Editorial No 11: Las luchas populares son, por esencia, internacionalistas

captura(Número 11/ Septiembre 2016)

Las luchas de los pueblos por construir una verdadera humanidad nunca han conocido fronteras, porque los pueblos saben que las fronteras políticas son artificios de los poderosos para organizar la opresión y la exclusión sobre las comunidades, como ocurrió, por ejemplo, después de la segunda guerra mundial cuando los vencedores se repartieron el mundo y trazaron fronteras arbitrarias que dividieron (o juntaron caprichosamente) comunidades naturales y culturas milenarias. Las fronteras geográficas, en cambio, no habían separado realmente a los pueblos y mucho menos las diferencias culturales; lo hacen hoy cuando el discurso y las estrategias de mundialización capitalista han exacerbado paradójicamente la xenofobia y los nacionalismos a fi n de mantener confinada y a disposición del capital transnacional la mano de obra barata en los países pobres.

Desde sus inicios, las luchas anticapitalistas han tenido vocación internacionalista. Eso lo encarnaba muy bien el Manifiesto Comunista en donde se convocaba a todos los proletarios del mundo a unirse en contra de sus explotadores. Y, efectivamente, muchos activistas se dieron a la tarea de consolidar una organización internacional de los trabajadores, convencidos de que la abolición de la explotación no podía sostenerse en un solo país, dado que el capitalismo mismo trascendía las fronteras y había extendido una intrincada red al servicio de la explotación de la naturaleza y de los trabajadores de todo el mundo, en donde ningún país actuaba de forma soberana e independiente del capital.

Desafortunadamente, la burocratización del movimiento obrero y de los partidos comunistas, la traición de Stalin al ideal internacionalista de la revolución rusa y el acomodamiento de la socialdemocracia alemana le restaron bríos a este impulso del movimiento proletario, y la organización internacional de los trabajadores terminó siendo un aparato sin vida, raquítico ideológica y políticamente.

Las organizaciones pequeñas, sin embargo, nunca abandonaron su vocación internacionalista, se negaron a participar en las guerras entre imperios e insistieron en tender puentes que vincularan las luchas de los pueblos en todo el mundo. A esas organizaciones les debemos que el ideal internacionalista persista como una posibilidad concreta de enfrentar hoy la explotación planetaria de los seres humanos y de la naturaleza en función de la acumulación de capital, al mismo tiempo que el orden imperialista y las diversas formas de opresión que ha creado o estimulado en todo el mundo.

En casi todos los países del mundo hoy hacen parte del paisaje natural los voluntarios extranjeros, que trabajan codo a codo con los nativos en proyectos locales, articulando internacionalmente pequeñas y grandes luchas que desde la cotidianidad misma apuntan a transformar la vida de la gente. Muchos de ellos y ellas integran organizaciones pequeñas, sin recursos económicos pero con una convicción a toda prueba de que las luchas contra la opresión solo tienen futuro si se articulan internacionalmente. Pocas veces esta solidaridad internacionalista ha provenido de la iniciativa de grandes organizaciones ni mucho menos de los Estados. Grandes excepciones son la Venezuela de Chávez, con su propuesta de la ALBA, y Cuba con su vocación internacionalista desde el primer día de la revolución.

El internacionalismo de Cuba siempre estuvo basado en la solidaridad con los pueblos, contrario a lo que hacen los grandes imperios, que buscan establecer con los otros pueblos relaciones de dominación y de usufructo. Eso quedó en evidencia cuando en el terremoto de Haití, Cuba mandó médicos mientras que Estados Unidos mandó soldados para instalar una base militar gringa.

En general, quienes hoy promueven el internacionalismo son organizaciones pequeñas y de base, algunas de ellas obreras, pero sobre todo muchas organizaciones de otros sectores. La voracidad del capitalismo bajo el modelo neoliberal ha desatado problemáticas nuevas que han demandado a la vez otras formas de lucha articuladas internacionalmente, tales como las luchas antiglobalización y las luchas en defensa de los derechos humanos, contra la guerra en general, contra la devastación de la naturaleza y el cambio climático que esta ha desatado, contra la producción transgénica, por la soberanía alimentaria de los pueblos y su derecho a una alimentación sana, entre muchas otras. Todo ello ha generado una serie de movimientos y organizaciones que son, por su propia naturaleza, internacionalistas.

Eso no quiere decir que el internacionalismo obrero ya no sea importante. Todo lo contrario, nunca como hoy, cuando la prepotencia del capital ha precarizado y hundido en la humillación a los obreros en todo el mundo (incluso los de aquellos países supuestamente desarrollados), fue tan necesario e importante que el movimiento obrero se piense en clave internacionalista. Y nunca como hoy tuvo tantas posibilidades de hacerlo.

La diversidad de movimientos y organizaciones sociales y populares que hoy desarrollan una lucha internacionalista contra múltiples efectos del capitalismo en diversos aspectos de la vida individual y colectiva, no son una competencia para el movimiento obrero sino una oportunidad para su fortalecimiento. Solo debemos dejar de asumirse al proletariado como el único sujeto que encarna la posibilidad de transformación social y articular las luchas de todos quienes enfrentan las múltiples formas de opresión, de las cuales los obreros también son víctimas.

Las nuevas tecnologías, que hoy facilitan la comunicación trasatlántica y los viajes, deberían ayudarnos a proyectar y fortalecer el sueño del internacionalismo. Hoy que tenemos acceso inmediato a la información de lo que ocurre en otros países debería haber más aliciente para la identificación con las luchas de los y las otras. Sin embargo, la alienación mediática todavía nos mantiene aislados, poco sabemos y poco nos interesamos por las luchas y la suerte del pueblo iraquí o el sirio o el palestino. A lo sumo nos conformamos con la información superficial y sesgada de los monopolios mediáticos. De ahí que la lucha por el acceso real a la información, encarnada en los medios alternativos y populares, es hoy por hoy una de las grandes necesidades y a la vez de las grandes posibilidades para la internacionalización e integración de las luchas de los pueblos. Esta tiene que nacer, finalmente, de una solidaridad genuina que va más allá de la relación con el vecino y se interesa por conocer la suerte del otro, de aquel que no es tan próximo pero que igual sufre la opresión y da la batalla contra ella.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s