Por las innombradas escuelas de Salgar

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Fotos: Andrés Álvarez

Por Andrés Álvarez

Hace pocos días, el expresidente de Colombia y actual senador, Álvaro Uribe Vélez, sorprendió a sus seguidores en la red social Instagram al publicar lo que el portal digital de Caracol Radio calificó como “una tierna imagen”, en la que rememoraba su infancia, en tierras de Salgar, suroeste antioqueño, junto a su hermano Jaime, ya fallecido. En la foto, el líder del Centro Democrático aparece sobre un caballo, en el que, según el propio Uribe, se dirigía a la escuela, donde estudiaba con una “noble profesora rural”.

En esta reciente campaña electoral hacia la presidencia ha sido evidente el orgullo que sienten muchos pobladores de Salgar por ser coterráneos de tan insigne personaje. Por eso, la mayoría se la jugó en estas recientes elecciones por aquel a quien nombró el renombrado innombrable. La pancarta en el desvío hacia Salgar de la carretera que viene de Bolombolo hacia Andes dejó ver un primer asomo de la fuerte apuesta publicitaria, la que se hacía todavía más notoria en el parque municipal y en cada Jeep y taxi del servicio público. Sin mencionar los negocios del pueblo o los centros poblados como la vereda La Clara, donde se ven anuncios de campaña del que dijo el salgareño ilustre.

La situación anterior la pude constatar estando en el municipio y en el mencionado centro poblado, además de otras veredas que por cuenta de mi trabajo en las escuelas rurales de esa zona pude visitar por estos días.

Según la nota publicada en el portal de Caracol Radio, el expresidente de marras estudió en una escuela rural del mencionado municipio antioqueño. Lo que sorprende es el fervor de los salgareños por un coterráneo que ha pasado por los más altos cargos de poder en el país, dejando prácticamente intactas las difíciles condiciones de su municipio y de sus pobladores. Eso se constata al menos en la situación de las escuelas rurales, e incluso las del casco urbano.

En primera instancia, se debe mencionar el deteriorado estado de la vía que conduce al casco urbano desde la carretera hacia Andes. Traté de contar los huecos y perdí la cuenta en el ejercicio de evadirlos en mi motocicleta mientras transitaba por la cuenca del río Barroso, que no obstante la belleza de su cañón, exuberante de vegetación, resulta ser un paraje propicio más bien para un Rally.

Aproximadamente dos kilómetros antes de llegar al casco urbano, a mano derecha, está el desvío hacia las veredas La Hermosa, La Famosa, La Amagaceña y el poblado de La Clara, entre otros lugares cuya carretera principal, que es terciaria, se diferencia de la primera solo en el material, porque en materia de huecos es la misma realidad: una vía en pésimas condiciones, a lo que se suman los derrumbes, que durante los inviernos de mayo son más frecuentes.

Por ambas carreteras vi pasar vehículos tanto públicos como privados con el sticker del candidato del innombrable. Y la primera pregunta que me surgió fue: ¿Cómo un municipio puede estar tan mal en materia vial? Esto me lo pregunté pensando en las vías terciarias de Ciudad Bolívar, de Andes y de Jardín, por las cuales también transito para ir a las escuelas rurales, cuyo estado no es tan malo.

Estando ya en las escuelas, precisamente haciendo un ejercicio de diagnóstico de las mismas, pude ver su dura realidad y el estado terrible de carencias y dificultades. Entonces tuve que preguntarme: ¿Cómo puede un municipio tener tan descuidadas sus escuelas rurales?

El servicio de restaurante escolar no se presta desde el año pasado porque al único proponente no le parecieron buenos los precios que el Estado paga por tal servicio. Las escuelas tienen los espacios de cocina, las dotaciones, los comedores, con todo el esfuerzo que esto ha representado en inversión y aportes de las comunidades; pero no hay voluntad del único privado del municipio para asumir una tarea tan vital, sobre todo en estos parajes tan pobres y abandonados. De hecho, muchos niños han desertado del sistema escolar por este motivo.

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De siete escuelas que visité, cuatro tenían problemas con la legalización de sus predios, motivo por el cual no han podido realizar la debida escritura pública ni mejorar su infraestructura. En las cuatro el problema es el mismo: dueños de tierras aledañas reclaman como suyos los predios donde están construidas las escuelas. Sorprendente en una zona cafetera donde se supone que la tierra está menos concentrada. Y sorprende también que particulares reclamen tierras destinadas a un fin tan noble.

De las siete escuelas, tres están en amenaza de riesgo por deslizamiento, otras tienen sus canchas en mal estado y todas tiene problemas en sus techos. Podría incluso hablar de la institución educativa de Peñaliza, también de Salgar y ubicada al lado de una vía principal, pero solo diré que tiene riesgo de inundación por el Río Cauca.

Y aquí uno se pregunta: ¿siendo este pueblo la cuna de tan renombrado innombrable, por qué no se nota su invisible mano para que la educación rural esté menos mal, máxime si el personaje en cuestión estudió en una de sus escuelas? ¿Por qué los compatriotas de la patria chica del trinador (¿o tronador?) expresidente son tan de-votos, a pesar de las malas vías y de las abandonadas escuelas?

Esta situación contrasta con el empeño de quienes día a día trabajan en estas escuelas por un mejor futuro para su comunidad: en las siete escuelas visitadas puedo dar fe del compromiso de los docentes por su labor educativa, la calidad de sus clases y el amor por sus niños y comunidades, a pesar de las carencias y el abandono estatal al cual se sobreponen. Son, puedo decir con certeza, nobles profesores rurales sin comillas, pues dan amor a unos niños que en su mayoría van todos los días a pie y muy pocos en mula, como lo hacía años atrás el entonces Alvarito, quien desarrolló un gran amor por las mulas (aprendiendo mucho de su terquedad) y no tanto así por las escuelas rurales que le dieron la posibilidad de cursar sus primeros años, aprender a leer y así poder nombrar las cosas, incluso las innombrables, como abandono estatal o educación digna.

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