¿Qué está pasando en Colombia con los derechos de asociación y libertad sindical?

Por José Alfonso Ibáñez

Imagen tomada de periodicoopcion.com

En Colombia solo se inició el proceso de industrialización al concluir el siglo XIX; es decir, antes de comenzar el siglo XX no se puede hablar de movimiento obrero propiamente dicho, pues el desarrollo industrial era escaso, lo que no permitió la formación del proletariado. A ello se sumaba que la Constitución de 1886 establecía graves restricciones al derecho de asociación.

En el país no existía una reglamentación del trabajo que protegiera a los asalariados de las empresas industriales, conllevando al irrespeto cotidiano de los más elementales derechos. El trabajo humano subordinado solo se encontraba regulado en el Código Civil bajo el título de “arrendamiento de criados domésticos”.

Es así que hasta la finalización del siglo XIX en Colombia no se había constituido un movimiento obrero que tuviera esa connotación y la actividad artesanal predominaba sobre la industrial como tal.

En los primeros años del siglo XX, a pesar de caracterizarse por la agitación de algunas ideas de orden social y político, la organización sindical aún no despegaba, ni siquiera la palabra “sindicato” era utilizada; solo se reunían “asociaciones” y no se perseguía con esto fines “reivindicativos”, sino simple “ayuda mutua”. En 1918 tuvo lugar uno de los primeros movimientos huelguísticos: los trabajadores de los puertos de Cartagena, Barranquilla y Santa Marta suspendieron actividades en demanda de mejores salarios.

En 1919 se creó el Sindicato Central Obrero y en el mismo año los trabajadores del ferrocarril de Girardot realizaron una huelga. Sin embargo, los movimientos huelguísticos más connotados solo se presentaron en las compañías norteamericanas: en la petrolera Tropical Oil Company, en 1924 y 1927, y en la bananera United Fruit Company, en 1928, en el Magdalena, En esta última, al ponerse la fuerza pública al servicio de la compañía, se produjo la masacre de miles de obreros colombianos, evento histórico conocido como la “masacre de las bananeras”.

Estos son algunos de los episodios históricos que hablan de las grandes dificultades para la vigencia y ejercicio de los derechos de asociación y libertad sindical en nuestro país. Su práctica se ha constituido, en el actual contexto sociolaboral, en un riesgo, en una actividad que genera inseguridad, persecución y estigmatización a los trabajadores que se movilizan colectivamente por sus derechos sociales, económicos y culturales, conculcados o desconocidos en ciertas ocasiones; se ha atentado permanentemente contra la integridad física de los líderes e integrantes de estas organizaciones (hay reportes de las centrales de trabajadores y defensores de derechos humanos que hablan que desde la década de los 80 del siglo pasado se han asesinado más de 2800 sindicalistas, convirtiéndose Colombia en el país más peligroso del mundo para luchar por derechos laborales) y se han limitado sus posibilidades para desplegar iniciativas de organización y protesta. Esta situación se acentúa especialmente en el periodo marcado por el ascenso y consolidación del modelo neoliberal, el cual se caracteriza en las relaciones laborales por la tercerización, la precariedad y la flexibilización.

El caso de los trabajadores del tabaco

La situación descrita se agrava en algunos sectores de la producción, por razones de distinta naturaleza, tales como el cultivo del tabaco y la producción de cigarrillos con el cierre intempestivo de plantas productivas por parte de las empresas multinacionales British American Tobacco y la Philip Morris Internacional. Esta acción desarrollada es un claro ejemplo de esta realidad, puesto que se atenta contra los derechos de asociación y libertad sindical a pesar de que estos derechos son considerados como derechos fundamentales y se encuentran consagrados en los Convenios Internacionales de la OIT 87y 98 y elevados a esa categoría en la Constitución Política colombiana en su artículo 39, pues la finalidad de los sindicatos es la de brindar protección y beneficios a sus asociados a través de las distintas organizaciones gremiales.

En conclusión, en la actualidad podemos afirmar que las organizaciones sindicales son víctimas, y en el marco general del país, con tendencia a desaparecer en el tiempo producto de las políticas antiobreras que se practican aupadas desde el Estado con el apoyo a la flexibilización laboral, a las actuales modalidades de contratación, los despidos injustos, las desapariciones forzadas, los exilios y encarcelamientos con montajes conocidos popularmente como falsos positivos.

Pero el neoliberalismo y el crimen no se perpetuarán, y de ello nos encargaremos los trabajadores y el pueblo en general.

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