Francisco I, el gran malabarista

Pacho el malabarista1
Foto: Tomada de adelantelafe.com

Por Álvaro Lopera

El largo y negro historial de la iglesia católica en el mundo no para de aumentar. Cabeza de invasiones, asesinatos, latrocinios a lo largo y ancho del universo y, por muchos siglos, de cruzadas, así como acompañamientos a la invasión de América y al saqueo y genocidio de los habitantes originarios, contado todo ello, a su vez, por Fray Bartolomé de las Casas; guerras antes del capitalismo con sello católico; inquisición como herramienta de despojo y persecución a las ideas modernas científicas que cuestionaban la metafísica como herramienta de observación y explicación del mundo.

 Qui Pluribus le madrugó al Manifiesto Comunista

La encíclica católica de Pío IX, Qui Pluribus, le madrugó al Manifiesto, pues fue publicada en 1846. Después saldría su remache, la encíclica Nostis et Nobiscum. Estas, anteriores a la Rerum Novarum de León XIII, que fue el gran soporte del corporativismo fascista, advertían que el comunismo era el coco a combatir, pues en ellas se explicaba que era “una nefanda doctrina, contraria al derecho natural, que, una vez admitida, echa por tierra los derechos de todos, la propiedad y la misma sociedad humana”. O sea, el que pega primero pega dos veces y el mundo católico, vasto por cierto, fue “advertido” a tiempo de ese fantasma que continúa amenazando la tranquilidad del capital.

El “progresismo” en la iglesia

No todo ha sido oscuro en la historia de la Iglesia Católica; por fortuna en su seno se han gestado movimientos clericales contrarios a la práctica reaccionaria de la jerarquía. Personajes como De Las Casas, que nos puso al tanto del genocidio y saqueo de la conquista; Giordano Bruno, quemado en la hoguera de la inquisición, se adelantó con la irreverencia científica a cuestionar las verdades absolutas aristotélicas. El Obispo Gerardo Valencia, gran impulsor de la Teología de la Liberación, el sacerdote Camilo Torres, muerto en combate, y el obispo rojo brasilero Hélder Cámara, desdibujaron en parte el papel tradicional sin lograr frenar un ápice el comportamiento oficial de Roma.

El Vaticano como Estado nació en 1929, en el marco del moderno Estado-nación y del ascenso del fascismo en Europa; en la segunda guerra mundial, Pío XII declaró a la iglesia católica neutral ante el avance del fascismo que comandara en Europa el católico Hitler. Ni una encíclica, ni una palabra de condena tuvo éste contra semejante fenómeno contemporáneo que ocasionó más de 64 millones de muertos.

Pero vendrían los años brillantes de los progresistas Pablo XXIII, con su Concilio Vaticano II, Juan Pablo I, que murió extrañamente un mes después de haber asumido el pontificado en 1978 y haber anunciado radicalmente que las riquezas de la iglesia serían extirpadas para beneficio de los pobres. Después recibiría esa institución un personaje muy cercano al neoliberalismo y al anticomunismo, Juan Pablo II, ahora canonizado por el último Papa “progre”, Francisco I.

En el marco del lodazal de miles de denuncias de pederastia y corrupción en todo el planeta, y de la pérdida de feligreses, sobretodo en América Latina, el papado pasó a ser regido por un latino que venía con un aura de hombre reaccionario en la Argentina, pues nunca se puso del lado de los desaparecidos y asesinados por la dictadura militar; pero gusta del fútbol, maneja un carro modesto en el Vaticano, habla de Tierra, Techo y Trabajo para los humildes y se preocupa por el Cambio Climático Mundial; y también afirma impulsar cero tolerancia a la pederastia y a los malos manejos dinerarios de las distintas corporaciones financieras vaticanas y ha canonizado en 4 años más personajes que Juan Pablo II en sus 26 de pontificado. Todo un récord.

Malabarismo por doquier

Mientras Francisco I convocaba en el Vaticano a organizaciones populares en 2014 para hablar en términos que asustaron a la jerarquía vaticana, de vivienda, trabajo y tierra, el resultado final fue que el Foro Social Mundial, nacido en 2001, se dividió entre aquellos que no creían en el liderazgo de la iglesia, por conocimiento histórico, y aquellos que veían a Francisco como una revelación. La gran mayoría acogió a Bergoglio, dejando a la laicidad en minoría y en la inopia financiera para organizar cualquier evento futuro. Bergoglio, el papa argentino, en ese encuentro vaticano les dejó claro a todos que la gran crisis mundial no era por ideologías, todas ellas mandadas a recoger, sino por “el abandono que el hombre había hecho de Dios”.

En 2013 había prometido cerrar el capitalista Banco del Vaticano o el Instituto para las Obras de la Religión, pues esa institución estaba en mora de ser honesta y transparente; posteriormente dijo que seguiría prestando servicios financieros, manteniéndolo como refugio para dineros mal habidos, según lo escribió Gerald Posner en su libro “Los banqueros de Dios: una historia de dinero y poder en el Vaticano”.

Respecto de la tolerancia cero para los abusos sexuales a menores, la BBC, el 11 de febrero de 2016, avisó en su portal que “un nuevo manual del Vaticano para la instrucción de obispos recién ordenados dice que los prelados “no tienen la obligación” de reportar las denuncias de abuso sexual a menores, a la policía”. Que eso lo deben hacer los responsables de la crianza de los niños, o sea, sus padres.

Respecto de Venezuela, Francisco I se había mostrado partidario del diálogo entre la oposición y el gobierno bolivariano, pero cuando este último citó la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente, la Secretaría General del Vaticano llamó a suspenderla por fomentar “un clima de tensión” e “hipotecar el futuro”. Recordemos que la iglesia católica venezolana es, con los medios de comunicación, la principal opositora al gobierno de Maduro.

Ahora llega a Colombia, a “bendecir” el inocuo acuerdo de paz, pero al mismo tiempo viene a beatificar al sacerdote “mártir” Pedro María Ramírez Ramos, el cual fue asesinado en Armero un día después del magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán. La razón no fue religiosa sino política: desde el púlpito llamaba, como el obispo de Santa Rosa de Osos, Miguel Ángel Builes, al asesinato de liberales, pues, según decía, “ello no es pecado”. Muchos armeritas han solicitado que Francisco no lleve a efecto la abyecta beatificación, pues el cura cayó en el marco de la guerra civil, y además ello le daría a la población una imagen mundial de intolerancia religiosa que no es cierta.

También está en lista para la beatificación monseñor Builes y seguramente en este papado saldrá avante. Tendremos pues santos a borbotones y descolocados por montones.

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