Mario Paciolla, poeta: ¡Verdad y Libertad! ¡Nada menos te debemos!

Mario Paciolla, Ilustración de Antonella Martino

Emmanuel Rozental

Hechos: A Mario Paciolla lo asesinaron en San Vicente del Caguán. Su cuerpo fue encontrado el 15 de julio de 2020. Autoridades pretendieron presentarlo como un suicidio. Su madre, la gente que lo conoció y lo quiere, quienes conocen la realidad de lo que sabía, de lo que pasa en el Caquetá, saben que sabía algo, mucho, y que no se suicidó. Mario, operador de la ONU, observaba y acompañaba la reinserción de excombatientes de las FARC en San Vicente del Caguán. La violencia en esa región había excluido a miembros de la ONU quienes se encuentran fuertemente protegidos. Mario sabía y tenía miedo. Había tenido una disputa con sus jefes de la ONU el 10 de julio y estaba en problemas. Terminaba su misión en Colombia y regresaba a Nápoles, Italia, el 24 de julio. Amaba la vida, reía y hacía reír. Amaba a Colombia y sus gentes y era tan libre como su compromiso con la libertad. Mario era un poeta.

Claudia Julieta Duque sabe del horror, de la muerte, de los intereses, del poder, de la soledad. Sabe del valor y sufrimiento que imponen buscar, descubrir y defender la verdad. Ella te escribió una carta en la que exige “justicia para un poeta” y desata verdades.

Un reclamo, Mario: que no te hayan matado. Ni más ni menos. Esa, la única justicia, es imposible por el aparato de muerte que manda. Lo único aceptable, es que se sepan todas las verdades y que el orden de terror y muerte por ganancias quede expuesto para que la vida que corrió por el poeta siga su camino nuestro.

Verdades: ¿Basta con saber quien mató a Mario Paciolla? ¿Basta con saber por qué lo mataron y cómo? No. Ese también será apenas el comienzo. Hay que saber qué se planificó y se implementa en el Caquetá al firmarse los acuerdos de paz. Hay que saber qué intereses se mueven y cómo los diversos actores se disputan ganancias, territorios, rutas, vidas y muertes. Hay que saber desde allí lo que tiene que ver todo esto con la Colombia que nos esconden y que se consolida teniendo que ocultar lo que supo un poeta. Eso y mucho más. Hay que saberlo porque detrás del mundo de las ganancias, el terror y los asesinos, detrás de todo esto está el proyecto Colombia, el que nos niegan y que hace parte de un proyecto global mafioso y asesino. El que encubren. El de la guerra total. El de un orden podrido en el que los peores mandan y matan. El mundo del silencio, del engaño y del poder fue desafiado por la mirada transparente, la alegría y la libertad de un poeta que vino a acompañar y verificar… a inventarse con la gente una paz con libertad y vida. Tanto miedo le tuvieron a la verdad y a la vida otra vez, esta vez, que lo mataron rodeado de protecciones y como operador de la ONU. Se despidieron de Mario en Nápoles, pero no de la verdad ni de su camino.

El Estado colombiano, el Patriarca, (del que las instituciones son apenas unos dispositivos) es un aparato de muerte, engaño (propaganda), encubrimiento, complicidades, corrupción y despojo. Tan macabro como elegante, perfumado y de buenos modales. Siendo así, en Colombia se amenaza, se intimida, se viola y se violenta, se masacra, se asesina, se roba…. y claro, se encubre. Siempre se encubre.

Encubrir, mentir, engañar a nombre de la honestidad, de la democracia, de la justicia, de “todo el peso de la Ley”, de la libertad, de la verdad, de la paz, no solo es absolutamente normal y cotidiano; ¡NO! Colombia, el Estado en Colombia, el Patriarca (no solo las instituciones) es un dispositivo criminal de despojo y encubrimiento articulado a un orden transnacional para quienes explotan beneficios. No es el único Estado así, pero ciertamente es un ejemplo de todo esto. Es su naturaleza, su función, su experiencia, su sofisticación, su historia. Es el capital que ofrece ventajas comparativas y competitivas a costa de pueblos, territorios y vida.

