Las derivas de una paz completa

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Imagen tomada de: http://static.tvazteca.com/

Por Rubén Darío Zapata

La primera semana de mayo se inició una segunda fase en las negociaciones entre el gobierno de Juan Manuel Santos y la guerrilla del ELN. En la primera se abordaron dos temas centrales de la agenda de negociaciones: la participación de la sociedad civil, que para el ELN ha sido siempre un asunto de principios, y el alivio a la crisis humanitaria generado por la confrontación. A pesar de la importancia de estos diálogos, que podrían ayudar a fortalecer la búsqueda de una paz efectiva como cierre al proceso que se inició ya con las FARC, en los medios de comunicación han sido casi ignorados o dejados en un segundo plano.

Visibilización

Para el padre Francisco de Roux, uno de los jesuitas con más experiencia acerca del conflicto en Colombia y en diversos procesos de paz, los medios y las instituciones tienen una apreciación equivocada con respecto a estos diálogos. “Porque la propuesta del ELN, como propuesta y horizonte de país y llegada a las organizaciones de base es significativamente más amplia que la de las FARC. Aunque en términos militares es apenas una cuarta parte de las FARC, su incidencia social es mucho mayor porque tiene más escucha de lo que la gente quiere plantear”.

Por su parte, Juan Carlos Cuéllar, uno de los gestores de paz del ELN, asegura que dicha invisibilización tiene que ver con un contexto todavía más adverso del que rodeó las negociaciones entre el gobierno y las FARC. “Pero en la medida en que ha ido teniendo sentido la apuesta por la participación, va cobrando más importancia para otros sectores que permanecían indiferentes”.

En buena medida, esto tiene que ver con las mismas acciones que vienen adelantando algunas organizaciones de la sociedad civil, como los Congresos Regionales de Paz, de los cuales precisamente se desarrolló uno en el Paraninfo de la Universidad de Antioquia el pasado 28 de abril, en el que participaron, además de Juan Carlos Cuéllar y Francisco de Roux, delegados de las FARC y de organizaciones de la sociedad civil.

Desarmar a la sociedad

En el contexto actual, el tiempo parece ser enemigo fatal del proceso de diálogos entre el gobierno y el ELN. Sobre todo porque se avecinan las campañas presidenciales para 2018 y la derecha parece haber salido fortalecida, electoralmente hablando, del plebiscito del año pasado en el que logró un apoyo importante su posición contra el proceso de negociaciones entre el gobierno y las FARC. De hecho ha fijado públicamente la decisión de que si ganaran las elecciones para el próximo año revertiría este proceso, lo que hace temer que también desconocerían o exigirían modificaciones sustanciales a la agenda acordada entre el gobierno y el ELN.

“Si la guerra continúa para agosto del año entrante sería fatal para el proceso”, asegura de Roux. “Aquí el problema no es de teorías; hoy estamos obligados a tomar decisiones concretas. Si el ELN insiste en que mientras sigan habiendo asesinatos de líderes no parará el secuestro, entonces estamos en otro campo y de ahí no salimos nunca”.

Al respecto, señala Cuéllar que las FARC hicieron un acuerdo político con el gobierno y ahora, mientras avanza lentamente la implementación de esos acuerdos, ya van más de 200 muertos. “Eso quiere decir que los muertos no son solamente porque existe la insurgencia. Es porque también hay una acción de Estado, una visión de ese Estado que trata de eliminar al contrario y que siempre ha eliminado al contrario”.

Francisco de Roux, sin embargo, no cree que el Estado sea un aparato organizado para eliminar a la oposición. Más bien lo ve como una construcción que tenemos y podemos hacer entre todos. “Lo grave es que hoy el Estado, con todas las connivencias y disputas internas que tiene, se ha mostrado incapaz de parar estos asesinatos de líderes. Hay una responsabilidad sistemática por omisión del Estado, pero no creo que tenga una decisión expresa de asesinarlos”. Por esta razón, dice de Roux, poner como exigencia para acabar el secuestro el fin de los asesinatos políticos no hace más que retrasar el proceso y quitarle respaldo de parte de la sociedad que está padeciendo esta guerra.

