¿Sobrevivir para enfrentarse a la revictimización?

Pintura: Ana Valentina Candamil

Por Jazmín Santa Álvarez

De los 1.845 casos por presunto delito sexual reportados en enero de 2020 por Medicina Legal, 1.591 exámenes médicos legales fueron realizados a mujeres. En estos datos se reporta que la población más vulnerada fueron las niñas y los niños entre los 10 y 14 años (674 casos) y que fueron muy pocas las cifras de víctimas mayores de 60 años (7 casos).

De nada parece servir la alerta que se evidencia en las cifras de abuso sexual a mujeres en Medellín, de nada sirve reconocer que estos casos van en aumento o que existe un protocolo de atención integral (Ley 1257 de 2008). Tampoco parece de fiar lo que dice Medicina Legal en la “Carta de trato digno a la ciudadanía”, especialmente, cuando se refiere al “respeto por la dignidad humana”, al “enfoque diferencial” y a la función pública de “contribuir al esclarecimiento de la verdad como forma de reparación a las víctimas”.

Tal vez lo que está pasando es que nos acostumbramos a ver series extranjeras sobre asesinatos y violaciones sexuales en las que el material probatorio que la sobreviviente o los investigadores salvan termina siendo clave para condenar al abusador. Y debe ser por eso que creemos que en Colombia las cosas tendrían que funcionar igual o al menos de forma parecida.

Lucy, mi amiga, está en ese rango de edad de los 60 en adelante, ese en el que se reconoce a una persona como “adulta mayor”. Su caso también hace parte de una cadena de lo que se conoce como revictimización.

El primer momento tiene que ver con el daño causado por el agresor, se refiere a las consecuencias que sufre la persona sobreviviente como producto directo de la violencia sexual. Seguido a esto, la persona se tiene que enfrentar a lo que se conoce como victimización secundaria o revictimización, esa que es producida por las instituciones y sus funcionarios, la que sucede durante el proceso de atención, es decir, la que está en manos de los funcionarios públicos, hombres y mujeres, del campo de la salud (médicos, pediatras, ginecólogos, enfermeros, psicólogos, trabajadores sociales, personal administrativo, entre otros) o de la Justicia (policías, jueces, peritos, criminólogos, funcionarios de instituciones penitenciarias, entre otros).

Generalmente, se trata de la falta de conocimientos claros de los procesos y los procedimientos para la restitución de derechos, pero también se debe reconocer la falta de tacto, de sentido común, de compasión y comprensión frente a la situación de la víctima. Como si fuera poco, está la victimización terciaria, la causada por sus cercanos, producto de la estigmatización que la sociedad realiza sobre el o la sobreviviente de violencia sexual luego del evento, lo que se explica por procesos sociales y culturales.

Después de salir del cine, el viernes en la noche, Lucy decidió tomarse una cerveza en el centro. Subió por la calle Maracaibo y se paró en una esquina del Parque del periodista. Había decidido hacerlo allí porque era barata y porque, al ver tanta gente, había recordado el ambiente alegre de la fiesta en Madrid, ciudad en donde había vivido los últimos 20 años.

En la licorera de la esquina, parada al lado de la barra, alguien le pidió que se corriera hacia la calle, con la excusa de acomodar una moto; luego, el de la moto y dos de sus amigos se pusieron a conversar con ella, le ofrecieron una cerveza y segundos después le hicieron la pregunta clave: ¿y usted está sola?

Media hora después, el de la moto le recomendó que se dejara acompañar por uno de ellos hasta la casa, pues la calle era peligrosa para una mujer sola. Entonces, Lucy salió caminando con “Tavo” por la calle El Palo. Llegando a su apartamento, aunque alcanzó a dudar, se sintió cercana a su nuevo conocido y aceptó recibirle un trago de cerveza, además, no quería pasar por maleducada. Le había parecido tan amable, tan bien hablado, tan bien vestido y hasta buen sobrino, pues después de varias llamadas a su tía, una octogenaria que supuestamente vivía sola en el mismo edificio de Lucy, preocupado porque no le contestaba, le había pedido que lo dejara entrar al edificio a ver si le había pasado algo.

