El castigo del pueblo venezolano a la oposición

 

castigo del pueblo a la oposición
Foto: http://www.celag.org

Por Rubén Darío Zapata Yepes

En mayo de este año el gobierno de Maduro pasaba acaso su peor momento,
acosado por el desabastecimiento, una elevadísima inflación y la presión
de la derecha en las calles. A juzgar por lo que mostraban los medios de
comunicación, la oposición estaba a punto de tomarse el poder. Pero hoy el
panorama luce diferente y la oposición no parece tener claro cómo enfrentar las
próximas elecciones de gobernadores.

“Hubo muchos intentos de diálogo, incluso mediado por el Vaticano, pero la oposición no renunció a su agenda golpista”. Esto es lo que comenta Hernán Rúa, un colombiano que lleva más de diez años viviendo en Venezuela y midiéndole la temperatura a la dinámica política. Según él, la oposición se propuso desde un principio sacar a Maduro del gobierno, y se dieron seis meses para eso después que lograron la mayoría en la Asamblea Nacional.

Para destrabar el juego, Maduro dijo que entregaba su cargo, pero al poder originario del pueblo, que se expresa a través de una Asamblea Constituyente y es plenipotenciaria. “Era una propuesta muy osada -comenta Hernán-, pues en una situación donde la derecha tenía la mayoría en la Asamblea Nacional, con un intenso asedio internacional al gobierno, un control y manipulación tan fuerte de la información mediática, y una guerra económica tan exacerbada, fácilmente la oposición podía lograr la mayoría de voceros a dicha Constituyente”.

Pero, según Hernán, ya la derecha andaba en su agenda violenta; envalentonada con la mayoría en la Asamblea, creía que podía salir de Maduro y cambiar todos los poderes rápidamente. “Y cometieron un error fundamental, el mismo que habían cometido en las guarimbas (tranca de calles) anteriores: que las hicieron en sus urbanizaciones, en los barrios de clase media y clase alta del este de Caracas, donde además tienen las tres alcaldías: Chacao, Baruta y el Hatillo y la gobernación de ese Estado (Miranda) con Capriles. Por eso la táctica del gobierno bolivariano fue ‘dejarlos que se consumieran en su propio aceite’, porque en los barrios no estaba pasando nada, ni en el centro de Caracas”.

Eso se replicó en otras ciudades y fue generando inconformidad en los mismos habitantes de esos sectores, porque la gente no podía salir ni siquiera a sus trabajos. Cuando se propusieron ir hacia el oeste, hacia los sectores populares, vino entonces toda la reacción de las bases del chavismo, que incluso fue contenida por el mismo presidente Maduro. La oposición adoptó el modelo de guerra callejera contra la guardia, acudiendo a una modalidad de subcontratación de bandas a las que le suministraba armas masivamente, lo que dejaba claro un nivel de logística que no era espontáneo. Sin embargo, no encontraron respuesta en la Guardia y en la Policía Nacional. “Empezaron incluso a llenar bolsas con excrementos y a lanzárselas a la Policía, que, sin embargo, no reaccionaba”.

Al pasar los días, la oposición se fue desesperando y empezó a escalar el nivel de agresión y a intentar operativos más planificados como la quema de autobuses yutong, que resuelven el transporte de cientos de miles de personas en las principales ciudades. En el estado de Bolívar llegaron a quemar cincuenta buses de esos. “Después empezaron a afectar el sistema de cableado de fibra óptica simultáneamente en varios estados, una acción de guerra planificada para incomunicar las ciudades. “Eso da cuenta de que ya no se trata de una protesta de calle normal”. Se empezaron a presentar brotes de fascismo que terminaron por generar el rechazo de las mismas bases de la oposición. En varias concentraciones agarraban a una persona que pasaba y por ser morena y parecer chavista le prendían candela, y si salía corriendo lo apedreaban. En Mérida, un grupo de
chavistas salió a quitar una barricada donde no había gente alrededor, y fue recibido por francotiradores que disparaban desde los edificios. Cuatro personas murieron con tiros en el cuello. “Eso ya da cuenta de una estrategia de otro nivel, porque un francotirador no es cualquiera”.

Ahora el discurso era que no iban a permitir la realización de la Constituyente y con ese propósito empezaron a arreciar las confrontaciones. Un día antes de las votaciones, lanzaron una ofensiva definitiva. Los centros de votación en Venezuela son las escuelas, y las bandas contratadas quemaron varias y las saquearon. Se robaron las ollas del comedor escolar, las computadoras que entrega el Estado para cada estudiante, los instrumentos de los grupos de música, etc. Lo que hizo la guardia fue resguardar los equipos y trasladarlos a otros sitios, porque la confrontación en ese momento hubiera generado muchos muertos y mucho caos. Eso generó mucha indignación en la población.

Por eso Hernán asegura que, en buena medida, la votación de la Constituyente fue un voto castigo a esa estrategia de la oposición. La gente hizo todo lo que pudo para salir a votar, aunque la oposición decidió bloquear; hubo gente incluso a la que tirotearon dentro de sus urbanizaciones para que no pudieran salir; en otros lugares les pusieron cadenas y candados a las porterías. “En el camino había que atravesar cuatro o cinco barricadas custodiadas por jóvenes drogados o en algunos casos por señoras bien encopetadas que amenazaban a quien fuera a votar: había que inventar alguna disculpa”. Y, no obstante, en los centros de votación había filas inmensas de
gente para votar.

Al final de la jornada hubo un operativo de seguridad despejando todas las calles, el regreso fue muy tranquilo porque la oposición había abandonado todas sus barricadas. Los principales orientadores de la escalada de violencia, muchos de ellos alcaldes y diputados de la oposición, huyeron fuera de Venezuela, pues los bandoleros que habían contratado, al ser arrestados, los delataron. Una de las primeras medidas que tomó la Asamblea Constituyente fue adelantar las elecciones de gobernadores para el 15 de octubre. Aunque era parte de lo que pedía la oposición, ahora ella misma se encuentra descolocada y derrotada moralmente, hundida incluso en peleas internas. Entre tanto, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dice que no descarta la posibilidad de una intervención militar en Venezuela y de paso le declara un bloqueo económico. “Los que no creían que Estados Unidos estaba detrás de la conspiración -concluye Hernán-, ahora ya saben de qué se trata todo esto”.

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