Juntanza Campesina – Támesis Antioquia

Por María Michel Cossio Pamplona

¿Qué es Juntanza Campesina? En palabras de Dorita Hincapié, una mujer de Támesis-Antioquia, con una sabiduría ancestral a quien la vida le ha encomendado ser guardiana de la sagrada semilla: “Es un grupo de pequeños campesinos, pequeños productores, de personas; hombres y mujeres, que además de vivir en el campo, producimos alimentos, amamos la naturaleza, defendemos el territorio, nos sentimos del campo y somos doblemente orgullosos de nuestra región”

Fotos: Maria Michell Cossio

En mis palabras, son un grupo de personas profundamente sensibles, generosos de corazón, palabra y acción, que se ha reunido en el municipio de Támesis para defender la vida, de quienes la depredan en función de ese gran sistema extractivista. Juntanza Campesina es una iniciativa por la vida, porque ellos son la montaña defendiéndose.

Hay luchas socialmente vinculantes que parecieran nunca acabar, se detienen momentáneamente, dando apenas un pequeño respiro a los actores vinculados, para contra atacar con esfuerzos dobles. Por ejemplo, en Rutas del Destierro, un medio del suroeste antiqueño, en un artículo titulado “La minería que divide al suroeste, puede leerse lo siguiente:


“AngloGold logró la licencia de explotación por 30 años en el gobierno de Álvaro Uribe. Sin embargo, la Agencia Nacional de Licencias Ambientales decidió archivar la solicitud de la multinacional para la explotación de Quebradona en 2022. Como lo explicó Fernando Jaramillo, líder del municipio y de la Mesa Ambiental, ello no significa que AngloGold se vaya del territorio, pues está en firme todavía la licencia de exploración y además, la de explotación no fue negada, es decir, la empresa puede solicitar nuevamente la licencia tras subsanar los requerimientos de la entidad”.

El campesinado del suroeste antioqueño lo sabe, de ahí que emerjan iniciativas ciudadanas como Salvemos al Suroeste, Visiones del suroeste o incluso, esta juntanza campesina. Ellos son conscientes de que hay un monstruo grande que pisa fuerte, que se alimenta de la vida y el verde de nuestras montañas, de nuestros bosques y hoy está al asecho.

Anglogold Ashanti, en su portal, se define como “(…) una compañía minera que cree en modelos de producción sostenibles con la comunidad y el medio ambiente”. Pero ha sido acusada en un informe de Human Rights Watch con 159 páginas, publicado en el año 2005, de vincularse con grupos al margen de la ley como el Frente Nacionalista e Integracionista FNI:

“El informe detalla cómo una importante empresa minera de oro, AngloGold Ashanti, parte del conglomerado minero internacional Anglo American, estableció vínculos con un grupo armado asesino, el Frente Nacionalista e Integracionista (FNI), lo que les permitió acceder a la mina aurífera en los alrededores de Mongbwalu, en el distrito nororiental de Ituri”.

Modelos de producción sostenibles con la comunidad y el medio ambiente son el tipo de slogans que cuelgan en la portada de su página web, y, sin embargo, son acusados de vincularse en el pasado con el FNI, un grupo Ilegal cuyo historial encierra crímenes de lesa humanidad, cometidos a fin de controlar las minas y las rutas comerciales en la República Democrática del Congo. Tan solo 20 años después, siguiendo unas lógicas de mercado en lugar de las recomendaciones del informe de Brundtland para el desarrollo sostenible, acusan de secuestro, concierto para delinquir, hurto calificado, daño en bien ajeno y lesiones personales a 11 campesinos defensores del agua y de la vida, en el municipio de Jericó Antioquia. Hay monstruos carentes de un rostro, capaces de cometer atrocidades, de espaldas o de cara a la ley, y capaces de decir que es por el bienestar y el desarrollo de las comunidades.

Los y las campesinas que integran esta propuesta comunitaria llamada Juntanza campesina, saben que solo es posible hacerle frente a una empresa con tanto capital político, simbólico y económico como AngloGold Ashanti, estando juntos en comunidad.

“Uno de los propósitos que nos hemos venido pensando para esta Juntanza Campesina ha sido la situación actual que venimos viviendo como campesinos y campesinas, en el cual hemos venido con una historia de desarraigo cultural, donde podemos ver hoy en día que las comunidades se han quedado solas”, dice Juan Carlos Castro.


Temen, entonces, que la lucha que han tenido que enfrentar desde hace más de 15 años los campesinos del municipio de Jericó Antioquia, hoy toque a la puerta de sus territorios, ya que el suroeste antioqueño es “Diverso como el universo” y por eso apetecible por las transnacionales extractivistas. Se encuentra en los Andes tropicales, que es el lugar más biodiverso del mundo, con plantas, animales y múltiples ecosistemas como bosques húmedos tropicales y bosques de niebla. Es un sector cuya vocación productiva ha sido históricamente el cuidado de la tierra y la producción de alimentos, y se mantienen en la región ocho territorios ancestrales, llamados también resguardos indígenas.

La geografía social pone en discusión la necesidad de pensar en el territorio más allá de su mera representación física, y las comunidades ancestrales nos proponen verlo como un “otro”, que está vivo, que posee cualidades y ritmos propios. Los campesinos y campesinas, bajo su perspectiva, nos invitan a verlo como la fuente de la vida y su sustento diario, sin importar la perspectiva, en común tienen un vínculo afectivo con el mismo. Por eso, en contextos de desarrollo, surgen conflictos que tienen como disputa la tierra y el territorio, quedando en medio las comunidades que lo habitan y significan colectivamente.

“Como pasó en la década de los 90’s, muchas familias empezaron a abandonar el campo, por toda esa concentración de la economía que se generó a través de los libres mercados. Nuestro municipio no fue ajeno a esa realidad, donde el sistema realmente ganaba por la cara y el sello; es decir que mientras unos se quedaban con la tierra, con la producción y con el mercado, ganaban también de una manera u otra, porque (los que salían de la región) eran jóvenes, que llegaban a la ciudad como fuerza de trabajo, para todo ese proceso industrial”, cuenta Juan Carlos Castro.

Pensar en el desarrollo sostenible debería mínimamente partir de la premisa planteada por el informe de Brundtland: suplir las necesidades de las generaciones del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras de hacer lo mismo. Si las mineras logran entrar al territorio del suroeste antioqueño, nos arriesgamos a perderlo todo, ya que la huella que deja la minería es irremediable a largo plazo, como señala Green Peace que sucede con los estragos de la actividad minera en Ghana hoy. Esta organización responsabiliza a minería, llevada a cabo por una empresa transnacional, de la destrucción de 50 ríos. “Muchos de estos se han secado por la erosión producto de la extracción de oro y otros están seriamente contaminados pues la mayoría de los desechos tóxicos de esta actividad se vierten allí”.

La cotidianidad y las dinámicas sociales en el campo tienen un ritmo diferente al de la ciudad, porque están motivadas por una cosmovisión diferente. En el campo, las personas despiertan temprano, caminan despacio, respiran profundo un aire que aún está vivo, que proviene de los bosques y la montaña. “(Para) nosotros los campesinos la dicha era sembrar y cultivar y pensar en la solidaridad de las comunidades” dice, Sandra Gómez. Y lo confirma María José Ríos cuando dice que “eso es lo que nos tiene con la convicción intacta de que no queremos la catastrófica minería ni de AngloGold Ashanti”

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