El hombre que encontró los colores de la memoria

Por Jhonny Zeta

Monumento a los indígenas, Capilla del Hombre

Hay hombres que se buscan a sí mismos en los colores del presente y el pasado, que comulgan con la universalidad creativa de las preguntas, de las formas y texturas, exploradas por quienes les antecedieron. No se dicen creadores, sino es por el reconocimiento a las culturas y raíces que corren por sus venas. Fue Oswaldo Guayasamín (Quito, 6 de julio de 1919 – Baltimore, 10 de marzo de 1999) el hombre que caminó la memoria de su pueblo, la de su amada ciudad, Quito, centro de la tierra,la de los negros, indígenas y mestizos de México a la Patagonia. A lo largo de su vida le fue poniendo color a los sentimientos, a la desesperanza, al miedo y el desamparo, pero también al grito, a la lucha y a la resistencia. Sus palabras son también testimonio de lo que fue su brega y hacer en el mundo:

…Tengo alrededor de 4.500 o 5.000 piezas de arte arqueológico, lo he hecho por mi afán de conocer mi mundo anterior y ser consciente de lo que hicimos milenios atras.

…La imagen que tengo es la de un clavo y un martllo en un mismo sitio, ir golpeando para tener el conocimiento al fondo del clavo, para saber de dónde vengo. Los cuadros que pinto son para conocer a fondo a un grupo humano, por ejemplo, el amor, el odio, la ternura. El odio es un sentimiento común a todas las culturas, pero la forma en que expresa el odio un negro es completamente distinta al odio en que puede hacerlo un blanco, digamos Hitler o Pinochet. Cada pueblo tiene una manera de decir las cosas… en la tela dejo estas angustias, pero también quiero que sean partícupes los demás, que sepan a dónde hemos llegado, la crueldad del hombre contra el hombre.

En Guayasamín, la pintura es un testimonio permanente y cotidiano, un batallar a golpe de memoria, un compromiso firme de denuncia contra el saqueo y la usurpación europea, contra la explotación desmedida de nuestramérica, contra la injusticia y las angustias de la enorme masa de seres humanos que sufrieron las inclemencias de las guerras y conflictos durante el siglo XX.

…Soy un clavo que va penetrando cada vez más adentro de mi realidad, de lo que me rodea, de las angustias de los seres humanos en la tierra.

…Desde una crítica para una exposición realizada en San Francisco, decían que mis cuadros son como tirar un piano de un alto piso de un edificio, así de brutal y sonoro.

… Hay cosas que pasan de piel afuera y cosas que pasan de piel adentro, cuando estas cosas coinciden puede nacer un buen cuadro.

Su arte, siempre comprometido con las causas sociales, nos dejó miles de bocetos, acuarelas, cientos de pinturas y varios monumentos, esculturas y murales que dan cuenta del paisaje hermoso y terrible que venimos siendo como especie. Durante más de cincuenta años se entregó al estudio y realización de tres grandes series pictóricas: Huacayñán (el camino del llanto), dedicada a los pueblos indígenas, mestizos y negros nuestroamericanos. La edad de la ira, dedicada a la violencia y las injusticias a nivel mundial, y Mientras vivo siempre te recuerdo también conocida como La edad de la ternura, dedicada a su madre. Gran parte de su obra fue donada a su país y reposa en su casa estudio y en el Museo La Capilla del Hombre.

…No cambio ni cambiaré jamás, mientras haya un niño en la calle muriéndose de hambre yo seguiré siendo un hombre de izquierda, aunque no pertenezo ni he pertenedico a ningún partido político.

El Árbol de la Vida es un pino plantado por él mismo en su casa y a cuyos pies fue enterrado en una vasija de barro, según su voluntad.

…La muerte no existe: cae en la tierra un grano de maíz, de este surge la planta, se vuelve una mazorca, vuelve a caer en la tierra otro grano de maíz, esto es infinito, la muerte no existe.

…Siempre voy a volver, mantengan encendida una luz.

En una de las tantas entrevistas que concedió le pidieron que expresara una frase para sintetizarlo todo, desde su pensar y vivir en el mundo:

Todavía nos responde diciendo:

Es una frase de rebeldía y de fe: yo lloré porque no tenía zapatos, hata cuando vi a un hombre que tenía pies, en ese momento dejé de llorar. Ahora soy rebelde, ahora peleo, ahora lucho.

El Guitarrista. 1961

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