Haití: país de extremos contrastes

Por Dúber Mary Restrepo

Foto: Tomada de dw.com

Entre un grupo de islas ubicadas en Centroamérica, que forman una barrera separando el océano Atlántico del golfo de México y el mar Caribe, se encuentra una isla en particular, que está dividida en dos países: República de Haití y República Dominicana. La Española, nombre dado a dicha isla, fue el primer asentamiento español en el “Nuevo Mundo” y trampolín para siguientes expediciones, siendo rápidamente descuidada por los encantos y grandes tesoros fácilmente expropiables que encontraron en tierra continental, quedando expuesta a corsarios ingleses y franceses; estos últimos lograron apropiarse del lado occidental de la isla (hoy República de Haití), firmando un tratado con los españoles, quienes se asentaron en el lado oriental de la isla (hoy República Dominicana).

Los primeros habitantes de la República de Haití fueron los pueblos nativos del Abya Yala, quienes rápidamente fueron exterminados por los españoles tras el desembarco en sus playas en 1492. Fue repoblada por afrodescendientes llevados por los franceses dentro de una economía esclavista de plantaciones durante el siglo XVIII. Actualmente, la mayoría de los haitianos son de ascendencia africana y unos pocos son descendientes de europeos y mestizos. El idioma oficial es el francés, usado para los trámites del Estado, y en la cotidianidad hablan el criollo haitiano que es una mezcla de francés, inglés, lengua española y lenguas africanas.

Oficialmente son católicos, pero en las prácticas diarias manejan un sincretismo religioso con el vudú de origen africano. Su frágil economía está basada en una agricultura de subsistencia en un territorio cada vez más deforestado y estéril, a consecuencia de una población que tiene como única fuente energética la leña y la madera, manteniendo con ello el círculo de precariedad al que lleva un sistema económico capitalista que no permite a los sectores pobres de la cadena productiva superar sus necesidades básicas y de desarrollo sostenible.

En 1804, Haití ingresó a la historia latinoamericana por ser el primer país en alcanzar su independencia. Un pueblo que abrevó en los idearios de libertad e igualdad promulgados por los franceses en su revolución de 1789, rápidamente se dio cuenta que estos no eran extendidos a las colonias francesas, sin embargo ello no impidió que fueran en pro de los mismos. Las cruentas luchas dejaron importantes pérdidas humanas y económicas que, sumadas a la radical postura contra los blancos radicados en Haití, pusieron a la nueva república en condición desventajosa para obtener dicho reconocimiento por parte de otras naciones, con todo lo que ello implica dentro de las relaciones económicas y políticas internacionales que veían en ello “el mal ejemplo”. Es así que se vieron abocados a pagarle a Francia una cuantiosa indemnización que se extendió por mucho tiempo y que culminó en1945.

Durante el siglo XIX, fue fuente de inspiración y apoyo a las gestas de independencia continentales, entre ellas la liderada por Simón Bolívar, con la principal condición de abolir la esclavitud de los afrodescendientes, condición que no se cumplió y se hizo efectiva sólo cuando ya ese sistema económico estaba en decadencia. Las constantes divisiones internas con respecto al tipo de gobierno y al manejo de la economía han posibilitado que en Haití se den desde dictaduras, gobiernos militares y civiles hasta democracias manipuladas desde el exterior, particularmente por Estados Unidos. Si bien se calcula que el 40% de su economía proviene de ayudas extranjeras, estas mismas quedan diluidas en una cantidad escandalosa de ONGs que operan allí y hacen de intermediarias, de tal manera que mantienen a su población en un estado de sometimiento que favorece a los intereses externos y promueve muy poco un desarrollo equitativo.

Actualmente la situación de Haití ha conllevado a que sea considerado un Estado fallido, ante lo cual surge la pregunta sobre el interés de Estados Unidos en ese país al actuar tan disimuladamente con su aparente no injerencia, para al final intervenirlo como acostumbra a hacerlo. Pero asombra más que mercenarios colombianos consideraran tener el grado de impunidad con que han contado históricamente en nuestro país frente a los magnicidios cometidos, como para asesinar al presidente de Haití y salir impunes, confiados en la reconocida corrupción que allí se vive. Al parecer no es tanto comparada con la de los políticos que hoy nos gobiernan, los mismos que se ven reflejados en la actitud adoptada ante tan terribles hechos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s