De apartheid a apartheid: De la Sudáfrica racista al Israel fascista

Por Álvaro Lopera

Amenaza nuclear sionista contra el pueblo palestino, Montaje digital: Álvaro Lopera

El régimen de apartheid (sistema de segregación racial, étnica y social) sudafricano del siglo XX fue derrotado por la lucha sin cuartel del pueblo negro sudafricano y de sus organizaciones políticas y armadas, pero también por la solidaridad de todos los pueblos del mundo que se vio reflejada en la acción mancomunada de todos los países del Sur en la ONU. La clase obrera mundial reaccionó contra ese régimen racista impidiendo la descarga de mercancías en los puertos aéreos y navales e impidiendo el comercio de armas, y la ciudadanía mundial bloqueando la compra de mercancías provenientes de dicho país; a los bancos, a Estados Unidos y a Europa se les vio trastabillar, pues veían que con el ascenso del poder negro sus intereses se verían afectados. El régimen de apartheid israelí necesita la misma respuesta, solo que ahora la propaganda y el acompañamiento de los medios de comunicación mundiales y el poder imperialista norteamericano y europeo combaten al lado de este régimen genocida, impidiendo una rápida derrota y una acción efectiva de la ONU. Por ello debemos desnudar su oscuro papel, no solo contra los pueblos árabes y en especial contra el pueblo palestino, sino contra todos los pueblos del mundo.

El preámbulo del terror

Israel era especialista en masacres del pueblo palestino desde hace más de cien años, inicialmente con sus bandas paramilitares Irgun, Hagana, Stern, y en estos tiempos con uno de los ejércitos más asesinos del planeta y mejor preparado en la escuela de la violación, impune del derecho internacional humanitario y de los derechos humanos -como lo vemos ahora en el terror homicida desplegado, sin un ápice de humanidad, contra la población de Gaza-. Exporta y ha exportado no solo a Ferias Internacionales de armas esa acumulada experiencia genocida, sino que la transmite y la ha reproducido en innumerables ejércitos y gobiernos del mundo en aras de mantener la explotación, la opresión y el colonialismo.

En Colombia, las fuerzas armadas de Israel dieron inicio en la década de los 80, con el beneplácito de la oligarquía colombiana, al paramilitarismo y al uso intensivo de la motosierra con sendos cuadros militares sionistas, Rafael Eitán y Jair Klein, impulsores del genocidio y desaparición de la Unión Patriótica y de los miles de muertos que aún no terminan de ser contados en el escenario colombiano. La mano negra, en el caso de Colombia, ha sido Israel, de lo cual Juan Manuel Santos se enorgullecía afirmando que Colombia es el “Israel de Sudamérica”.

A esas tropelías se le sumarían muchísimas más en Latinoamérica, una de ellas su participación como proveedor de armas del gobierno de extrema derecha en la guerra popular de El Salvador en los años 80 del siglo pasado. Pero esto es pequeño si hablamos de la política de robo de territorios en el Oriente Medio después de 1948 (Península del Sinaí, Altos del Golán, Cisjordania y Gaza) y del impulso de las masacres en los campos de refugiados palestinos en naciones que los habían acogido, como en El Líbano en 1982 (recordar Sabra y Chatila) y los grandes desplazamientos de población.

Propuesta que pretendía genocidios en África

En 1974 Shimon Peres, para entonces ministro de defensa de Israel, se regocijaba con esta afirmación, en una carta dirigida al secretario de información E.M. Rhoodie (del gobierno del supremacista Balthazar Johannes Vorster en Sadáfrica) -desclasificada en 1994: “Estoy convencido de que los nuevos vínculos que usted ha contribuido a forjar entre nuestros dos países se convertirán en una estrecha identidad de aspiraciones e intereses que resultará beneficiosa durante mucho tiempo para nuestros dos países”. Se iniciaría pues en ese año la unidad de acción de los dos apartheids que se identificaban profundamente.

Peres ofreció dotar al régimen del Apartheid de arsenales de “tres tamaños”: convencionales, químicos y nucleares. La estrecha colaboración incluyó el suministro de “uranio amarillo” en bruto del gobierno sudafricano para la construcción de armas nucleares de Israel. Al final, el Estado sionista firmó con el régimen de Pieter Botha (1978-1989) el acuerdo bajo el código Chalet, en el que se disponían a vender 8 misiles Jericó dotados de cabezas atómicas para dirimir los conflictos que tenía con naciones africanas que recientemente habían obtenido su liberación y que se solidarizaban con la lucha del pueblo negro sudafricano –Angola, una de ellas- contra la tiranía blanca.

Esa forma terrorista de solucionar conflictos la esgrimió a principios de noviembre de este año el ministro de patrimonio de Netanyahu, Amichai Eliyahu, al amenazar con lanzar la bomba atómica contra Gaza, sin olvidar que también lo había hecho el excanciller israelí Avigdor Lieberman, segundo de a bordo del otro gabinete de Netanyahu (2009-2012), al abogar por lanzar bombas nucleares en Gaza como “solución final”. Es decir, Israel maneja un déjà vu permanente de chantajes de solución final nazi no solo contra el pueblo palestino, sino ahora también contra Irán al amenazar a este país con “borrarlo de la faz de la Tierra” si intervenía para detener el genocidio en marcha.

El arsenal atómico sionista

Israel empezó a investigar temas nucleares poco después de 1948 y, con apoyo francés, comenzó a construir en secreto un reactor nuclear y una planta de reprocesamiento a finales de los años 50 del siglo pasado. La confirmación pública de los avances nucleares sionistas corrió a cargo de Mordejai Vanunu, un extécnico nuclear israelí, quien reveló detalles del programa a la prensa británica en 1986 y por ello ha sido perseguido y encarcelado en Israel.

En 2010, la Federación de Científicos Estadunidenses (FAS, por sus siglas en inglés) calculaba un máximo de 400 bombas nucleares clandestinas en sus manos (¿en 2023 cuántas son?), sin que hasta el presente haya aceptado participar en el Tratado de No Proliferación (TNP) de armamento nuclear y sin que la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) lo haya sometido a vigilancia alguna, como sí lo ha hecho con Irán.

Según la cadena de televisión norteamericana CBS, en 1990 Israel y Sudáfrica (todavía bajo el régimen del Apartheid) realizaron una prueba nuclear conjunta en el océano Índico. Al final Israel no le vendió los misiles Jericó, pero sí le ayudó a ese régimen de terror a fabricar seis bombas atómicas, las mismas que el gobierno de Nelson Mandela hizo desmantelar después de llegar al gobierno en 1994.

Israel es un perro de presa colonial que siempre ha mostrado sus fauces sanguinarias aduciendo que todo lo que hace, con el estandarte propagandístico del Holocausto judío, es en defensa propia. El 10 de noviembre de 1975 se aprobó en la ONU la resolución 3379 que “establece la equiparación entre el sionismo y el racismo en general y el apartheid en particular”, derogada en 1991 después de la caída de la Unión Soviética. Ahora, con el avance del genocidio en Gaza, se mueve de nuevo la propuesta en la Asamblea General de la ONU para equiparar el sionismo con el racismo y el apartheid.

Israel se lanza con todas las armas contra el pueblo palestino y a lo lejos asoma la nariz de la bomba atómica como el eterno plan B de los neonazis del Medio Oriente.

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