La otra Colombia, sometida a este Estado, pervive en el olvido. Un olvido rico, diverso, dolido, sangrante. Pleno de memorias y experiencias. Contener y comprar (aunque comprar… compran) impone más sangre, muerte, amenaza, leyes, mentiras. La política de estado es el manual actualizándose para matar y encubrir, matar y declarar, matar y manipular. Matar y mentir de escándalo en escándalo, de masacre en masacre para que nada pase, para defender y proteger el orden y sus beneficiarios legales e ilegales del sistema criminal global (legal e ilegal): función esencial del Estado. Lo demás es dejarse manosear por un precio o un puesto y cumplirle a las mafias (legales e ilegales). Mentira oficial: “verdad histórica”. Lealtad: “omertá”.

A partir del asesinato de Mario, este Estado de cosas multilateral y transnacional, el Patriarca enfrenta el desafío de encubrir que pone a prueba toda su capacidad involucrando al orden: al sistema.

No es que la vida y el asesinato de Mario Paciolla, por ser italiano y ser operador de la ONU sean más valiosos e importantes que las vidas e incontables muertes cotidianas, centenarias y encubiertas. Es que Mario estaba comprometido con esas vidas, contra esas muertes, contra el andamiaje de engaño… contra el Estado de terror y muerte para la acumulación: el Patriarca. Es que Mario -con una década de experiencia haciendo, compartiendo la vida por el mundo frente al terror y al despojo- reconoció el olvido y asumió (no estaba solo) que la paz no es esa farsa con observadores que deben callar, sino justamente el mundo de las y de los olvidados, el de sus memorias, ilusiones, luchas y amor por la vida. A Mario lo mataron por vivir entre nosotras y nosotros y por exigir que haya derecho a vivir la vida como a la gente le dé la gana sin que, por los tráficos, las rutas, las ambiciones, los cargos y siempre las ganancias deba seguirse sometiendo al silencio, a la amargura y a la muerte. Desde la orilla del olvido, Mario supo que la única ¡paz!, la nuestra, está siendo manoseada por quienes la decretan para defender el Estado de guerra: el Patriarca.

¡Qué amenaza te volviste Mario Paciolla! Hacerte nosotrxs en el olvido y no poder vivir sino acá, en el mundo que no permiten que sea y niegan: son Estado, el patriarca, para negar este mundo… y tu supiste quienes, cómo, cuándo, por qué, para qué, dónde y cuánto. Con-movido por tanta muerte y silencio, por tanta alegría y futuro, gritaste la presencia de todo lo que sangra, y ahora, quienes “tuvieron que matarte” y encubren desde el Estado, el Patriarca, tienen órdenes de suicidio, discreción, prohibición de pronunciarse, manipulación de hechos, escándalo y control de daños para que ese Estado, el patriarca y sus cómplices, se preserve.

Porque Mario, con tu muerte, volvieron a matar a todas y todos; a someter; a encubrir. Activan el Estado de terror y de mentira, el Patriarca, contra todas y todos. Aunque la siguen negando y matando, la verdad sigue allí y en el olvido habita tejiendo memorias que ahora mismo gritan ¡Libertad y Justicia para Mario Paciolla! que es ¡Libertad y Justicia para todxs en esta tierra del olvido! donde nos siguen negando.

No sabemos si esta vez saldrá la verdad de verdades y menos si será, por fin, el fin del Estado; “El Otoño del Patriarca” que tanto dolor y miseria nos causa. Cuando ese día llegue nos encontraremos entre los gritos y bailes de alegría de quienes estén vivas y vivos. Bailarás con la multitud; vivxs y muertxs conviviendo ese día en el que finalmente saldremos del olvido, libres de las condiciones del poder, por fin a vivir. Ese día Mario, serás uno más y nos dolerá tanto tu ausencia, cuando el mundo que querías gozarte con otrxs también ausentes, se haga por fin libre, camino y alegría. Ese día Mario Paciolla, el primer día de nuestra libertad, te habremos cumplido y llorando por tantxs, estaremos “frenéticos de júbilo”, desatadas las cadenas y con la frente en alto. Recordemos acá ese día; el de la muerte del estado, del Patriarca, de ese “anciano sin destino que nunca supimos quién fue, ni cómo fue, ni si fue apenas un infundio de la imaginación, un tirano de burlas que nunca supo dónde estaba el revés dónde estaba el derecho de esta vida que amábamos “ (Así termina El Otoño del Patriarca de Gabriel García Márquez).

Lejos, muy lejos estamos de ese día, habitantes como somos de este tiempo incontable de la eternidad. Más lejos aún con tu muerte y esta soledad que se vuelve desolación. Pero esa distancia es lucha y quienes te quieren y te cumplen anuncian con verdades lo que falta.

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