Deporte, dopaje y capitalismo

Por Renán Vega Cantor

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Imagen: dessjuest.wordpress.com

Hace pocos días se difundió la noticia sobre el dopaje de dos mujeres deportistas: la tenista rusa María Sharapova y la ciclista colombiana María Luisa Calle. Llama la atención en estos dos casos la diferencia de edad entre las dos deportistas: la rusa tiene 28 años y la antioqueña 47. Un hecho aparentemente secundario, que indica que, con independencia de la edad, el sexo, la nacionalidad, en el deporte impera el uso del dopaje.

Deporte y capitalismo

En ninguna sociedad anterior al capitalismo, el deporte se convirtió en una actividad especializada de la que se puede vivir, alejándose de cualquier actividad productiva o laboral. Esto no es sorprendente, porque el capitalismo expande la división del trabajo hasta límites inimaginables, con la finalidad de brutalizar, alienar y controlar a los seres humanos. La clásica división entre trabajo material e intelectual, tiende a darse ahora entre trabajo material e intelectual de un lado y trabajo deportivo por otro. Es decir, una persona prefiere dedicarse al deporte, para vivir alejada de cualquier trabajo material o intelectual, como ser tornero, ebanista, profesor o médico. Y el capitalismo entendió que esa separación, llevada al extremo, se convierte en un extraordinario negocio, que genera grandes ganancias.

Esa especialización de los deportistas se denomina profesionalización, un término que a las generaciones actuales, que nacieron y viven en un mundo enteramente capitalista, les suena como algo natural. Esto significa que conciben que todo deportista, si de verdad quiere serlo, debe volverse profesional de su disciplina, o sea, vivir de esa actividad y ojalá conseguir mucho dinero con la misma. Este es un prejuicio realmente reciente, que se remite al momento en que desapareció la Unión Soviética, un punto de quiebre en la mercantilización mundial del deporte.

Es bueno recordar que hasta 1989-1991, en los países denominados socialistas no existía deporte profesional, porque no había personas que solamente vivieran por y para el deporte.

Los deportistas de esos países se dedicaban en su vida diaria a otras actividades laborales (eran ingenieros, trabajadores manuales, profesores, médicos), de las que obtenían su sustento cotidiano, y como una actividad complementaria en sus tiempos libres practicaban algún deporte.

Eso se manifestaba en los Juegos Olímpicos, los cuales, por el peso de los deportistas de la URSS y de Europa Oriental, eran para aficionados y no para profesionales. En dichos certámenes o podían participar aquellos deportistas que solo vivieran de hacer deporte y fueran patrocinados por firmas privadas. En esos eventos estaban los aficionados y eran respaldados por su respectivo Estado nacional. Por eso, antes de 1990 nunca se exhibía en las camisetas de los deportistas ningún tipo de publicidad alusiva a empresarios privados.

Esto cambió con la desaparición de la URSS y se generalizó la idea de que el deporte es para hacer plata y vivir bien, alejado de cualquier actividad laboral o productiva.

Colocado este primer cimiento, el de la división del trabajo, se erigió el segundo, el más importante, el de convertir al deporte en una mercancía, cuya venta debe producir jugosas ganancias. En este ámbito, como todo lo que toca el capitalismo, el deporte dejó de ser una actividad recreativa, de cultura física, para convertirse en una poderosa industria, manejada por grandes empresas.

El deporte se ha tornado en una actividad capitalista por excelencia, y representa, como ninguna otra, los valores que distinguen al capitalismo. Nos referimos a que competencia, eficacia, eficiencia, productividad, éxito, triunfo, individualismo, acumulación de dinero, lujo, ostentación, derroche, superación personal, mentalidad ganadora…, que tanto se exaltan a la hora de hablar del deporte y de un deportista, son realmente los fundamentos del capitalismo.

Dopaje y capitalismo

La mercantilización del deporte, la conversión de los deportistas de alta competencia en esclavos modernos al servicio de las grandes firmas multinacionales, se manifiesta en el deseo de ganar siempre, no importa los medios que se usen. El capitalismo fomenta el emprendimiento, el éxito, el triunfo y la competitividad, y eso es lo que piden los patrocinadores en una competencia deportiva.

Esa lógica de la competitividad, inherente al capitalismo, se pega al deporte hasta pervertirlo. La respuesta de los deportistas, y de un enjambre de intereses que se mueven a su alrededor (entrenadores, médicos, preparadores físicos, periodistas, dirigentes, patrocinadores) es que si para ganar hay que doparse, pues no hay problema en hacerlo.

El dopaje en el capitalismo es consustancial al deporte y no existe un solo deporte de alta competencia en donde no sea usado, porque su utilización persigue la gloria, el éxito y el triunfo, para producir ganancias a las firmas patrocinadoras, como la Coca-Cola, Pepsi-Cola, Nike…

¿Otro deporte es posible?

Un proyecto alternativo al capitalismo debe plantearse también otra forma y otra concepción de deporte, que no esté sujeta a la lógica capitalista del lucro y de su conversión en una mercancía. De la misma forma, debe proponer que los deportistas no sean profesionales y que desempeñen otras actividades. Para ello se requiere, como en diversos planos de la vida social, desmercantilizar el deporte y difundir otros valores, que no sean los de la competitividad y el éxito. Esa es la única forma de romper de raíz con el dopaje, para entender además que este es consustancial al capitalismo y no una excepción o un error de deportistas consagrados.

Estos forman parte del “autómata global” que es el capitalismo, son sus instrumentos pero también sus víctimas. Por lo mismo son rápidamente abandonados por las empresas que se han lucrado con sus triunfos, las que empiezan a hablar en forma cínica de un “deporte limpio”, que ha sido mancillado por los que se dopan. Hablar de deporte limpio es un verdadero embuste. Pero claro, lo mejor es echarle la culpa a una deportista, sin ver que todo el sistema esta carcomido por un terrible dopaje, que se llama capitalismo.

 

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