El legado de resistencia en Venezuela

Por Óver Silgado Ledesma

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La cultura occidental tiene sus más profundas raíces en la fusión romana, griega y judía cuya historia se halla concentrada en dos mil años, a lo que se agrega su imposición a la fuerza. Dicha concepción hispanista quedó atrás, pues su pretensión no era más que potenciar el eurocentrismo y la anglobalización, instancia que procuraba perpetuar la cultura occidental como la única y, a su vez, consideraba a la cultura anglo-europea como la que debía imponerse sobre los pueblos dominados.

El objetivo de este artículo es describir la cultura alterna vituperada por Occidente, ahora llamada por un pueblo que transformó y viene perpetuando su asentamiento: la resistencia de los legados de la lucha de un pueblo que ha resistido los más duros embates de toda clase de imperio y sus fervientes lacayos. Permitir la mirada de esta cultura alterna pondrá a la disposición del lector otro relieve sobre la acentuada resiliencia de la República Bolivariana de Venezuela en los últimos tiempos.

Contexto histórico: la descendencia guerrerista y luchadora de los venezolanos

El imperio y la lengua van de la mano. En los tiempos de la colonia fueron más de setenta millones (70.000.000) de hermanos indígenas sacrificados; la cultura del maíz fue abortada y nos impusieron la lengua castellana para subyugar a todo un continente: sin duda alguna, la castellanización fue el gran proyecto del imperio español, sin considerar la tradición de las lenguas autóctonas de los asentamientos bioculturales regionales ancestrales.

Ante los hechos ocurridos, es fácil hacer mención de elementos capaces de dar luces en cuanto a la operación o en el mejor de los casos en cómo se llevó a cabo tan cruento exterminio de una cultura alterna. Tal elemento, como lo recuerda Eduardo Galeano en su libro Las Venas Abiertas de América Latina, entró por medio del signo de la cruz en las empuñaduras de las espadas usadas para masacrar a una raza y cultura, pues en nombre de Dios también se impuso el imperio.

Sin embargo, la ventana de la historia muestra que, desde antes que les fuera impuesta la castellanización, los aborígenes tenían su propia tradición oral como la lengua náhuatl, quechua, aymará y nuestros dialectos de raigambre chibcha Tunebo y Bari, así como la antigua lengua Torondoy (en las laderas merideñas) y posteriormente les fueron negadas y solo lograron mantenerse algunas ocultamente como cultura de resistencia.

Estas mismas formas de resistencia como nueva cultura alterna en los procesos sociales fueron tomando sus propias identidades. Las memorias de la historia abren paso para un legado de resistencia por la defensa férrea al terruño y la patria. Un aborigen de nombre Guaicaipuro, en los tiempos de la colonización española, batalló contra el imperio español que gobernaba a Venezuela en aquellos días. Triunfó contra el tirano español y logró la gesta integradora de varios caciques de la región: Paramaconi, Tiuna, Urimare, Paramacay, Baruta, Chacao, Naiguatá,  Aramaipuro, Guaicamacuto, Terepaima y Chicurama.

Esta alianza integracionista batalló durante varios años contra el imperio español que dominaba la Capitanía General de Venezuela, sembrando así el germen de la resistencia civil de los pobladores para la ya fundada Santiago de León de Caracas, y para una descendencia que marcaría las pautas de la independencia de Venezuela. A esto debemos sumar las luchas de hombres y mujeres que hicieron historia en la gesta de la resistencia por la independencia como Francisco de Miranda, Pedro Gual, Simón Bolívar, Juana Ramírez, Manuela Sáenz, Luisa Cáceres de Arismendi, entre otros.

Pero es imposible pensar en la historia sin nuestros luchadores y, además, sin la fuente inacabable de inspiración para seguir en la resistencia y ser el bastión latinoamericano antimperialista como lo es ahora la República Bolivariana de Venezuela. Han de ser precisas las palabras del ya desaparecido filósofo mejicano Leopoldo Zea (1994): “negritud e indigenismo son conceptos ideológicos (…) el hombre blanco ha hecho de su blanquitud una abstracción de lo humano en la que solo él tiene cabida. El hombre de África y el hombre de América Latina, por el contrario, harán de lo que les distingue racial y culturalmente de otros hombres, el punto de partida de su semejanza con ellos”. Estas palabras nos hacen preguntar a dónde nos lleva la mirada del futuro.

El legado chavista como identidad política y de resistencia

Cualquier gobierno antes de la llegada de Hugo Chávez al Palacio de Miraflores habría sucumbido en tan solo cuestión de pocos días con arremetidas similares a las que quieren someter al gobierno bolivariano y en concreto al pueblo venezolano: guerra económica, sabotajes, bajos precios del petróleo, sanciones internacionales, violencia política, desestabilización social, incursión paramilitar de mercenarios, guerra comunicacional, en fin, toda una campaña mediática de cuarta generación.

Pese a la brutal arremetida contra el pueblo, los venezolanos siguen en pie de lucha. Pero cómo explicar dicha resistencia. Guaicaipuro no murió en vano, estuvo de pie hasta más no poder; el comandante Chávez transformó el analfabetismo político, que controlaba al pueblo durante las épocas de las repúblicas anteriores, en un nuevo poder democrático y participativo: la identidad chavista como forma de resistencia.

Sin duda alguna, las fuerzas chavistas cuentan con su legado y la puesta en escena de la estrategia de un proyecto que busca diseñar a Venezuela como una de las principales herramientas para proyectar el presente y el futuro de esa nación.

Esta nueva identidad política en el pueblo de a pie trajo consigo tanto un cambio cultural como de la forma de entender el funcionamiento interno del proceso transformador. Esto de la mano de las políticas implementadas bajo la ideología socialista que cautivó a hombres y mujeres, haciendo de estos nuevos seres en la sociedad, dispuestos, con el legado de Chávez, a seguir sus pasos sin importar las consecuencias, tales como las que hoy afrontamos: el asedio y persecución del imperio norteamericano.

Este cambio sirve al mundo para entender por qué la capacidad de resistencia del pueblo venezolano a tan duros embates; pero sin duda su mayor fuerza la encuentra en el legado de sus ancestros quienes no se rindieron jamás y perviven en la memoria de los que luchamos.

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