Pero a los procesos hay que darles su tiempo, asegura por su parte Cuéllar. “A veces se pretendiera que el ELN se desarmara antes de negociar, que entregara las armas antes de sentarse en la mesa. Frente al secuestro lo hemos dicho con claridad: lo vamos a resolver y lo vamos a parar. Pero si el asunto fuera resolverlo por fuera de la agenda, entonces por qué no se resuelve también el problema de los asesinatos. Por eso decimos que hay que poner aquí todos los dolores y no solo uno de ellos. Por eso insistimos en la bilateralidad”.

La propuesta del ELN al respecto, tal como la expresa su gestor de paz, es sacar la violencia de la política. Pues es necesario avanzar en las garantías para la participación de la sociedad y para que los combatientes puedan hacer el tránsito a la vida política. “Hasta ahora vemos con preocupación que esas garantías no se están dando, a pesar de que existe un acuerdo ya iniciado y una guerrilla desmovilizada. También sabemos que si se da un acuerdo con el ELN es muy posible que no se vaya a cumplir, porque este Estado nunca ha cumplido. Solo la presión de la sociedad puede hacer que lo cumpla”.

Más allá incluso de sacar las armas de la política, el ELN insiste en desmilitarizar y desarmar a la sociedad. “Si decimos que hay que sacar las armas de un lado, ¿por qué no las sacamos también del otro? ¿Por qué no quieren que se discuta sobre el papel del Ejército, de la Policía, de las Fuerzas Armadas? En general hay que preguntarse sobre el papel de las armas en esta sociedad. ¿Cuántas armas realmente están vendiendo las fuerzas militares? Es necesario sacar las armas del escenario de la vida ciudadana”.

Por otro lado, Cuéllar explica que estas negociaciones hay que ponerlas en contexto. “Porque si no, pareciera que los militaristas son unos y los otros no han tenido nada que ver con el conflicto, con la dinámica de la guerra”. Según Cuéllar, cuando Camilo se metió a la lucha armada no fue solamente por una convicción revolucionaria sino por unas condiciones específicas y determinadas del momento. “El momento histórico presentaba esta (la insurrección armada) como una de las posibilidades para lograr verdaderos cambios revolucionarios. Hoy estamos empeñados en la solución política donde seguimos insistiendo en hallar un camino digno para lograr esos cambios”. Pero eso, según el líder guerrillero, también demanda la disposición del Estado para atender las demandas de la sociedad y garantizar el ejercicio de la política.

¿Qué sociedad civil?

En la medida en que el ELN pone la participación de la sociedad civil como pieza clave para las transformaciones democráticas, se hace necesaria la pregunta de en qué sociedad civil está pensando. Pues si la sociedad civil son todos los individuos y sectores sociales, económicos y políticos que integran la sociedad, no cabe duda de que buena parte de esta no solo no quiere la paz sino que también ha estado vinculada con la guerra. Y lo peor, ha salido fortalecida justamente con su campaña contra los acuerdos de paz alcanzados entre el gobierno y las FARC, alegando que el gobierno le ha dado demasiadas concesiones a la guerrilla y ha debilitado con ello las instituciones democráticas.

A pesar de ello, tanto Juan Carlos Cuéllar como el padre de Roux están convencidos de que hay en  Colombia muchas expresiones de la sociedad civil que quieren la paz. Y también un sector muy grande que por diversas razones permanece indiferente o desconfiado frente a las posibilidades y seriedad del proceso. La clave estaría entonces en fortalecer la dinámica de los primeros y acercar a los segundos.

Según el sacerdote jesuita, justamente la radicalización de la sociedad civil frente al plebiscito el año pasado puede explicarse con el argumento de que esa sociedad civil no fue invitada a participar y se le dejó por fuera de las decisiones fundamentales. “En cambio, el ELN ha dicho de todas las formas posibles que quiere escuchar a todo el mundo. Ojalá tengan las agallas y la generosidad para recibir los puntos de vista de todos”.

