Hágame el favor que solo es un requisito

El conocimiento fue atrapado por la mediocridad y la corrupción tanto de las y los que mandan hacer su tesis o un trabajo académico como quienes lo hacen; se volvió algo que no tiene importancia y pasó a ser solo un requisito para la graduación, ya no importa sentir y pensar para tejer conocimientos, sino graduarse para tener un estatus y trabajo.

Por Jhon Mario Marín Dávila

Imagen tomada de: BUDAPESTBEACON

Andrés era un estudiante inquieto con la investigación, la educación, el trabajo en los territorios y quería llevar su praxis a un ámbito ético y político; no bajo los mecanismos de extracción para suplir intereses individuales o comerciales, sino desde la perspectiva crítica y utópica de la transformación social. Cuando cursaba el pregrado en la universidad, tuvo que trabajar y estudiar; en un momento la vida lo llevó a escoger entre estudiar o trabajar y él, con miedo por lo que pasara luego, optó por estudiar y rebuscarse la plata en el poco tiempo que le quedaba.

“Esta decisión repercutió con fuerza en mi vida -comenta Andrés-. Me tocó aguantar hambre, humillaciones, que me echaran de la casa porque no daba una cuota económica, que me estigmatizaran y tacharan de “guerrillero” por mantenerme metido en una biblioteca y haciendo procesos de educación popular en los territorios y que me amenazaran por el activismo en el movimiento estudiantil y social”. A pesar de todo, se graduó con su postura ética, política y crítica ante los sistemas de opresión capitalista, colonial y patriarcal.

Incluso realizó publicaciones investigativas, un conglomerado de ponencias y, de alguna manera, se hizo visible a los ojos de muchas personas de la universidad. Por esto, mientras consigue un trabajo, hace asesorías sobre investigación y sistematización de experiencias, desde un aporte voluntario que muchas veces no le reconocen. “En estos trabajos que asesoro puedo ver cómo las y los docentes ni siquiera se fijan en la coherencia epistemológica, la rigurosidad científica, la redacción, entre otros asuntos propios de la academia; sospecho que las y los docentes ya no se preocupan por buenos trabajos, sino por cumplir con los indicadores de la universidad, al punto de que no leen los trabajos o los leen solo por encima”, cuestiona Andrés.

Algunas personas se han acercado a él más allá de la asesoría, a hacerle la propuesta de que les elabore la tesis de pregrado completa, le preguntan cuánto cobra, si les puede cobrar barato. Y lo tranquilizan diciéndole que no son la o el único que manda hacer la tesis y que las tesis y los trabajos solo son un requisito de la universidad que no sirve para mucho apenas se gradúen. Y él, efectivamente, sabe que quienes le proponen este negocio no son las únicas personas de las universidades que buscan que les hagan el trabajo de grado, sino que son centenares e incluso muchas y muchos estudiaron con él. Sabe también que muchos en su posición han encontrado en esto la posibilidad de hacer un dinero para sobrevivir sin importar dejar a un lado su ética.

“Quienes menos hacen ya están trabajando -le dicen a Andrés algunos de quienes lo incitan para que les haga el trabajo-; en cambio usted, por ético y por tener una postura crítica, está sin trabajo”. Andrés sabe que le están hablando de algunas y algunos estudiantes que pagaron a otras y otros para que les hicieran su tesis, que ya tienen muy buenos trabajos, incluso trabajan con comunidades indígenas, campesinas y demás. En fin, que tienen empleos muy bien remunerados.

Muchas veces, las y los compañeros le proponen a Andrés que les haga sus tesis o trabajos académicos, recordándole que está desempleado, como suponiendo que por eso se va a dejar corromper. “Me indigna y me da rabia, por eso las y los mando al carajo, pues la propuesta precisamente va contra mi sentido ético, crítico, político y personal de un compromiso social. Incluso les digo que no me vuelvan a buscar para esos asuntos para no tener que denunciarlos ante la Universidad, pues una cosa es brindarles una asesoría seria y otra hacerles el trabajo”, enfatiza Andrés.

Andrés ha comentado esto con sus círculos de amigas y amigos y manifiesta que entre las conversas se cuentan que “por boca propia de profesionales nos damos cuenta que realizan tesis de maestría, escudándose en que son trabajadores con necesidad como muchos y muchas que hacen esta actividad, que trabajan independientes, aunque algunos realmente trabajaban para algún “científico social” haciéndole estos trabajos de grados y reciben un sueldo mensual y al mes realizan aproximadamente 10 tesis. Dicen que cuando no les llevaban la información o datos necesarios, se los inventan o parafrasean otros trabajos de grados ya hechos”. Andrés continúa: “También nos enteramos de casos de estudiantes que les pagan a personas para que asistan por ellos a las clases virtuales, aprovechando que en lo virtual no necesitan ni foto ni cámara, y beneficiándose con la excusa de que no tienen las condiciones de conectividad. Son casos muy parecidos a los de centenares de estudiantes que pagan por hacer los trabajos”.

Andrés reconoce que se siente muy decepcionado y triste por toda esta situación que pasa en la academia y todo el país. Que sean solo estas “ofertas laborales” las que ha recibido después de graduarse confirma que este país es muy corrupto, abunda la mediocridad, es desigual y de pocas oportunidades, pues se dio cuenta que ser pilo, una persona inquieta, un estudiante crítico, ético y político, “no paga”, no es muy bien visto. Parece que las posibilidades de tener un contrato con alguien que no sea corrupto se vuelven cada vez más complicadas. A pesar de lo anterior, “prefiero no ejercer lo que estudié antes que ser corrupto y antiético”, concluye Andrés.

Un comentario en “Hágame el favor que solo es un requisito

  1. El aspecto tocado por el articulista es una muestra de la obscena mercantilización de la educación, la cual funge a todo nivel. Es necesario que surjan miles de jóvenes con las convicciones de Andrés, para que la Educación sea el principal factor de transformación de la sociedad. De lo contrario, seguiremos sin freno hacia el despeñadero social y moral.

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