La lucha no se jubila, no puede jubilarse

Por Betty Ciro

Con este lema, hace diez años, nació la Comisión de Jubilados del Magisterio como parte orgánica de la Asociación de Institutores de Antioquia –ADIDA. Entre los pioneros de la idea de la creación de la Comisión se suscitaban varios interrogantes somo la forma organizativa que asumirían y la manera de subsistir si no se contaba con una cuota de los afiliados. Finalmente lograron ponerse de acuerdo y triunfó la idea de no cobrar ningún dinero para pertenecer a ella. Afuera, sin embargo, se notaban intereses de exdirectivos y directivos de ADIDA, que buscaban la forma de cooptar la Comisión o de impedir que ésta funcionara con los objetivos que se le estaban trazando.

Superados estos primeros obstáculos, la Comisión ha ido creciendo y desarrollando lazos de amistad con sus organizaciones hermanas como la Asociación Nacional de Maestros Jubilados (ANMAJU), cuya existencia data desde 1952 y con el capítulo departamental de la Asociación Nacional de Educadores Pensionados (ANEP).

Los 600 maestros actualmente reagrupados en la Comisión, adultos mayores en su generalidad, no han olvidado la necesidad o, mejor, la obligación de luchar por unas condiciones de vida dignas; es que esto lo aprendieron durante su larga existencia de trabajadores de la Cultura. Es el caso de Angélica, quien actualmente se desempeña como secretaria y en cuyo cuaderno de Actas se puede apreciar la impecable letra manuscrita con estilo gótico a la mejor manera de los maestros de su época.

Estos docentes, que provienen del pueblo, estuvieron al lado del pueblo en el ejercicio de su profesión, continúan sintiendo que sus luchas son las mismas de sus hermanos de clase, por ello tienen como una de sus banderas principales conseguir que la salud sea un derecho y no un negocio como en la actualidad. Ninguno de ellos puede olvidar cómo en el año 1989 les fue impuesta la Ley 91 que arrasaba con varios derechos de los maestros y que, sobre todo, sirvió como laboratorio para luego imponer la Ley 100 que, según ellos, convirtió en negocio la enfermedad y la muerte. No pueden los maestros curtidos por la vida dejar de recordar el autor de estas leyes, condecorado como mejor senador de la República en aquella época y que luego sería el primero en hacerse reelegir como presidente para continuar desarrollando su política de “Seguridad Democrática”.

Viejos, ¡a mucho honor!

Con la conciencia de haber vivido lo suficiente para tener derecho a ciertas prerrogativas, los maestros de la Comisión de Jubilados se han dispuesto a exigir el cumplimiento del trato preferencial que su condición requiere, al lado de los discapacitados, las embarazadas y los niños. A pesar de estar legislado en la Circular externa Nº 000004 de la Supersalud (del 20 de marzo de 2015, dirigida a las EPS, IPS y a las entidades territoriales), este trato preferencial no es más que letra muerta, así como otras leyes que desde 2007, 2008 y 2011 se han ocupado de este asunto, pero sin lograr que se respeten los derechos de esta población. ¿Será que en Colombia se aplica esa frase de Tácito, el historiador romano: “Cuanto más corrupto es el Estado, más leyes tiene…”?

Aunque hayan pasado los años y los jubilados retirados ya no ejerzan la docencia, ese saber acumulado no se puede desperdiciar. Así lo han entendido los agrupados en la Comisión que a lo largo de una década se han reunido mes a mes para informarse, encontrarse, charlar, compartir y muy especialmente para organizarse de acuerdo a sus aptitudes. Los unos en la Coral que ha sido dinamizada en los últimos meses por maestras del talante de doña Inés Rojas, quien, con 88 años de edad, toca la guitarra y canta con esa voz que ni siquiera los años ha logrado acallar; también doña Leonila se ha sumado a este grupo conformado por Nelson, Alicia, Darío, Ofelia, Alberto, Berenice, Anunciación, Sigifredo, Martín, Emperatriz, Jorge, Mabel, Amparo, Cecilia, Jorge y Gilberto.

Y cómo no hablar del grupo de teatro que se está ganando el reconocimiento depropios y extraños y hasta se presentó en el Festival de Teatro de Yolombó, con su obra “Anacleto Morones”, basada en el cuento de Juan Rulfo. Ahora prepara su segunda obra sobre la Revolución de los Comuneros. Pero, hay más talento, esas maestras y maestros cuyas manos transforman cualquier material de reciclaje en obra de arte, han estado ahí, comandados por Luz María para organizar, con lo producido durante las clases de artesanías, la exposición artística que se realiza cada año en la sede de ADIDA.

Y como la salud mental cuenta y el ejercicio físico es más necesario que nunca, ahí están los grupos de yoga, danza y baile que han aportado en el mejoramiento de la calidad de vida.

Pero aún falta la referencia a la producción intelectual que no es de poca monta en este gremio. Los Tres Encuentros de Poesía y Declamación (en homenaje a José Asunción Silva, Mara Agudelo y Carlos Castro Saavedra) dan cuenta de valores literarios presentes en el magisterio jubilado. De igual forma, es destacable la realización de los programas virtuales “Magisterio, cultura y lucha” (en radiocipaestereo.es.tl) y “El mundo, un colectivo en construcción” (este último, en alianza con el Periódico El Colectivo), sobre la geopolítica nacional y mundial.

La constancia vence lo que la dicha no alcanza

La persistencia de los responsables de la Comisión de Jubilados del Magisterio logró la reafiliación de centenares de ellos al Fondo de Auxilio Solidario por Muerte, calidad que habían perdido al salir de la vida activa y olvidar la cotización anual (que antes era por nómina). Así que quien esté dispuesto a recuperar el derecho, paga las cuotas adeudadas y es reactivado al Fondo.

La Comisión de Jubilados, con la convicción de que la lucha no se jubila, visitó el departamento del Cauca para participar en el Encuentro de Liberadores de la Madre Tierra y lograr el conocimiento directo de la ejemplar lucha del magisterio caucano (integrado en ASOINCA) contra el negocio de intermediación en la salud, así como de sus proyectos productivos en el marco de la lucha por un poder popular. Esta es también una forma de luchar contra el olvido.

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