La pandemia: ¿develó lo develado?

Los docentes llevamos en nuestro corazón y en nuestra sangre el servicio, la entrega, el amor, el sacrificio, por no decir más, pero no somos idiotas útiles, ni cabeciagachados…” (fragmento de Y preguntan ¿qué pasa?)Desahogo de la profesora Consuelo

Por Betty Ciro

Ilustración: Camila Aravena

Consuelo jamás se imaginó que después de treinta años de trabajo en el magisterio, llorara por no poder llegar hasta la escuela para encontrarse frente a frente con sus estudiantes y no por correspondencia como está ocurriendo este año.

Es que de los cuarenta alumnos matriculados en el grado tercero uno, orientado por la profesora Consuelo, solo 17 se conectan por alguna de las plataformas habilitadas y ¡vaya maromas! para poder conectarse. David Andrés le contó a la profesora que, si bien había podido conectarse, ya no lo podría hacer más porque doña Ana, la vecina que le compartía su señal, había cambiado de opinión por exigencia de uno de sus hijos. Jorge Luis tampoco puede conectarse más porque en la casa de la tía, que le permitían la conexión, tuvieron que cancelar el servicio por la imposibilidad de pago debido a la pérdida del empleo de casi todos los miembros de la familia.

Y mientras que el Ministerio de Educación asegura en la Directiva Nº 11 de mayo de 2020 que “tomó medidas para asegurar la prestación del servicio educativo durante el tiempo del aislamiento”, ni los profesores ni los alumnos y menos los padres de familia de los sectores pobres han logrado encontrar cuáles son esas medidas; por el contrario, lo que se percibe en las escuelas y colegios oficiales es el abandono total del Estado develado en esta pandemia. Para nadie es un secreto que la educación ha sido un sector bastante olvidado; sin embargo, nunca como ahora se había ratificado esta verdad a gritos.

Aumenta la deserción

La pandemia que continuamos viviendo ha disparado la deserción escolar en todos los niveles de la educación, desde el preescolar hasta la universidad. A las causas existentes antes, como el desempleo de los padres, la carencia de los mínimos recursos para sufragar el mínimo vital, el tener que vender la fuerza de trabajo de los niños y los jóvenes para aportar algo de subsistencia, se suman ahora la falta de conectividad y de recursos tecnológicos para poder acceder a la educación virtual. Por más que el Ministerio de Educación hable de la generación de plataformas para las instituciones educativas, de tutoriales y videos que faciliten la labor docente, ¿de qué sirven si más del 50% de los estudiantes de los colegios oficiales no pueden acceder a ellas?

La situación es generalizada y dramática. En una Institución Educativa de Bello, Antioquia, de 2.229 estudiantes, solo el 16%, es decir, 356 estudiantes, pueden acceder a plataformas, porque cuentan con al menos un computador o una tablet y con un paquete de internet de hogar o que un vecino o familiar les comparte. Pero ¿qué pasa con los 1.873 estudiantes restantes? Se podría pensar que los estudiantes pueden ir a la sala de internet del colegio, si existe, pero esto tampoco es posible porque la administración municipal cortó el servicio de internet desde el mismo mes de marzo.

Para los docentes no ha sido fácil su labor durante esta pandemia; su jornada laboral se triplicó o cuadruplicó y la atención a los estudiantes que no pueden acceder al privilegio de plataformas la realizan por whatsapp. A los maestros les ha tocado enfrentarse al manejo de las tecnologías; los más adultos han acudido a sus hijos para que les enseñen, otros acuden a sus compañeros de trabajo.

La profesora Consuelo tiene a su favor que ha sido muy gomosa de la tecnología, lo que le ha permitido acceder de forma más amigable a la comunicación con sus alumnos, pero lo que sí ha representado un gran alivio para ella es la presencia de Gloria, su nuera, que trabajaba como profesora de colegio privado, pero que durante la pandemia quedó cesante por no contar con la velocidad requerida de internet ni con el equipo de cómputo exigido.

Necesidad de la interacción social

Los alumnos extrañan su escuela, su colegio, sus compañeros. María Antonia cursa tercero de primaria y todos los días añora su escuela. Ella es una de las pocas estudiantes privilegiadas porque cuenta con la mediación de un maestro. Es que su abuela es docente pensionada, muy enamorada de su profesión, con toda la vitalidad, que todos los días se dedica a realizar las actividades académicas con ella. Sin embargo, los compañeros de clase no pueden ser reemplazados como tampoco el aprendizaje colectivo que se logra con la interacción entre los estudiantes y la mediación del maestro.

En medio de todas la dificultades, los docentes reciben cada día el ánimo de los niños y jóvenes que hacen hasta lo imposible por hacer llegar a sus docentes las producciones que logran en medio de las carencias: videos que muestran cómo realizan para la clase de educación física una carrera de obstáculos organizada con cuantos tarros desocupados encuentran en sus humildes casas; obras de arte que desarrollan jóvenes y que animan a Lina, la profe de Artística, a continuar luchando y trabajando el 700% más mientras se mantienen estas condiciones tan adversas.

El papel de la Secretaría de Educación

Tanto docentes como directivos docentes se sienten abandonados por la Secretaría de Educación, no encuentran ningún apoyo; por el contrario, perciben golpes. No se explican por qué cortaron el servicio de internet en las Instituciones Educativas, tampoco comprenden por qué desvincularon al psicólogo que se venía desempeñando como orientador en un momento donde los estudiantes requieren más apoyo psicosocial; y de contera, cómo es que la Secretaría de Educación ha realizado actos tan absurdos como trasladar docentes de una institución a otra durante esta situación tan compleja.

Tampoco el Ministerio de Educación ha brindado apoyo para la educación oficial en estos tiempos difíciles; se ha dedicado a expedir directivas que desconocen el abandono infraestructural de las construcciones escolares, la falta de presupuesto y la carencia de condiciones para la cacareada alternancia.

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