En la memoria, una casa o viceversa

Por Jhonny Zapata

En la foto: Interior de la Casa Museo Tomas Carrasquilla en el municipio de Santo Domingo (Antioquia)

Un impulso pueril, necesario, nos enruta a menudo por los paisajes de la memoria que han sembrado magia y vitalidad en nuestra existencia.

El pueblo de las 3 efes

Era viernes de confinamiento y aterrizaba con Maleja, mi compañera de andanzas, en el pueblo de las “tres efes”, uno de los apelativos jocosos que le adjudicaba don Tomás Carrasquilla a su cuna de nacimiento. Aunque el parque principal ya fue remodelado, las esquinas y callejas todavía se alimentan de una cotidianidad inmutable que devuelven al pasado hasta al más incrédulo.

Se estrenaba la mañana con el aire frío que los dominicanos bien conocen y respiran con gustosa resignación. En el negocio de la esquina, viniendo de allá para acá a más señas, sorbíamos de a poco un tinto envenenado, delicioso como las ofertas que le hacía el diablo a Peralta (protagonista del cuento En la diestra de Dios padre) para tentarlo. Nos acompañaba el director de la Casa Museo Tomás Carrasquilla, un personaje que como don Tomás puede ser tan desaliñado como cascarrabias, sincero y apasionado a fin de cuentas, porque le interesa la cultura y la conciencia ciudadana más que la plata, que ya es mucho decir en el pueblo de Santo Domingo, Antioquia, y en cualquier parte del mundo. De boca de Carlos Enrique nos enterábamos de todas las lidias y entuertos para poder recuperar la casa donde vivió el maestro Carrasquilla, las gestiones para remodelarla y los vericuetos para dotarla y convertirla en un espacio de exposición permanente.

Las preguntas museográficas que no alcanzan

Muchas historias sobre las casonas antiguas transitan por las calles de la memoria y también por las del olvido o la indiferencia. ¿Qué tiene de particular una casa vieja? ¿La hace majestuosa el haber sido habitada por un personaje de renombre? ¿Alcanzan sus cimientos a sostener el repecho de la nostalgia? Las respuestas son tan variopintas como los gustos. Lo cierto es que, con muchos esfuerzos, suerte, pleitos y hasta mecenas, algunas han logrado convertirse en bienes de interés patrimonial y cultural.

Según un informe del Sistema Nacional de Cultura, en Colombia existen 362 museos, de estos los que se encuentran en municipios pequeños no cuentan con un guion estrictamente museológico, tienen muy pocas personas dispuestas para su funcionamiento y escasas posibilidades para desarrollar programas dirigidos a la comunidad. A estas problemáticas se le suma la situación presupuestal, la falta de conocimiento mutuo, de contacto y coordinación, aún, cuando la Ley General de Cultura (1997) en los artículos 49 a 55 legislara sobre dichos asuntos.

De puertas para adentro

A media mañana nos dirigimos a La Casa Museo, adquirida en el año 2007. También queda en una esquina del parque, viniendo de allá para acá. Adentro se respira el mismo aire, un pasado embrujador y mágico distribuido en tres habitaciones, una sala, un corredor y servicios sanitarios. El municipio no logró adquirir la casa completa por esos caprichos particulares que hacen coincidir el interés con el desinterés. Sin embargo, más allá de pisos, paredes y techos se puede ver el alma de muchas generaciones recreada en pinturas y retratos de la familia Carrasquilla, de su amigos y escritores Francisco de Paula Rendón y Fernando González. Objetos, manuscritos, cartas, una cama y un escaparate, la sala, algunas condecoraciones, la pluma personal, una colección de libros que son reliquias envidiables y hasta unas calificaciones de Carrasquilla cuando estudiaba en la U. de A. hacen parte del inventario.

La Biblioteca del Tercer Piso es una pregunta obligada

Que la Casa Museo sea de una sola planta es tan cierto, como es cierto que en ella se encuentra la Biblioteca del Tercer Piso, una iniciativa de Carrasquilla, Rendón y otros socios apasionados por la lectura, que los llevó a reunir más de tres mil títulos de libros de diversas áreas del conocimiento entre las que destaca la literatura. Algunos fueron importados directamente de Barcelona, cuando Santo Domingo apenas era un pueblito a días de camino de la ciudad más cercana. Por eso, detrás de la modesta vitrina en la que reposa lo que queda de la biblioteca fundada en 1893, están las anécdotas que dieron origen a su nombre, su paso por el edificio del Concejo Municipal, varias bodegas empolvadas y la casa donde quedaba la Biblioteca Municipal (ahora centro nacional penitenciario del INPEC), hasta volver a ver la luz en la Casa Museo en el 2015.

¿Cómo de un pueblo tan alejado salen grandes escritores? Es la pregunta que muchos nos hacemos. Carrasquilla fue la punta de lanza, el que más trascendió, pero la historia detrás de la historia da cuenta de plumas valiosas como las de Rendón y Magda Moreno.

Razones que no le alcanzan a la voluntad

Convertir una casa en bien de interés patrimonial es una tarea titánica que se logra, en el mejor de los casos, martillando con obstinado ímpetu contra el lugar común en que coinciden intereses y desintereses políticos y económicos. Dotarla y mantenerla demandan una obstinación proporcional. Carlos Enrique no anda obnubilado con Carrasquilla, ha devorado cuanto ha podido de su paisano, pero también lee otros autores locales y foráneos. Para él los principales psicólogos y sociólogos son los novelistas, no lo convence el apelativo de escritor costumbrista que le asignan a Carrasquilla, porque todos los escritores han recreado en sus escritos las sociedades a las que pertenecen.

Las casas son, sobre todo, las personas que las habitan y las hacen conversar con los vecinos y visitantes, por eso en la Casa Museo Tomás Carrasquilla se sueña con el presupuesto necesario para hacer difusión de los materiales que ella guarda, y para contar con equipos e implementos para su conservación y mantenimiento. Bien guardados están los manuscritos originales de La Marquesa de Yolombó y de Frutos de Mi tierra, considerada la primera novela urbana escrita en nuestro país. Guardados, pero deseosos de que se asigne mínimamente un computador (al menos uno), una impresora, para que puedan ser digitalizados y compartidos con investigadores y lectores de cualquier latitud. El sueño de una casa verdaderamente abierta.

Abono: No es cierto que regresamos del pueblo de las tres efes, seguimos enrutados por sus paisajes, conversamos con el río Nare, las viejas cocinas y casas que guardan y tienen como los lugareños su don de gentes; queremos seguir caminando la magia pueril con la frase de Tomás Carrasquilla Naranjo:

Si en el oro están comprendidos todos los valores, en la sencillez están comprendidas todas las virtudes.

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