En Colombia hubo una guerrilla

En colombia hubo una guerrilla
Foto: Tomada de ojosparalapaz-colombia.blogspot.com

Por Rubén Darío Zapata

El caso de Víctor Bout (un exmilitar soviético) ilustra claramente lo que puede pasar con Santrich, porque se trata de un libreto prefabricado que se aplica siempre igual en diversas situaciones. No es la menor de las coincidencias la visita reciente a nuestro país del actor Nicolas Cage, el mismo que protagonizó la película en la que Bout es el terrorista, traficante de armas, que debe apresar la justicia estadounidense, valiéndose de las infiltraciones “ilegales” de sus agentes. El propio actor ha confirmado ante la prensa que su estadía aquí tenía que ver con el rodaje de su nueva película Running with the devil, basada supuestamente en la experiencia personal de su director Jason Cabell, quien trabajó con la DEA en Colombia y “prestó sus servicios” en más de 100 países. Parece que la trama gira en torno a un cargamento de cocaína que sale de las selvas de Colombia con destino a Estados Unidos y Canadá, cuya ruta precisamente debe descubrir el policía bueno. Como observa irónicamente el cineasta y analista Juan Carlos Vallejo: ¡No se sorprendan si el malo de la película es ciego!

Aprovechando que Bout estaba en bancarrota, la DEA encontró a un antiguo amigo de éste para que le propusiera un negocio con uno de sus aviones de carga. Bout se reunió con los supuestos compradores, dos guerrilleros de las FARC que en realidad eran agentes encubiertos e insistieron en que querían comprar armas. Aunque el exmilitar no selló ningún negocio ni confirmó que estuviera dispuesto a hacerlo, fue capturado durante la misma reunión y luego extraditado a Estados Unidos.

Vallejo nos muestra (en http://www.radiocafestereo.nu/index.php/component/k2/item/3123-bout-santrich-preocupantes-coincidencias) cómo la trampa contra Bout se legitimó en la opinión pública a partir de todo un trabajo mediático. Además de la película ya mencionada, se publicó el libro El señor de la guerra, que rápidamente se convirtió en best seller y dos publicistas de renombre, Stephen Brown y Douglas Farah, publicaron El Mercader de la Muerte, también referido a las supuestas actividades terroristas de Bout. El bombardeo mediático llegó al extremo de poner a circular un videojuego donde Bout era el malo al que había que eliminar. Todo ello incidió en el fallo. La jueza Scheindlin, que lo condenó a 25 años de cárcel, confesó después que le había dado la pena mínima contemplada para su delito, porque no había evidencia de que Bout lo hubiese cometido. Por su parte, Hither Hobson, que había participado en el jurado, confesó que la película protagonizada por Cage la había horrorizado y la convenció de votar “culpable”.

En el caso de Santrich también hubo infiltrados de la DEA que querían inducirlo a las negociaciones con el cartel de Sinaloa, y las pruebas que la Fiscalía ha presentado hasta ahora, basándose en la información recogida por esos infiltrados, son tan débiles que podría desmontarlas un estudiante de derecho de tercer año: una conversación con Marlon Marín en la que no se dice nada realmente inculpante, una foto con el mismo Marín; un cuadro en el que Santrich le hace una dedicatoria a Rafael Caro (Capo del cartel de Sinaloa) agradeciéndole su compromiso con la paz, y por último las declaraciones que hayan dado los propios agentes de la DEA infiltrados. Sorprende, por lo demás, que la DEA y la Fiscalía Colombiana hayan renunciado a la posibilidad de atrapar a Santrich con “las manos en la masa” y más bien se hayan apresurado a encarcelarlo con pruebas tan superfluas. Pero, tal como se evidencia en el caso de Bout, lo de las pruebas es lo de menos.

Las preguntas entonces saltan a la vista: ¿por qué ensañarse en todo este montaje contra un ciego, cuya organización, al borde de la derrota militar, ha firmado unos acuerdos con logros mínimos y que hasta ahora el Estado parece negarse a cumplir? Hoy por hoy Santrich y su organización no son una amenaza para el régimen colombiano y mucho menos para la seguridad nacional de los Estados Unidos. Entonces, ¿qué es lo que pretenden?

En este caso la extradición de Santrich no es, como normalmente ocurre, un favor para el gobierno gringo; más bien es éste quien les devuelve el favor a sus incondicionales colombianos. Y la infamia no se dirige solo contra un individuo (Ya los medios de Estados Unidos ventean la existencia de una investigación de la DEA a propósito de los vínculos de Iván Márquéz con el mismo cartel de Sinaloa), ni siquiera contra una organización, y mucho menos contra un proceso de paz cuyos acuerdos principales parecen haberse quedado en el papel antes de que la derecha cumpla su amenaza de volverlos trizas en su próximo gobierno. Se trata más bien de un mensaje claro en el que se advierte a aquellos que han querido transformar la sociedad y lo han intentado mediante la insurrección que las puertas del Congreso tampoco son un escenario para poner a jugar sus intenciones. Por eso no es gratuito que el protagonista de esta película sea la cabeza más lúcida que pondría el partido FARC en el Congreso, aquella capaz de despertar simpatías por su proyecto político.

De paso, y acaso lo más importante, se pretende borrar no ya físicamente (aunque esta pretensión se sostiene) sino simbólicamente al enemigo, borrando su proyecto de la memoria colectiva. Si Santrich (y además Márquez) es condenado por narcotráfico, así sea con pruebas vacías y prefabricadas, se impondrá la narrativa oficial según la cual esta insurgencia nació como resultado de las ambiciones desmedidas de un grupo de facinerosos, y además narcotraficantes, que quisieron legitimar su acción delictiva como proyecto político. Esto, además, les dará carta blanca a los sucesivos gobiernos para desconocer los acuerdos, incluso aquellos que no pretendían beneficios particulares para los combatientes sino transformaciones concretas de las estructuras sociales, como la reforma agraria y la apertura política. Por eso este montaje no afecta solo a Santrich, aunque pague la infamia en su persona; la sociedad en su conjunto, y sobre todo el ELN deberían tomar atenta nota de ello.

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