Sorori Trueque, educando para el consumo consciente

Por Diana Lopera Montoya

Las invitamos al aquelarre para el intercambio entre mujeres como forma alternativa al capitalismo. Intercambio sororo, directo y sin mediación de dinero. Trae tus prendas, accesorios, zapatos, música, películas, libros y habilidades como peinados, masajes, baile, tejidos”.

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Foto: Cortesía Sorori Trueque

Así comienza la invitación del pasado 8 de septiembre, para un lugar llamado: La Red-vuelta, en el corregimiento de San Antonio de Prado. Allí llegamos varias mujeres animadas por el espíritu del intercambio solidario y desprevenido. Nos reunimos convocadas por los colectivos de mujeres: Confluencia de mujeres para la acción pública, Castillo de Brujas y el Grito de las brujas de San Antonio de Prado.

Una iniciativa de varias mujeres, dispuestas a hacerle un contrapeso al capitalismo voraz en el que las mujeres somos las más implicadas, o por decirlo de otra forma, las que frecuentemente caemos en la condición de ser consumidoras de todo cuanto los medios de comunicación, o las tendencias de la moda nos imponen.

Antes del encuentro, la mayoría de las asistentes somos conscientes de que tenemos prendas que hace mucho no utilizamos, inclusive que hemos guardado objetos hace mucho tiempo y ya no tenemos uso para ellos. Algunas hemos empacado accesorios para intercambiar porque sencillamente nos hemos cansado de verlos y otras porque dichos objetos representan un valor sentimental al cual ya no quieren estar atadas, y las demás hemos empacado algo por el simple hecho de tener algo que truequear.

Este espacio, que sin duda tiene un valor educativo, formativo, y sobre todo lúdico, hace que las mujeres en lugar de ir a comprar como es el mandato del mercado, decidan hacer intercambios de objetos y prendas sin ninguna intermediación de dinero. En definitiva, es un espacio dispuesto para todo tipo de cambalaches, mediados por las ganas, los abrazos, las negociaciones verbales, todo vale, menos el dinero. Todas nos fuimos a casa con cosas nuevas, y con la sensación agradable del encuentro.

Se recogen a continuación varios testimonios de mujeres que asistieron al encuentro en el que dan un significado a la gestación de este tipo de espacios y lo que se vivió en él:

Es un espacio para juntarnos y para crear relaciones diferentes entre nosotras, que son necesarias para convivir unas con otras sin competencia, sin enemistades y más bien bajo sororidad; son espacios familiares, no hay ni siquiera que saber el nombre de la otra para ya quererla y entenderla en la medida en que hemos vivido cosas similares” (Alejandra Ruiz).

El soritrueque rompe con el molde del consumismo y el interés económico y se sostiene bajo una lógica de desapego material y el interés de ver a la otra compañera entusiasmada con su nueva prenda, accesorio, libro y demás. Además de crear encuentro y escenarios para compartir entre mujeres de la ciudad” (Yesica Restrepo Puerta – Yeya).

Sororitrueque es un espacio de intercambio solidario entre las mujeres, donde no hay una mediación ni desde lo económico ni desde la competencia; es un espacio para la diversión, la ayuda y la posibilidad de acceder a muchas cosas de una forma distinta. Es un encuentro que posibilita la construcción de vínculos para el trabajo colectivo. Lo bello de esto es que es una posibilidad que se puede replicar en el aula, en la casa, con amigos y amigas, y en la comunidad más amplia de la cual hacemos parte” (Janeth García Gallego).

Los testimonios dan cuenta de cómo este espacio posibilita una forma alternativa y diferente de aprender a consumir; algunas mujeres llegaban nuevas al lugar y les parecía increíble que desinteresadamente se pudieran adquirir e intercambiar prendas, donde el valor de cada objeto era puesto por quien lo necesitaba o lo quería ofrecer. Un libro podía ser cambiado por unos aretes, o un jean por un florero, así entonces no era truequear por lo igual, sino por lo necesario.

El trueque que en antaño fue una forma de sobrevivir de nuestros ancestros, una forma de vivir en comunidad, de generar lazos, vínculos, solidaridades, vuelve a la escena actual, diciéndole al sistema de mercado, a nuestras amigas y a las comunidades que hay otras formas más generosas de adquirir, de soltar y de compartir. Y esas formas son fruto de preguntarnos sobre lo que necesitamos realmente o sobre lo que adquirimos por responder a estándares del mercado, de la belleza, de la sociedad, o por una insatisfacción continua como mujeres, que solo llenamos yendo al centro comercial a consumir desmedidamente.

El trueque se abre desde la esperanza, para concebir un mundo mejor y un desarrollo donde lo humano y la naturaleza sean las banderas de un buen vivir, para forjar espacios y pensar unas sostenibilidades que comulguen con el ser humano, que respeten lo ambiental y que no crean que solo por el hecho de ser humano puedo comprar y tirar sin pensar en las consecuencias presentes y futuras.

El trueque implica al otro y a la otra en una dinámica diferente, solidaria, desinteresada, donde las demás personas me importen por lo que son y no por lo que tienen, donde dejemos de lado las preguntas desde un estatus económico y más bien optemos por cercanías y afectos desde el encuentro con los demás.

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