A eso de las 9:00 de la mañana del sábado, Lucy abrió los ojos, se sintió “asquerosamente sucia”, sin rastro de recuerdos en su memoria, no sabía qué había pasado luego de entrar con el hombre a su edificio, lo cierto era que le dolía todo el cuerpo y sentía que olía mal. A su alrededor, todo estaba en desorden. El hombre la había violado y le había robado sus anillos de oro, un celular, una tablet, 100 mil pesos en efectivo y un libro de la biblioteca de Comfenalco, también un costurero que llevaba armando hacía un año, desde que había vuelto a vivir en Medellín.

Sin saber qué hacer, en medio del mareo que sentía, se puso la ropa y volvió al último lugar en dónde había estado la noche anterior, le pidió a la mujer que encontró en la licorera que le dejara ver las imágenes del viernes para tratar de reconocer a los hombres con los que había estado, ella le respondió que no podía y que, además, no quería problemas.

Desesperada, llegó al Cai de San Antonio. Allí, tras contar lo sucedido, un agente le dijo que no podía recibir la denuncia porque debía hacerla en la Fiscalía, pero que allí no abrían hasta el lunes y que, entonces, mejor fuera a que la revisaran en algún hospital. Fue entonces cuando Lucy decidió salir a buscar a sus hermanas para que la acompañaran al médico. Llegó a la casa de Tere y cuando esta abrió la puerta, la encontró tirada en el piso, en posición fetal, llorando.

Atención médica

Lo que sigue en la historia es una cadena de desaciertos tanto en la atención médica como en la judicial. Sin saber qué hacer, sus dos hermanas la llevaron a las urgencias de su EPS. Allí llegaron a las 4:00 de la tarde y de allí salieron a las 3:00 de la mañana. Tras la activación del código fucsia, un protocolo de salud en casos de violencia sexual, recibió atención médica, ella asegura que el trato fue delicado y paciente. Tras los exámenes médicos, la primera sentencia fue la de positivo para una venérea. Ante el resultado, Lucy empezó a temblar, descartaron con un electro que fuera un infarto y le diagnosticaron un ataque de ansiedad.

Lo del pánico no lo entendieron los policías de la línea 123 que habían acudido ante el llamado de la médica, esperaron poco y, como Lucy se estaba demorando mucho en el baño, se marcharon pronto porque “tenían otras diligencias que hacer”.

Antes de salir, al amanecer, la médica le entregó una fórmula para que reclamara uno de los retrovirales que eran del “no pos”. A quién se le puede ocurrir que, tras ser violada, haber pasado más de diez horas en urgencias, haber recibido un diagnóstico como el dado a Lucy, se puede tener la fuerza para salir a hacer fila y esperar quien sabe cuánto tiempo para ser atendida. ¿En dónde queda eso de atención integral en salud, de “cobertura suficiente, accesible y de calidad”? La opción de comprar la medicina se escapaba de su presupuesto económico.

A pesar de que la médica había insistido en que tenía que tomarse la pastilla que faltaba antes de las próximas 24 horas, Lucy y sus dos hermanas decidieron irse a descansar y mejor ir temprano a reclamarla el domingo. Tere cuenta que, a pocas horas de haber llegado de la EPS, escuchó a Lucy levantarse, llorar y emitir un lamento intensamente triste, que le salía de lo profundo.

En el bunker de la Fiscalía

Después de reclamar la medicina, Lucy y Tere se fueron a poner la denuncia al bunker de la Fiscalía. Llegaron a las diez de la mañana y solo cinco horas después fueron atendidas. A la casa regresaron a eso de las siete de la noche.

Allí, durante la larga espera, le tocó escuchar que le dijeran cosas como: “señora, pero es que acá no atendemos mujeres violentadas, le toca esperar, porque atendemos primero los casos de muertos”, “dese por bien servida, las hemos encontrado empaladas, descuartizadas, asesinadas con sevicia”.

