Argentina: un país que empieza a movilizarse

movilizacion en argentina
Foto: Tomada de elintransigente.com

Por Juan Carlos Stigliano

Vamos a viajar un poco hacia el pasado, para saber qué fue lo que nos prometió a los argentinos un mediodía del día 10 de diciembre del 2015, en la Asamblea Legislativa para la jura, nada más y nada menos que el propio presidente Mauricio Macri .

Las siguientes fueron algunas de sus frases de ese día “Quiero darle todo mi apoyo a la Justicia independiente, en mi Gobierno no habrá jueces macristas”, “Tenemos que sacar el enfrentamiento del centro de la escena. Los invito a aprender el arte del acuerdo”, “Vamos a universalizar la protección social, para que ningún chico quede desprotegido”, “Quiero ser el presidente del trabajo, de las soluciones y de una Argentina unida”, “Trabajaremos para que todos puedan tener un techo con agua corriente y cloacas”, “Vamos a urbanizar las villas para transformar para siempre las vidas de millones de familia”, “Quiero reiterarles un mensaje de confianza decirles que este gobierno que iniciamos hoy va a trabajar incansablemente los próximos cuatro años para que todos los argentinos, especialmente aquellos que más nos necesitan al terminar estén viviendo mejor”.

Hoy, mes de marzo del 2018, nos encontramos con un panorama muy distinto al prometido ese día en el congreso. Ya son varios los actos multitudinarios en un país que se mueve y se moviliza, desde manifestaciones a lo largo y ancho de país, millones de ciudadanos en las plazas o simplemente  gente que cuelga banderas con inscripciones en sus casas o autos: la creatividad se supo notar para estas cuestiones.

Pero jamás nos podríamos haber imaginado las respuestas del gobierno a toda esta cantidad de reclamos. La respuesta a las masivas movilizaciones no solo fue disminuir el número de la convocatoria y desestimar los motivos, sino que agentes de Gendarmería y de la Policía comenzaron a arrojar gases lacrimógenos y balas de goma contra un grupo de manifestantes. Se destacan las “detenciones indiscriminadas” durante la manifestación del Día de la Mujer el 8 de marzo, la represión “con violencia” a los docentes que en abril reclamaban por salarios justos y las 31 personas “violentamente detenidas y retenidas” durante dos días en comisarías tras “una manifestación masiva” por la desaparición de Maldonado.

En diciembre, cuando una multitud salió a las calles para repudiar la reforma previsional, “la Policía hizo un uso excesivo de la fuerza y hubo denuncias de detenciones arbitrarias de Naciones Unidas que exigió la “liberación inmediata” de Sala, y se atendió solo “parcialmente” el pedido de la CIDH (Comisión Interamericana de Derechos Humanos) “ya que las condiciones impuestas” en el arresto actual no cumplen “las normas nacionales e internacionales”.

Pero sin duda, una de las manifestaciones que más movilizó los sentimientos más profundos del pueblo argentino fue la que ocurrió en diciembre contra la reforma previsional. Los efectivos de la Policía Federal actuaron con el respaldo de la Prefectura, reprimiendo a jubilados que se movilizaron por el  reclamo de un aumento de haberes. Con empujones, patadas y arremetiendo con sus escudos contra los que hacían el bloqueo y pateándolos por lo bajo, mientras un carro hidrante les arrojaba agua, los efectivos desalojaron del lugar a los manifestantes, que esperaban la llegada de los medios para dar difusión a su pedido antes de liberar un carril al tránsito.

Una manifestante de 68 años contó que le lastimaron la pierna con las patadas. Sánchez, de 73 años, señaló que su organización había anticipado la manifestación en el puente. “Nos dijeron que dejáramos un carril libre. Les contestamos que sí, cuando vinieran los medios, que nosotros nos corríamos, que incluso nos íbamos, porque lo que queríamos era que el reclamo trascendiera. Pero nos pegaron antes”. A él le lastimaron una mano. “Otros tienen golpes o las piernas hinchadas. No parecen heridas graves, pero nunca se sabe cuándo es grave una herida en las piernas para una persona mayor”.

Debemos como ciudadanos empezar a leer entrelineas el doble discurso del Presidente y su entorno. Cuando dicen que van a preservar las instituciones de la República, las vulneran escandalosamente sustituyendo al Parlamento a través de un DNU a partir de una interpretación abusiva de un artículo de la Constitución, con un artilugio que avergüenza aún a los constitucionalistas que los apoyaron. Cuando dicen que van a preservar la libertad de prensa, debe leerse que van a acrecentar el poder monopólico de los grandes directores de conciencia del siglo XXI. Cuando dicen que quieren respetar la ley, se apresuran a vulnerar con arbitrarios esquemas ministeriales y complicidades deshonrosas de miembros de la Corte, a los órganos encargados de aplicar una ley democrática de medios de comunicación aprobada por el parlamento y miembros de esa misma Corte.

Cuando dicen que van a conservar las políticas de derechos humanos aplican “la emergencia en seguridad”, reprimiendo violentamente a los trabajadores, jubilados y movimientos sociales. Cuando dicen que desean incorporar a las tareas públicas a argentinos de buena voluntad, se convierten en lóbregos reclutadores de conversos políticos, alcanzados por la fiebre del neutralismo de la Ciencia y la Tecnología o por la obsesión de figurar siempre en algún lugar del poder formal. Cuando dicen que su insignia es la ley y la constitución, y cuando redundaron en toda la prensa oficial con su fe en el armazón jurídico que todos respetamos, nombran jueces supremos de forma subrepticia y atacan con arsenal viciado de ilegalidad a un nombramiento legítimo de la Procuradora General de la Nación.

Cuando emerge de entre sus filas una parte importante de su verdad, cual es el ataque a la modernidad democrática por parte de los centuriones de la moralidad ultramontana, sacan a relucir a sus jóvenes gerentes especializados en técnicas racionalizantes y modernas de ajustar el empleo público.

Han pasado dos años, y muchos compatriotas ya comienzan a medir la distancia entre las promesas de felicidad para todos y las medidas de gobierno que resultan en ganancias fabulosas para pocos y brutal pérdida de ingresos para la mayoría. En definitiva, se empezó a dimensionar la gran estafa electoral.

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