Pero si se quiere que la sociedad civil participe, el ELN, según el padre de Roux, debe ser consciente que esta sociedad le va a exigir cosas que son verdaderas líneas rojas, sin las cuales es muy difícil que la gente que tiene temores crea en la seriedad del proceso. Particularmente se refiere al secuestro que, según él, golpea como nada al pueblo colombiano, y a la voladura de oleoductos, que afecta fuertemente a los campesinos. El ELN, dice de Roux, si tiene visión, debería dar un par de pasos que cambiarían el escenario y no esperar que el Estado le tome ventaja. “Debería, primero que todo, suspender el secuestro. Así se ganaría el apoyo, o por lo menos la comprensión de la sociedad civil”.

En segundo lugar, asegura el sacerdote, debería arriesgarse al cese al fuego unilateral, con la sociedad civil como garante, presuponiendo que la paz está por encima de todo. “Por nuestra parte, tenemos que hacerle saber a la gente del ELN que el día que ellos den el paso vamos a rodearlos, a ser incluso escudos humanos para proteger a quienes tienen el coraje de irse hacia la paz”.

Por su parte, Juan Carlos Cuéllar asegura que su organización tiene un imaginario de una parte de esa sociedad que tiene unos niveles de organización y de interés en transformaciones que conduzcan a la paz con justicia social. En esos sectores hay un campo importante para la participación. Pero reconoce que también está la otra parte minoritaria que se la juega por la guerra o al menos por mantener las condiciones de injusticia y desigualdad reinantes. “Por eso creemos que hay que escuchar también a los que no están muy interesados e incluso preguntar por qué el desinterés. Saber si se debe a acciones y dinámicas nuestras o a otros asuntos. Y sobre todo tenemos que indagar por la posibilidad de motivarlos e interesarlos. Ese es el esfuerzo que estamos haciendo”.

De la sociedad civil al sujeto político

Algo que caracteriza al ELN es su constante llamado a la sociedad civil, no para que acompañe a la organización en las negociaciones ejerciendo presión sobre el gobierno, sino para que encarne el proceso de transformación real que el país necesita. Sin embargo, la pregunta obligada en este punto del proceso es: ¿sí está la sociedad civil colombiana en condiciones de asumir hoy esa responsabilidad? En otras palabras, habría que indagar si la correlación de fuerzas, el nivel de conciencia y organización de los sectores populares permiten abrigar esa esperanza.

Según Juan Carlos Cuéllar, en los últimos años se han venido configurando unos sujetos políticos interesantes articulados sobre todo en los territorios rurales, aunque, según él, falta una mayor vocación e interés por los asuntos del poder político. “También están emergiendo interesantes sujetos políticos urbanos. Lo que hay que pensar es cómo propiciamos dinámicas de articulación para que puedan juntarse y generar movimientos mayores hacia las transformaciones requeridas”.

La inquietud es, ahora, cuando se aproximan las campañas electorales, en donde se juega del alguna manera este proceso de paz, qué dinámica asumirá esa sociedad civil, sobre todo en los sectores populares. En este sentido, Cuéllar asegura que su organización es más proclive a la unidad de sectores populares  y democráticos  la necesidad de alentar espacios de articulación política que tenga candidato propio, con una plataforma que recoja los diversos intereses en el campo democrático y popular, y que se la juegue hasta las últimas”.

No se trata, sin embargo, según Cuéllar, de venderle el alma al diablo en alianzas de cualquier orden. “Lo que tenemos que mirar es cómo fortalecer, más allá de un candidato, un proyecto político propio del campo popular, articulado con diferentes sectores para ir construyendo, en principio, expresiones de poder local y regional”.

En última instancia, se trata, según el líder guerrillero, de propiciar la formación de sujetos políticos en el campo popular con vocación de poder, con autonomía propia y con capacidad de dar cuenta de sí mismos y de sus propias transformaciones. “Eso no se va a hacer en solitario, sino en comunidad, en relación con los otros. Allí es donde puede surgir un sujeto capaz de transformar realidades y transformarse a sí mismo. En ese sentido hablamos, más allá de una revolución política y social, también de una revolución cultural”.

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