionantes en la historia de la humanidad: contribuir directamente en la liberación del continente africano.

Por esto mismo, no debemos olvidar que entre el 15 de noviembre de 1884 y el 26 de febrero de 1885, trece países europeos junto con los Estados Unidos celebraron la conocida “Conferencia de Berlín”, en la que prácticamente se dividieron el dominio del continente africano, como si fueran rebanas de un codiciado pastel de incalculables riquezas naturales. Ni un solo representante africano asistió a tal “prestigiosa” repartición. Simplemente se sintieron con el derecho divino de adueñarse, explotar y mutilar todo cuanta su rebanada abarcó.

Esa era el África colonizada a la que la Revolución cubana decidió apoyar. A lo largo de la isla caribeña se puede leer en pintas y murales urbanos un emotivo mensaje: “No damos lo que nos sobra, compartimos lo que tenemos”.

Más allá del apoyo moral y político, Cuba desplegó combatientes y todo tipo de recursos militares, diplomáticos, técnicos, médicos y educativos para contribuir solidariamente en las luchas de independencia del África colonizada de los años sesenta. Durante más de tres décadas 450,000 cubanos participaron heroicamente en la liberación del continente africano.

Desde el combate armado, hasta la intervención médica, Cuba siempre mantuvo su firme postura anticolonialista. Definitivamente, esto cambió el curso de la historia de todo un continente hasta entonces devorado por el colonialismo europeo y el racismo del apartheid.

A este punto, resulta conducente compartir las palabras atinadas del compañero Eduardo Galeano; como pocas, ellas describen con sencillez y amplitud el corazón de una revolución que llegó para dejar huella indeleble en las páginas de la historia: “Lo que molesta de Cuba no son los errores de la revolución, que los hubo y los hay. Lo que realmente no pueden soportar es que un país pobre y chiquito no se doblegue ante el Imperio”.

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