Mercados campesinos en Villavicencio: experiencias de aprendizaje y solidaridad en la ciudad

Foto: César Reyes

Cada sábado, campesinos y pequeños productores arriban desde tempranas horas del día, o bien al polideportivo del barrio El Virrey o de La Esperanza (VII Etapa). Allí instalan sus puestos de ventas y dan inicio a una nueva versión de los Mercados Campesinos, un evento que hoy es una institución en Villavicencio, y que debe su existencia a la voluntad y persistencia de personas que reconocen la importancia de los campesinos en la sociedad.

Por César Reyes y José Abelardo Díaz Jaramillo

De El Calvario y San Juanito, en la parte alta de la cordillera, procede el lulo, tomate de árbol y mora; el tomate de guiso, habichuela, alverja verde, papa gruesa y papa criolla, cebolla cabezona, mazorca, proceden de Fosca y Cáqueza, municipios del oriente de Cundinamarca. De Guamal, Acacias, San Martin, Granada, Fuente de Oro, El Castillo, Lejanías y otras poblaciones de la región del Ariari, llega el plátano, yuca, aguacate, plátano hartón y bocadillo, maracuyá, naranja y el limón, cultivados con esmero por asociaciones de pequeños productores. La oferta pecuaria representada en huevos, pollo campero, carne de cerdo, “cuajada”, trucha, huevos de codorniz, miel de abejas, proviene de Puente Abadía (vereda de Villavicencio), y de San Juanito y el Calvario.

La gastronomía tiene también su espacio en el mercado campesino, dando al consumidor la oportunidad de degustar platos especiales como los tamales, aborrajados de plátano, queso y bocadillo, hayacas llaneras, lechona, fritanga a base de cerdo y cordero asado, el reconocido pan de Sagú, y bebidas como la chicha de yuca y los jugos de frutas. También se ofertan semanalmente artesanías, plantas medicinales, ungüentos y pomadas a base de coca y marihuana, así como plantas decorativas de distintas especies.

El origen de los Mercados Campesinos se remonta al 26 de septiembre de 2011, cuando, en el marco del centenario del municipio metense de El Calvario, se dispuso la organización de un mercado campesino y una muestra gastronómica en el parque principal de Villavicencio.  El acto tuvo una entusiasta acogida, lo que motivó a los organizadores a realizar otro evento similar, a la vez que se amplió la invitación a participar a organizaciones rurales del Meta e instituciones como la Universidad de los Llanos. Precisamente, desde esa universidad, y en particular, desde el programa de Ingeniería Agronómica, se formalizó la oficina de apoyo al pequeño productor rural, que ha brindado asistencia logística y técnica.

Con más de 200 versiones y 9 años de existencia, los mercados campesinos representan una invaluable experiencia de acción colectiva – hoy hacen parte cerca de 22 asociaciones de campesinos y pequeños productores, las cuales reúnen a más de 300 productores – que expresa múltiples sentidos simbólicos y enseñanzas prácticas. Por ejemplo, ha permitido constatar, aunque suene extraño, la existencia de los campesinos, algo que suelen perder de vista quienes residen en los centros urbanos. De hecho, los mercados campesinos nos invitan a recordar que, sin el campo y sin los campesinos, la vida en las ciudades sería difícil, en tanto que es en aquel lugar en donde se siembran y cosechan los alimentos que los seres humanos consumimos en las ciudades.

Además, los mercados campesinos son una gratificante expresión de la cultura campesina – permiten, de hecho, rescatar viejas tradiciones en torno al consumo alimenticio – en la ciudad: apenas bastan unos minutos de estancia allí para, a través de los olores de productos frescos o de comidas, o de la música carranguera, sentir que el barullo de la ciudad desaparece y nos trasladamos a alguna vertiente de la cordillera oriental.

Es importante señalar que alrededor de los mercados campesinos se manifiestan relaciones de solidaridad y trabajo en equipo, tejidas por personas que tienen asiento tanto en la zona urbana de la capital del Meta como en las zonas rurales de varios municipios aledaños. En esas relaciones se han construido y fortalecido concepciones en torno a la soberanía y la seguridad alimentaria, como condiciones esenciales de existencia para las comunidades rurales y urbanas.

Además, los mercados campesinos han permitido el surgimiento de una concepción distinta de la comercialización de alimentos: como lo indica Eudoro Álvarez, “el mantenimiento en el tiempo de mercados presenciales periódicos en los cuales consumidores compran alimentos frescos, de calidad y a precios más justos a los mismos productores y productoras del campo, quienes a su vez logran mejores retribuciones a su trabajo mediante este proceso, constituye una operación comercial promisoria hacia la construcción de canales más adecuados de comercialización de alimentos”. En efecto, la intermediación comercial, un problema central en la economía campesina, se ha eliminado en los mercados, mejorando los ingresos de los campesinos y pequeños productores, lo que ha redundado en un mejoramiento de sus condiciones de vida.

También los mercados campesinos se han constituido en un espacio de intercambio de conocimiento, derivado de la interrelación entre campesinos y técnicos: son, en efecto, espacios en donde circulan y se complementan conocimientos científicos con saberes tradicionales del campesinado, relacionados con temas como la producción, comercialización, formulación y aplicación de política agraria. 

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