Cibercultura y crisis de los medios masivos de información

Por Roger Arias

Ilustración tomada ssociologos.com

La crisis de los medios masivos tradicionales de información se hacía evidente con el inicio mismo de la internet, a la que, valga decir, llegaron tardíamente. Los despidos masivos del personal en los diferentes medios mundiales y locales, como el ocurrido en el periódico El Tiempo, da cuenta de ello. La actual crisis se relaciona con una situación bien conocida: los medios masivos de información son el altoparlante de las élites, y esto significa en el mundo de la comunicación que, a más cercanía de las instancias de poder, menos se tiene para decir; y es que una de las condiciones para una verdadera comunicación es la veracidad y esta no la perciben los usuarios en los medios masivos. Por eso han recurrido a la creación de medios alternativos que expresen sus puntos de vista, realidades sociales y versiones propias sobre la verdad.

Son millares de iniciativas populares, ciudadanas, independientes las que libran una “batalla” por el sentido frente al pensamiento único de los medios tradicionales. La comuna 13 es uno entre muchos casos en los que, a partir de las incursiones militares y paramilitares, emergieron diversos medios de comunicación alternativa. La simultaneidad entre operaciones militares y surgimiento de medios puede ser coincidente con las necesidades de la comunidad de narrar desde su óptica sucesos y valoraciones que no se reflejan en los medios masivos.

Diríamos que, así como hay una asimetría en el uso de la fuerza de grupos armados en contra de comunidades, así mismo hay una asimetría entre medios alternativos y medios masivos para la construcción de sentidos. Sin embargo, el escenario de confrontación ha mutado de las páginas impresas, el cine y las ondas hertzianas al ciberespacio y la cibercultura. El papel de los medios tradicionales “análogos” se ha descrito críticamente por muchos teóricos e investigadores de la comunicación. Dênis de Moraeses uno de los que vale la pena citar:El sistema mediático contemporáneo demuestra capacidad de fijar sentidos e ideologías, seleccionando lo que debe ser visto, leído y oído por el conjunto del público. Por más que existan por parte de lectores, oyentes y telespectadores expectativas y respuestas diferenciadas a los contenidos recibidos, son los grupos privados de comunicación que prescriben orientaciones, enfoques y énfasis en los informativos; cuáles son los actores sociales que merecen ser incluidos o marginalizados; cuáles las agendas y pautas que deben ser destacadas o ignoradas”.

Con el cambio de escenario en la era de la cibercultura, nos podemos preguntar ¿qué tan hegemónica es la presencia de los medios tradicionales? El Balance está en proceso, pero la emergencia de medios independientes y el papel de las redes sociales está mostrando que ese lugar de privilegio para orientar la opinión pública está seriamente amenazado; en parte debido a las características del ciberespacio.

Pierre Levy, uno de los teóricos más respetados en la materia, en el documento Cibercultura: Informe al consejo de Europa, describe los elementos esenciales de la cibercultura: “El ciberespacio se erige en sistema de sistemas pero, por este mismo hecho, es también el sistema del caos. Encarnación máxima de la transparencia técnica, acoge, sin embargo, por su irreprimible profusión, todas las opacidades del sentido. Dibuja y vuelve a dibujar la figura de un laberinto móvil, en extensión, sin plan posible, universal, un laberinto con el cual Dédalo en persona no hubiera podido soñar. Esta universalidad desprovista de significación central, este sistema del desorden, esta transparencia laberíntica, yo la llamo «lo universal sin totalidad». Constituye la esencia paradójica de la cibercultura”.

No estamos reforzando la idea de que el ciberespacio per se, se constituye en el escenario de realización ideal de la resistencia social; decimos que es uno de los escenarios en los que se crean condiciones de posibilidad para el ejercicio de nuevas ciudadanías y resistencias. De hecho, Levy, si bien reconoce el ciberespacio como totalidad que propicia inteligencia colectiva, no niega la emergencia de formas negativas: “de aislamiento y sobrecarga cognitiva (estrés de la comunicación y del trabajo en la pantalla); de dependencia (adicción a la navegación o al juego en mundos virtuales); de dominación (refuerzo de centros de decisión y de control, dominio casi monopolístico de potencias económicas sobre importantes funciones de la red, etc.); de explotación (en ciertos casos de teletrabajo vigilado o de deslocalización de actividades en el Tercer Mundo); e incluso de tontería colectiva (rumores, conformismo de red o de comunidades virtuales, amontonamiento de datos vacíos de información, televisión interactiva)”.

No obstante lo anterior, lo importante a resaltar es el hecho de que el ciberespacio como totalidad no tiene una centralidad y, por tanto, la contienda por el sentido se produce en relativa igualdad de condiciones entre medios tradicionales que se vuelcan completamente a la red y los medios independientes alternativos. Digamos que, más allá de las confrontaciones que, por ejemplo, ha suscitado la serie Matarife, entre los llamados periodistas prepago (periodistas al servicio de las élites y el poder en Colombia) y los realizadores de la serie, lo que queda en evidencia es la incapacidad de los medios tradicionales para censurar este tipo de producciones, más aún, contrarrestar el hecho de que los medios independientes se conviertan en medios masivos, como efectivamente está sucediendo con la serie.

Por la incapacidad de las élites de ejercer control por medio de la censura es que se evidencia el cambio de reglas de juego en la comunicación digital cibercultural; no son ya las posturas editoriales “bonachonas” de los grandes periódicos y revistas las que abren el debate político; es un tuit-video, una fotografía comprometedora subida a la red por cualquier ciudadano, o una investigación independiente la que marca los ritmos de la opinión pública en el mundo. Un video en el que se muestra cómo miembros de la Policía asesinan a Floyd desata una oleada de indignación en la red que luego se vuelca a las calles en protestas masivas, demostrando que las grandes cadenas de tv fracasaron al intentar minimizar el hecho y, demostrando, además, que ya no tienen el total control de la información.


Imagen tomada de sktt1.eu

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