Algunas lecciones que deja la Minga Agraria

Por Diego Pérez Guzmán

Minga Nacional Agraria
Foto: laradiodelsur.com.ve

Ya se han realizado diversos balances de la Minga Nacional Agraria, Campesina, Étnica y Popular que nos ofrecen perspectivas complementarias para contar con una lectura lo más integral posible, crítica y prospectiva. En estas líneas quiero reflexionar sobre la Minga desde el concepto de articulación y su praxis concreta en el contexto de la movilización impulsada por la Cumbre Nacional Agraria.

En primer lugar, los más de 15 días de movilización, asambleas permanentes, reuniones por sectores, plantones, reuniones interinstitucionales, tomas de carreteras y de interlocución y negociaciones con el gobierno nacional no fueron producto de una decisión desesperada, de un acto improvisado o de oportunismo político coyuntural, ni la respuesta a una consigna dictada por la insurgencia. Son el resultado de numerosas reuniones con el gobierno nacional desde el paro de 2013 para concretar y cumplir los acuerdos firmados en aquel momento y que a la fecha no han avanzado ni en el 10%.

La jornada misma de Minga tuvo un largo proceso de concertación al interior de los sectores que conforman Cumbre, de elaboración colectiva del pliego nacional de peticiones, de preparación de la movilización. Incluso reuniones a distintos niveles con funcionarios e instituciones del gobierno y de la fuerza pública para concertar condiciones, garantías, protocolos para la movilización. Esto indica madurez del movimiento social en su apropiación de los retos y de las responsabilidades que implica el actual momento político.

Segundo, la Minga se desarrolla en un contexto político complejo y paradójico: de un lado, importantes avances en las negociaciones entre el gobierno y las FARC-EP, casi a punto de cerrar el acuerdo final. De otra parte, un escenario incierto con el ELN, pues, a pesar de anunciar una agenda concertada, no se ha dado inicio formal a las negociaciones. Además, se desarrolla en medio de una expansión, sin control alguno, del paramilitarismo unido a la represión estatal.

Este último aspecto se acrecentó durante los días de Minga con graves y preocupantes resultados como el asesinato de mingueros, heridos, amenazas, estigmatizaciones, detenciones arbitrarias y judicializaciones. Así se deja un mensaje muy negativo respecto de la forma como se entiende la participación ciudadana para la construcción de la paz territorial con justicia social. Lo que concluimos es que la paz se negocia en La Habana pero la agresión y la violencia estatal se mantienen en los territorios.

Tercero, el tema de la paz entró definitivamente en la agenda de la Cumbre Nacional Agraria. El pliego nacional no solo recoge y propone desarrollos a varios de los preacuerdos de La Habana, sino que abre posibilidades de tratamiento a temas de la agenda pactada con el ELN. Quizás lo más importante es la agenda social para la paz territorial, que tantas veces ha repetido el Alto Comisionado para la Paz.

Aquí hay un importante ejercicio de articulación, de puentes temáticos, de problemas y de políticas públicas, que podrían tejer las relaciones entre los acuerdos de La Habana, lo que se acuerde con el ELN y las propuestas propias y autónomas de los sectores que conforman la Cumbre.

Finalmente, desde los avances y las dificultades que se dieron en el proceso de articulación de la Minga y la constitución del sujeto colectivo denominado Cumbre, podemos entender el concepto de articulación como un conjunto de luchas dentro de las que se construyen puntos nodales y significantes privilegiados que producen una relación hegemónica.

 Los 13 sectores sociales que hacen parte de Cumbre tienen historias particulares de lucha y de acción colectiva, que en la Minga se ponen a prueba, validan y convalidan desde las prácticas, enfoques y metodologías de cada uno. Las luchas no están uniformadas sino que son diversas; pueden resultar incluso contrapuestas dependiendo del contexto en el que se va desarrollando la acción colectiva.

Los sectores participantes concertaron puntos nodales de carácter territorial (los cien puntos de concentración de las y los mingueros), y en el mismo sentido definieron puntos estratégicos como la tan mencionada “Panamericana”. Acordaron también puntos nodales de carácter institucional al definir los interlocutores del gobierno, del Estado y de la Comunidad Internacional para el diálogo y la negociación; otros puntos nodales se refirieron a los ejes estratégicos o temáticos del pliego nacional de peticiones (no se trató solo de recursos económicos como varios medios de comunicación y funcionarios quisieron hacer aparecer).

En cuanto a los significantes privilegiados, esta Minga nos ofreció una riqueza de significantes simbólicos y culturales que indican un crecimiento de los actores y sujetos que la impulsan. Entre ellos se destaca la incorporación en la lucha social de las tecnologías informáticas y redes sociales para la comunicación y para mantener la articulación y coordinación del movimiento; el enfoque diferencial étnico, afro e indígena, de género y generacional; la disciplina, madurez y capacidad de control de las acciones frente a provocaciones y saboteadores externos; la disponibilidad para la interlocución y el diálogo con las instituciones y funcionarios del gobierno, a pesar de la estigmatización y los señalamientos; el respeto e inclusión de las diferentes formas de expresión simbólica, social y cultural de los sectores populares.

Los sentidos de lucha involucrados en la acción Minga fueron diferentes para cada sector y sujeto participante. La problemática ambiental, por ejemplo, tomó su propio ritmo, escenario y derrotero; el movimiento indígena priorizó sus demandas y preocupaciones históricas; las regiones se visibilizaron con mayor decisión, y algunos sectores urbanos colocaron el debate sobre la relación campo-ciudad, etc.

Este rescate de la diferencia y la diversidad estuvo acompañado de la complejización y la fragmentación de las actuales formas de lucha, las cuales también se constituyen en uno de los principales desafíos en términos de articulación política. La articulación de un colectivo o comunidad se da cuando su acción colectiva se desplaza hacia el campo de las superestructuras.

Aquí encontramos uno de los mayores desafíos para la Cumbre Agraria, pues hay en ella sectores con pretensiones de hegemonía, que crean desconfianzas, generan competencias y conflictos y que impiden disputar colectiva y estratégicamente las demandas sociales, las agendas y el poder al establecimiento.

Por eso, la Minga también dejó clara la necesidad de avanzar decididamente en el diálogo respetuoso y proactivo entre Marcha Patriótica y Congreso de los Pueblos, entre indígenas, afros y campesinos, entre sectores urbanos y rurales, entre organizaciones con experticia en algunos temas y el saber y la praxis popular. Avanzar en esta dirección bloqueará las estrategias estigmatizantes, divisionistas, cooptadoras del gobierno y, por otro lado, permitirá colocar cada vez más altas las demandas sociales, la exigibilidad de derechos y el proyecto político popular frente al poder hegemónico actual del establecimiento colombiano.

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