Por Álvaro Lopera

Retorno en dos tiempos al norte de Gaza. Foto: Tomadas de la Prensa internacional
El reciente cese al fuego en la Franja de Gaza, acordado entre las organizaciones de la Resistencia Palestina e Israel, tras arduos meses de negociación, llega después de 470 días de una violencia despiadada que ha dejado una estela de muerte, destrucción y desplazamiento masivo. Este alto al fuego, aunque temporal e incierto, representa un momento crucial para analizar no solo lo ocurrido en Gaza, sino también las implicaciones regionales e internacionales de un conflicto que ha expuesto las profundas fracturas políticas, éticas y humanitarias de nuestro tiempo.
Un genocidio en Gaza: la violencia desproporcionada de Israel
Desde octubre 7 de 2023, Israel ha llevado a cabo lo que numerosas organizaciones de derechos humanos y expertos internacionales han calificado como un genocidio. Más de 200 mil palestinos, entre muertos, heridos y desaparecidos -de ellos 30% niños- son cifras que reflejan una violencia sistemática dirigida contra la población civil. La estrategia militar israelí no solo ha sido desproporcionada, sino que ha violado flagrantemente las leyes de la guerra y el derecho internacional humanitario. El uso de armamento avanzado, incluyendo cerca de 100.000 toneladas de bombas, casi todas de factura norteamericana, disparadas desde aviones con programas de inteligencia artificial, ha convertido a Gaza en un cementerio, pero también en un campo de pruebas para la guerra moderna, donde la precisión tecnológica no ha servido para proteger vidas, sino para maximizar la destrucción.
A pesar de la superioridad militar, Israel ha sufrido una derrota política, militar y moral significativas. La narrativa de que Israel es el «pueblo elegido» y un bastión de democracia en Medio Oriente se ha desmoronado ante la evidencia de sus crímenes. El mundo ha comenzado a entender que detrás de las acciones terroristas israelíes no hay un objetivo divino, sino solo intereses expansionistas que buscan consolidar el control sobre toda la región árabe adyacente al territorio usurpado a Palestina, para dar paso al sueño mundial sionista del Gran Israel. Esta realidad ha quedado al descubierto, especialmente después de que más de setecientos soldados israelíes fueran dados de baja por la Resistencia y miles más resultaran heridos en los combates en Gaza, demostrando que ni siquiera la fuerza militar más avanzada tecnológicamente puede garantizar la supervivencia absoluta en el campo de batalla.
La destrucción de Gaza: un crimen contra la humanidad
La magnitud de la destrucción en Gaza es difícil de comprender. Israel ha arrasado con la casi totalidad de la infraestructura civil, incluyendo hospitales, escuelas, iglesias y viviendas. El 92% de las construcciones en Gaza han sido destruidas o dañadas gravemente, dejando a más de dos millones de personas sin hogar. Los campos de cultivo, las vías de transporte, los pozos de agua y las fuentes de energía fueron borrados, convirtiendo a Gaza en un territorio inhabitable. Esta estrategia de tierra arrasada no solo busca castigar a la población palestina, sino también hacer imposible cualquier forma de vida digna en el futuro.
El cese al fuego, aunque frágil, ha permitido un respiro momentáneo. Según los términos del acuerdo, se intercambiarán paulatinamente miles de presos políticos palestinos por una parte de los retenidos israelíes en manos de la Resistencia, se permitirá la entrada de ayuda humanitaria y se facilitará el regreso de la población gazatí al centro y norte de la Franja. Sin embargo, estas medidas son insuficientes frente a la magnitud de la catástrofe humanitaria, máxime que a la fecha Israel dificulta el ingreso de la ayuda internacional, a lo que se agrega la falta de vías para moverla a lo largo y ancho del territorio. El desalojo de la ciudad sureña de Rafah con el retorno de cientos de miles de habitantes al norte, es solo un pequeño paso en un largo camino hacia la reconstrucción y la justicia.
La expansión del conflicto: Cisjordania y más allá
Mientras el mundo centra su atención en Gaza, Israel ha intensificado su violencia en Cisjordania. En colaboración con colonos sionistas y la Autoridad Nacional Palestina (ANP), heredera de los fallidos Acuerdos de Oslo, Israel ha lanzado una campaña militar a gran escala en ese territorio con decenas de muertos en el campo de refugiados de Yenín. Esta estrategia busca consolidar el control sobre Cisjordania, fragmentar aún más a la población palestina y eliminar cualquier posibilidad de un Estado palestino.
Además, Israel ha aprovechado el contexto internacional para avanzar en sus planes expansionistas en la región. Con el respaldo de la administración Trump, que recientemente aprobó el envío de bombas de una tonelada a Israel, quiere sacar a la población palestina de Gaza a Egipto y Jordania; el gobierno israelí ha anunciado su intención de anexar territorios sirios y libaneses. En el Líbano, Israel ha incumplido el acuerdo establecido con Hezbolá, que preveía el fin de las hostilidades en el sur del país y la retirada de las tropas israelíes para finales de enero de 2025, obligando al gobierno libanés a ampliar la fecha hasta mediados de febrero. Este incumplimiento no solo aumenta la tensión en la región, sino que también pone en riesgo cualquier posibilidad de estabilidad a largo plazo.
El silencio cómplice y la resistencia en las redes sociales
El silencio cómplice de los medios de comunicación corporativos de Europa y Estados Unidos frente al genocidio en Gaza ha sido una de las características más alarmantes de este conflicto. Sin embargo, este silencio ha sido roto en las redes sociales y por la movilización ciudadana global. A través de plataformas digitales, la humanidad ha sido testigo de la brutalidad sionista y ha comenzado a cuestionar la narrativa tradicional que presenta a Israel como una víctima eterna. La imagen de Israel como un Estado que nació del robo del territorio palestino y que actúa con impunidad frente al derecho internacional humanitario ha ganado terreno, lo que representa una derrota significativa para su estrategia de victimización.
El uso del Holocausto judío como justificación para sus crímenes contemporáneos ha perdido credibilidad. Esta nueva conciencia global es un paso crucial hacia la rendición de cuentas y la justicia para el pueblo palestino.
Conclusión: un futuro incierto
El cese al fuego en Gaza es un respiro necesario, pero insuficiente. Mientras Israel se prepara para violar todos los acuerdos firmados, incluyendo el alto al fuego, el Sur Global debe actuar con firmeza para garantizar que este momento no sea solo una pausa en la violencia, sino el inicio de un camino hacia la paz y la justicia. La milmillonaria reconstrucción de Gaza, el fin de la ocupación en Cisjordania y el respeto al derecho internacional son pasos esenciales para evitar que este ciclo de violencia se repita.
La humanidad ha despertado frente a la realidad de un Estado espurio que actúa con impunidad, pero este despertar debe traducirse en acciones concretas. El futuro de Gaza, de Palestina y de toda la región depende de nuestra capacidad para exigir justicia y poner fin a la impunidad. El cese al fuego es solo el principio; el verdadero desafío está en construir un futuro donde la dignidad y los derechos de todos los pueblos sean respetados.
