Lahares en la memoria

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Fotos: Jhony Zeta

Por Jhony Zeta

Historias, recuerdos y preguntas circulan entre las laderas y planicies del norte del Tolima. Bajan las historias de la corona del Cumanday, gigante venerado por los indígenas, montaña sagrada a la que la usurpación española cambiara por el nombre de nevado del encomendero Francisco Ruiz. Bajan al valle los recuerdos, recios y vitales, como lo hacen todavía los ríos Lagunillas, Sabandija y Cuamo, nutriendo la memoria verde, blanca y amarilla de los sembrados que otrora fueran una de las mayores despensas agrícolas del país en arroz, algodón, sorgo y maíz. Algunas preguntas cumplen 32 años de edad y se siguen elevando con raíces y troncos arbóreos, entre y sobre las ruinas desoladas de una ciudad que hasta el 13 de noviembre de 1985 tenía cerca de 30.000 habitantes.

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Lahar es una palabra de origen indonesio que describe un tipo de flujo de lodo originado en las laderas de los volcanes cuando la ceniza volcánica y los escombros se saturan con agua y fluyen rápidamente cuesta abajo. De estos se sabe que son cíclicos y por ende predecibles, tal como lo advirtieron algunos científicos, montañistas, músicos y políticos locales antes de 1985 para referirse a la vulnerabilidad en que se encontraba la población de Armero en caso de que el volcán hiciera erupción, como sucedió en 1592, 1700 y 1845, y como calculan lo hará de nuevo en 2095 y 2235. Ese peligro descreído arrasó y cubrió en pocos minutos los sueños de más de 22.000 personas.

Lahares de memoria para reconocer lo que somos: pequeño amasijo del universo naturaleza. Lahares de memoria ante la negligencia estatal, exonerada de responsabilidades en la tragedia de Armero, que llegó a ser desmentida horas y días después de ocurrida.

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Entre las preguntas que cumplen 32 años también están las de los desaparecidos del Palacio de Justicia una semana antes de Armero. Dos memorias ígneas que todavía llueven en los ojos de los sobrevivientes, de los sin padres, de los sin hijos, de los con sed y hambre de justicia, los que vamos siendo, los bastantes.

Lahares de memoria por un país que sigue buscando como no perder la fuerza del flujo y el torrente de su propia identidad.

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