Cuando la atendieron, Lucy entregó la ropa que la médica había empacado y los dos vasos que había encontrado en su apartamento. Sin embargo, el patrullero le dijo que tirara eso que nadie se iba a hacer cargo de ese material. Ella tiró a la basura los vasos plásticos y conservó el paquete con su ropa.

Durante la entrevista que le hizo el funcionario de la Sijin, y a pesar de haber ya dicho que no se acordaba de nada, este le preguntó: ¿a usted le quitaron la ropa o usted se la quitó? Tras responder que no sabía quién era el agresor, el funcionario le insistió en que aportara más datos sobre el denunciado. Una de las preguntas incluso carecía de sentido: “manifieste si esta persona denunciada, obligaba, amenazaba o le ofrecía algo a cambio a su sobrina para cometerle los hechos que está relatando”.

¿A qué sobrina se refiere? Si ya Lucy le dijo que no recordaba nada pero que al levantarse había sentido algo pegajoso y mal oliente en su vagina, ¿por qué le pide que “manifieste si en este caso hubo penetración”?

De la Fiscalía, Lucy y su hermana salieron leyendo lo que había en los papeles que le entregaron. Les quedó retumbando en la cabeza algo que estaba escrito en el “Informe pericial de clínica forense”, en la parte del “examen de la cavidad oral”:

“Dentadura temporal completa. Último diente erupcionado: tercer molar inferior derecho (permanente). Fase de erupción dentaria: incisal y oclusal. Extracción prematura de dientes contiguos: sí. Formación radicula: apical”.

La traducción que ambas le dieron al texto se convirtió en una obsesión para Lucy. Cuando se le pregunta sobre la atención recibida, se remite al párrafo en el que, según ella, el médico al escribir “dentadura temporal completa” estaba expresando que ella tenía “caja de dientes” y que solo un diente, el deteriorado (“erupcionado”), era suyo.

La odontóloga Patricia Aristízabal Álvarez, tras leer lo reportado, asegura que se trata de un error, “tal vez el funcionario copió y pegó de otro caso, el de un menor de edad, seguro no la revisó porque si se trata de una paciente de 62 años, esta puede poseer dentadura permanente y, de ser un caso especial, para afirmar lo allí escrito, que todavía Lucy tenía sus dientes de leche, tendría que haber tomado una radiografía”.

Pero ¿Lucy tiene sus dientes de leche?, pregunté. No, aclaró Aristizabal: “la dentición temporal, primaria, decidua o de leche comienza a erupcionar hacia los 6-8 meses y permanece en la boca de forma exclusiva hasta los 6 años”.

Por último, a lo que se enfrenta una mujer sobreviviente de abuso sexual es al juicio desalmado de la sociedad, preguntas tales como: pero ¿qué hacía sola en el centro?, ¿en la calle a esa hora?, ¿y es que ella no sabe lo peligroso que está Medellín?, ¿cómo así que se puso a recibirle algo a un desconocido? La lista de “reclamos” es eterna y pareciera quererla hacer sentir culpable del abuso a la vez que se exime al violador del daño causado.

De acuerdo con la Ley 1257 de 2008, las víctimas de violencia sexual tienen derecho a recibir atención integral a través de servicios con cobertura suficiente, accesible y de calidad, recibir información clara, completa, veraz y oportuna en relación con sus derechos, dar su consentimiento informado para los exámenes médicos y legales, escoger el sexo del facultativo para la práctica de los mismos dentro de las posibilidades ofrecidas por el servicio, recibir información clara, completa, veraz y oportuna en relación con la salud sexual y reproductiva, ser tratada con reserva de identidad al recibir la asistencia médica, legal, o asistencia social respecto de sus datos personales, los de sus descendientes o los de cualquiera otra persona que esté bajo su guarda o custodia, recibir asistencia médica, psicológica, psiquiátrica y forense especializada e integral en los términos y condiciones establecidos en el ordenamiento jurídico para ellas y sus hijos e hijas. (Ley 1257 de 2008, por la cual se dictan normas de sensibilización, prevención y sanción de formas de violencia y discriminación contra las mujeres).

Pintura: Ana Valentina Candamil

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