Miedos latentes, cuerpos en tensión

Cuerpos con latente miedo de ser atacados, perseguidos y violentados, cuerpos catalogados de débiles por los y las demás; cuerpos que se imponen sobre otros porque la sociedad y la cultura les hizo creer que son dueños de estos, pero lo cierto es que son igual o más frágiles que aquellos a quienes atacan y oprimen.

Por Paula Andrea Lainez Soto – Jhon Mario Marín Dávila

Ilustración por: Molly Mendoza

¿Tú que sientes cuando sales a la calle?

Ella intenta mantener su cabeza levantada, siente cómo los músculos de su cuello se tensionan, suda frío y acelera su caminar cada vez más; trata de no hacer contacto visual con nadie, pero tampoco quiere que se den cuenta de lo que está sucediendo, desea que la vean valiente y fuerte.

Se pone los audífonos sin sonido para que nadie la moleste y para que crean que está escuchando música. Siempre que tiene la oportunidad de ver su reflejo lo hace; la gente cree que es por vanidosa, pero lo cierto es que lo hace para cerciorarse de que no la sigan.

Mantiene sus manos empuñadas, tensionadas y sudorosas dentro de los bolsillos de su saco y en una de sus manos lleva empuñada la llave de su casa por si sucede algo; evita lugares solos y poco iluminados, además de no pasar por las aceras y hacerlo por la calle.

Unos metros más adelante se percata que hay un grupo de hombres, sus piernas tambalean, pero ella frunce el ceño, decide cambiarse para la acera del frente y evitar que la acosen; sin embargo, nada de esto funciona, aquellos hombres no demoran en gritarle desde el otro lado:

– Uy mamita, solo es que me diga adónde va y la acompaño –. Mientras otro le dice: –¿Por qué tan bravita? Venga le doy un cariñito reina.

– ¡Cerdos asquerosos! – les grita desde lejos, con valor y fuerza.

– ¡Esta perra, contestona! Le hace falta un macho para que le enseñe a respetar, ya no se les puede decir nada a las niñas hoy en día.

Ella acelera más el paso, su corazón se agita, nota que su respiración empieza a faltar, siente asco y solo desea llegar pronto a casa. En su cabeza celebra porque está muy cerca, a solo unas cuadras.

Para y espera que los carros le permitan cruzar; cuando esto sucede, se percata que el carro que le dio paso va al mismo ritmo de su caminada, eso la alerta y de forma disimulada aprieta mucho más fuerte su puño y sujeta con firmeza la llave, organiza los audífonos e intenta controlar el miedo que invade su cuerpo, para mostrarse fuerte y fría. De inmediato, el vidrio de la ventana del carro se baja y se asoma un hombre diciéndole, con mirada morbosa: “¿A dónde vas?, yo puedo llevarte”.

Ella intenta hacer caso omiso, para que la persona crea que no la escuchó. Sin embargo, el hombre insiste y al ver que no obtiene respuesta alguna, le grita desde su ventana: “¡Maldita vieja!”

Ella suspira profundo y suelta el aire, siente el cansancio sobre su cuerpo, pero sabe que no es por la distancia recorrida sino por todas las desagradables experiencias que ha tenido que vivir en el trayecto del camino hacia su casa. Cuando ya está en la acera de su casa, Sara se relaja un poco. Pero su tranquilidad desaparece cuando escucha a sus espaldas una voz que le dice: “¡Qué rico se le ve ese culo con esa sudadera!” Ella mira de reojo y observa a un hombre recostado en la pared.

Sara ingresa a su casa corriendo y muerta de susto, su padre la recibe y la abraza. Ella, con la respiración acelerada, lo mira a los ojos y le pregunta: papi ¿tú que sientes cuando sales a la calle?

¡No dé papaya!

Entro a uno de tantos barrios del Valle de Aburrá, en el cual no nací ni he vivido, solo llego a compartir la palabra con una compañera. Luego de caminar unas cuadras, mi cuerpo pasa de la tranquilidad a tensionar todos sus músculos, producto de las miradas de distintos lugares y casas que empiezan a mirarme de arriba abajo; ya ni sé cómo caminar, pero levanto la vista y solo puedo ver algunas caras con las cejas fruncidas y los ojos un poco más cerrados de lo habitual que no me dejan de mirar; empiezo a sentir un frío por mi cuerpo mientras agacho mi cabeza y continúo el camino.

Más adelante me frena un hombre y con voz pausada y tono agresivo, me dice: 

– ¿Chinga, de dónde es usted?

– Vivo en un municipio del norte -se me acelera el corazón.

– ¿Qué está haciendo por acá?

–  Visitando una amiga – respondo con voz entrecortada y las manos sudando frío.

– ¿No serás un informante de la Policía o de otro combo?

– No.

– Más le vale parcero y no te quiero ver por el barrio –y agrega–: Le doy un consejo gratis, no busque males sin necesidad, ¡no dé papaya!

Sus ojos no dejan de mirarme. Me siento perdido, quedo estático y lo único que pienso es salir corriendo, pero el miedo no me deja. Este momento de pánico y lento, porque el tiempo no avanza, se desvanece con una voz que dice:

– Deje al parcero sano que yo lo conozco – de inmediato descargo un suspiro porque es la voz de mi amiga.

Voz que sentí como la gloria porque tras ella este hombre se va. Muy asustado, con dolor de cabeza, le digo a mi amiga que mejor me voy, que no quiero problemas, y entre risas me dice:

– Venga y toma algo en la casa y yo lo acompaño en la salida, porque ya conmigo, que soy del barrio, no le hacen nada.

Luego de salir del barrio, me dirijo para mi casa, supuestamente a un lugar donde no soy tan desconocido. En el camino empiezo a acelerar los pasos para mitigar el miedo, en este caso no por las miradas o que me interroguen, sino porque no puedo dar papaya para que no me roben y hagan daño, pues el barrio tiene fama de ser inseguro, aunque haya “seguridad” legal e ilegal.

Miro para todos lados mientras camino, mientras se me alborota la gastritis; es de noche y cualquier moto o persona que me pasa me aumentan el estrés y la desconfianza. Con mi cuerpo cansado y tensionado de caminar y sentirme nervioso por las dinámicas de los barrios, no veo la hora de llegar y entrar a mi casa, y con desesperanza decirme en voz baja: otro día más que sobrevivo.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s