Por Frankly Alberto Suárez Tangarife

En la foto: Margarita Restrepo, una de las caras visibles del colectivo Mujeres Caminando por la Verdad, así como una reconocida defensora
de derechos humanos en la Comuna 13 y en la búsqueda de verdad y reparación para quienes han sido víctimas de desaparición forzada.
La apuesta pacífica del Colectivo Mujeres Caminando por la Verdad
En el 2002, tras la Operación Orión, arremetida militar y paramilitar que ordenó el gobierno de la Seguridad Democrática, un grupo de mujeres víctimas radicadas en la Comuna 13, donde ocurrieron diversos sucesos nefastos: muertes selectivas, desplazamientos forzados, capturas extrajudiciales y desplazamientos forzados, se unieron para protestar contra la violencia que se instaló en sus calles y para exigir respuestas a la institucionalidad sobre las razones que precipitaron esa toma armada.
Estas mujeres vivían en Las Independencias, Villa Laura, El Salado, Belencito, Cuatro Esquinas, 20 de Julio, el Plancito del Che, La Torres, San Javier La Loma, La Virgen, Palmitas y El Socorro. Para sobrevivir, adelantaron “emprendimientos” con la venta de empanadas, tamales y buñuelos, e instalaron negocios de panadería, los mismos que actuaron como escenarios para el desahogo, ciertamente necesario, que requerían para olvidarse de su realidad: el recrudecimiento diario de la violencia en sus barrios.
Cuando ellas comenzaron a deambular por las calles de Medellín con sus canciones y poemas, como “Sí La Escombrera hablara”, y “Clamando justicia”, y a protestar en los escenarios jurídicos, fueron catalogadas como locas debido a sus justos reclamos. Pero el reclamo nacía del amor profundo con el que deseaban y desean encontrar a sus familiares, apelando a los valores de la fe cristiana que jamás las ha abandonado en su trasegar por los caminos de la resistencia.
Aquel primigenio grupo de mujeres coincidió con Rosa Emilia Cadavid Carmona, monja de las Misioneras Lauritas, con sede en el barrio El Corazón de la Comuna 13. Con ella crearon en el 2002 el Colectivo Mujeres Caminando por la Verdad (MCV), que ha contado con el apoyo legal de la Corporación Jurídica Libertad (CJL). Las Lauritas y la CJL han formado políticamente a MCV, permitiéndoles entablar diálogos con la institucionalidad como, por ejemplo: levantar derechos de petición, organizar marchas pacíficas en escenarios académicos y calles de Medellín, y exigir garantías de no repetición.
La lucha de MCV no ha sido en vano, ya que entre sus logros obtenidos están: el Premio Nacional de Defensa de los Derechos Humanos (2015), entregado por la organización sueca, Diakonia; su escogencia en 2017 como colectivo Sujeto de Reparación Colectiva, membresía suministrada a comunidades afectadas por la violencia; y, entre 2016-2017 participaron en la Mesa Nacional de Víctimas durante los Acuerdos de Paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.
La tenacidad de “Las Cuchas tienen razón”
Ya es de dominio público que muchas personas desaparecidas forzadamente en la Comuna 13 se encuentran enterradas en La Escombrera. En dicho sector, profesionales forenses se han encargado de hurgar en la tierra de este predio, gracias a gestiones adelantadas por MCV ante la Fiscalía General de la Nación. Pero la esperanza de MCV va más allá: encontrar a sus familiares extrañados, sanos, vivos y en paz en cualquier lugar de Medellín, de Colombia o del mundo; sí, hallar a sus seres amados que son un pedazo de sus almas, almas que no tienen sosiego debido a la tragedia existencial de sus ausencias.
Sin embargo, la perseverancia de MCV fructificó, ya que, en diciembre 18 de 2024, bajo la supervisión de la Jurisdicción Especial para la Paz, fueron encontrados en La Escombrera un grupo de personas desaparecidas. Fue así como, entonces, aquellas damas, contando a muchas que perecieron y que, por eso, lamentablemente, no pudieron celebrar este triunfo contra la impunidad, sí tenían la razón. A partir de ahí, la esperanza, que a veces se desdibujaba, se sostuvo más en pie de lucha que nunca. Este memorable hallazgo, que animó a representantes de Derechos Humanos y que alentó a artistas, precipitó el apoyo del colectivo Fuerza Grafiti para pintar un representativo mural con el mensaje “Las Cuchas Tienen Razón”, en el Deprimido de la Terminal del Norte –emblema que se ha coloreado en otras ciudades, por ejemplo, en Bogotá, Cali, Neiva, Bucaramanga, Barranquilla, y hasta en New York–.
El mural fue pintado el 12 de enero de 2025 y, al día siguiente, fue borrado por orden de la alcaldía de Medellín que argumentó que esta obra de arte de la resistencia contenía elementos narrativos que podrían interpretarse como propiciadores de debates políticos, en una coyuntura en la que se avecinaban elecciones populares, y que se pintó sin ninguna autorización. Tal atentado contra la memoria colectiva de las víctimas, sin embargo, provocó la reacción iracunda de sus abanderados que, de inmediato, lo volvieron a pintar. En la imagen quedó plasmada una de las lideresas de MCV, Margarita Restrepo, dama que busca a Carol Vanessa Restrepo, su hija adolescente, que desapareció en el marco de la Operación Orión.
Las Cuchas Tienen Razón, bajo la vocería de Margarita Restrepo, difunden su mensaje en escenarios universitarios de Medellín y Colombia, y en espacios culturales, caso de la Feria del Libro de Bogotá, y de la Ruta de la Memoria (Caquetá); e internacionales, destacando su presencia en Centro América, justamente en la Fundación Antropología Forense de Guatemala, organización no gubernamental que se encarga de defender los Derechos Humanos. En estos encuentros, en síntesis, ellas ilustran sobre las experiencias relacionadas con los hallazgos en La Escombrera.
Las Cuchas Tienen Razón se manifiestan como la célula artística de MCV –la vena colorida y el corazón de la memoria que se presentan visualmente en pie de lucha, a diario, en las calles, bajo el sol y la lluvia, en una obra que está tatuada como un arcoíris de la resistencia sobre muros urbanos cuyas voces claman por justicia, paz, reparación y reconciliación: para recordarles a las víctimas, y a los transeúntes afanados que no conocen el horror de la violencia en que vive Colombia, que los desaparecidos nunca serán olvidados, y para afanar a la institucionalidad para que los siga buscando.
