Bienvenidos a Traquetolandia

Por Renán Vega Cantor

Antes se llamaba Colombia, mundialmente conocida como Macondo por la pluma de Gabriel García Márquez, y ahora es Traquetolandia. Así como existen países que usan el sufijo landia, derivado del alemán land, para denotar una tierra o un país, tales como Groenlandia (tierra verde), Tailandia (tierra de los libres), Islandia, (tierra de la isla congelada), ahora en América del Sur se ha consolidado Traquetolandia, literalmente la “tierra de los traquetos”.

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Traquetolandia no es el resultado de unas elecciones presidenciales, en que ha sido escogido para ocupar la Casa de Nariño uno de los prototipos más puros del mundo traqueto. Se ha incubado en la media duración, que se proyecta a los últimos 35 años de nuestra historia y, por supuesto, tiene elementos heredados de la larga duración, que se remiten a fines del Siglo XIX, en tiempos de la Regeneración y de la cincuentenaria Hegemonía Conservadora (1885-1930), entre otros, la intolerancia religiosa, la intransigencia política y el anticomunismo cerril.

Traquetolandia es un producto de paisalandia, con su carácter expansivo, racista, agresivo, machista, católico, violento, del “emprendedor pujante” … lo cual ha guiado la expansión paisa desde el Siglo XVIII, a la que cierta literatura académica le atribuyó un ethos particular y creó la mentira de la “democrática” colonización del occidente de Colombia (el mito original o fundador de lo Paisa). Esa falacia se mezcló en la década de 1970 con la subcultura del narcotráfico y el paramilitarismo, que aportaron la ostentación, el derroche, el lujo extravagante, la exhibición pública de riqueza y poder, la cosificación de la mujer, la búsqueda de dinero fácil, el culto a las armas y la violencia…

De esa mezcla surgió la cultura traqueta. Así, “Los ‘paisas’ con toda esa jovialidad que nos caracteriza, realizamos verdaderos carnavales sangrientos, a los que llamamos genéricamente como masacres de «el Aro», «de Ituango», del «Retiro», …. la lista es muy grande; cambiamos el hacha que nuestros mayores nos dejaron por herencia por la moderna y eficaz moto-sierra, cortando todo obstáculo que se impusiera a nuestro emprendimiento” [Hancer Andrés Henao, Crítica del “Ethos Paisa”, febrero 11 de 2019].

Lo paisa no es sinónimo de lo antioqueño, porque allí están los otros, a los que los paisas les niegan su tierra y su existencia y los desprecian (indígenas, negros, mestizos de color cobrizo…) Y esos antioqueños no solo han soportado en carne propia la expansión paisa, sino que la han enfrentado y han hecho significativos aportes a la historia y a la cultura de Colombia, con poetas, filósofos, escritores y pensadores.

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La “patria” en Traquetolandia es una gran hacienda con un gamonal, un terrateniente y un pastor religioso al frente y con millones de peones obedeciendo con la cabeza gacha. Con la noción de la “patria milagro” se realiza la más descarada entrega del país y de sus bienes naturales a los Estados Unidos y sus empresas. Sí, es un verdadero milagro ser patriota y amar a los Estados Unidos, como lo hacen un porcentaje significativo de los habitantes de Traquetolandia, cuyo sueño es irse a vivir a Miami, la capital mundial de la gusanería.

Traquetolandia es el reino de la ignorancia generalizada. Por eso, está en ciernes la eliminación del Ministerio de Educación, porque para convertirnos en una sociedad de peones amaestrados debe erradicarse todo lo relacionado con el cultivo del espíritu.

Traquetolandia es el reino del odio y del anticomunismo visceral, porque los traquetolenses no piensan ni reflexionan ‒eso está muy alejado de su ethos lumpesco‒, solo destilan odio verbal y práctico. En su psique se encuentra justificada de antemano el exterminio de los que son denominados comunistas, castro-chavistas o guerrilleros, y bajo esta denominación caben los 13 millones de personas que votaron en contra del traqueto de frac y habitan las regiones pobres, humildes y periféricas de lo que se llamaba Colombia.

Traquetolandia es el paraíso de los narcos, delincuentes, matones, corruptos, terratenientes, “empresarios de bien” y delincuentes de todos los pelambres, que florecen con sus negocios de la misma forma que lo hacen los verdaderos dueños del país, los mismos de siempre. Para todos ellos el resto de los habitantes del país debe ser obediente, sumiso y servil. O si no, se les da plomo ventiado, según las enseñanzas del Señor de las Sombras.

El discurso de la “honestidad” que predican hampones de vieja data en Traquetolandia tiene la pretensión de destruir las economías campesinas, arrasar con la biodiversidad, los páramos y las selvas. Por eso, en Traquetolandia la lógica es “fracking y plomo a la lata”. Traquetolandia se jacta de ser el mejor alumno de Israel y sus prácticas genocidas, a las que toman como genuino modelo a seguir para acabar con los que osen oponerse a sus lógicas criminales.

En traquetolandia se ha impuesto otra vez la educación religiosa que obliga a rezar varias veces al día. Allí proliferan los cultos cristianos, que predican la anticiencia, el culto a la riqueza y al poder y exaltan la violencia y la brutalidad contra los que declaran sus enemigos.

En traquetolandia se desprecia y persigue a las diversidades sexuales y se predica el regreso a la familia tradicional, con la mujer en la casa, y los hijos educados en la centenaria Urbanidad de Carreño.

En Traquetolandia se han vuelto a desempolvar los viejos símbolos del país de rezanderos, camanduleros, fanáticos y una violencia a flor de piel que caracterizó, por ejemplo, la época de la Regeneración. Uno de sus símbolos distintivos era el escudo nacional, que inmortalizó el caricaturista Alfredo Greñas a finales del siglo XIX, con calaveras, cadenas, cruces, espadas y sangre. Ahora, los tracotelenses están actualizando ese escudo con la incorporación de la motosierra, la estrella de David y la bandera de Estados Unidos como trasfondo. Su lema distintivo es: Todo traquetolense lleva una motosierra en el corazón.

La cultura traquetolense se distingue por la vulgaridad, la adoración de los capos y poderosos, la estética lumpen y el lujo de mal gusto. Se exaltan como sus ídolos principales a Pablo Escobar y a Alvaro Uribe Vélez. De ahí que en los sitios turísticos y centros comerciales se vendan suvenires con la imagen del capo del Cartel de Medellín.

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En traquetolandia existen otros habitantes aparte de los traquetos, puesto que la mayor parte de la sociedad está formada por trabajadores, gentes humildes y plebeyas y sobre todo seres humanos dignos y decentes. Pero lo que domina en Traquetolandia son los antivalores propios de la mentalidad traqueta, que quiere implantarse en todo el territorio a sangre y fuego y con rezos evangélicos de por medio y que, por desgracia, también permea a sectores pobres de la población.

Un espectro ronda en traquetolandia, el de la lucha de clases, porque para convertir al país en una colonia gringa, en una inmensa hacienda exportadora, destruir la naturaleza, bombardear los cultivos indígenas y campesinos, paramilitarizar campos y ciudades, construir mega cárceles, echar a la calle a miles de empleados del Estado, eliminar varios ministerios …resulta muy optimista suponer que eso se va a hacer sin resistencia ni oposición. Y esa resistencia la encarnan los no traquetolenses, la inmensa mayoría de lo que alguna vez se llamaba Colombia.

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