Franja de Gaza: un fortín de tragedias y mala prensa

Por Álvaro Lopera

Escuchar o leer algo de Palestina es como oír caer la lluvia en nuestro techo: cae, no nos moja y se siente bien saber que estamos abrigados. Nos acostumbraron a todos los pueblos del mundo a apreciar “el conflicto” interminable entre judíos y palestinos e instalaron en nuestras mentes que son tan malos los unos como los otros, o quizás algo peor, que son más criminales los palestinos que los “pobres” israelíes que venían de sufrir esa terrible persecución de Hitler y esos millones de muertos en los campos de concentración que nos recuerdan año tras año.

No hay tal. Detrás de toda esa “información” de los grandes medios se esconde una terrible verdad: el pueblo palestino, el mismo que tenía un territorio histórico siglos antes de 1948, ha sido despojado de la vida y del bienestar que se merece. Todo por un deseo geopolítico nacido mucho antes de la Segunda Guerra Mundial y ejecutado por el sionismo naciente en el siglo XIX y las grandes potencias: sembrar una cuña en el Medio Oriente que detuviera cualquier intento de replantear el dominio del imperialismo occidental en esa parte del mundo.

Esa región, ahíta de petróleo, el recurso fósil tan necesario para impulsar el capitalismo en toda su extensión, que alimenta los grandes motores de los barcos, carros y aviones, se convertía en un tesoro que debía ser controlado con la mejor herramienta que la geopolítica pudiera tener: sembrar un Estado espurio, sin relacionamiento con el mundo árabe, que permitiera el control con el debido terror de esa riqueza que impulsa el proceso de acumulación de capital sobre la base de la movilidad mundial de las mercancías y el saqueo de territorios.

Caricatura histórica

Hitler sembró un ícono con los millones de hombres y mujeres sacrificados en Europa, entre ellos judíos, pero también de otras religiones, nacionalidades, comunidades y organizaciones populares y políticas en esa terrible hecatombe de la Segunda Guerra Mundial: rusos, europeos del este, comunistas, socialistas, republicanos, gitanos, homosexuales, etc. Fueron millones los asesinados en el altar del anticomunismo, el racismo y el antisemitismo.

En la historiografía sionista se reforzó una mentira en el marco de la invasión del territorio palestino: “llegó un pueblo sin tierra –el pueblo judío- a una tierra sin pueblo -Palestina”. La narrativa geopolítica sionista enfatizó esto último y se tomó por asalto la tierra histórica trasteando a marchas forzadas población judía de Europa y Estados Unidos y llevando a la destrucción de la comunidad árabe-palestina. En 1948, la ONU, que se suponía había nacido para mantener en alto la paz mundial, aprobó la partición del territorio de los entonces 900.000 palestinos, en dos proporciones: 56.47% para el naciente Estado de Israel que solo tenía en su haber en esa tierra a 200 mil personas, y el 43.53% restante para el pueblo palestino. Hoy, a punta de guerras y destierros, queda 77% del territorio histórico en manos de Israel y el 23% restante partido en bantustanes militarizados, ocupado por más de 5 millones de palestinos.

Economía, futuro y suicidios de jóvenes gazatíes

La Franja tiene una extensión de 365 kilómetros cuadrados. Allí viven más de 2 millones de personas, en casas y en refugios. Este territorio está gobernado desde 2006 por Hamas, una organización político-religiosa cuya ideología sectaria abreva en el Corán. La economía está quebrada, pues ininterrumpidamente Israel lleva la violencia a ese territorio para ensayar armas y dejar claro su poderío colonial, es decir, humillar hasta la saciedad al pueblo que la habita.

Limita con el Mediterráneo, Egipto e Israel, ambos socios de la opresión. En Egipto gobierna un militar que dio un golpe de Estado contra el gobierno de los Hermanos Musulmanes en el año 2013, el cual quería normalizar las relaciones con La Franja. De ahí que el pueblo gazatí tenga limitados sus movimientos y su economía sea terrible, en tanto Israel controla todos los aspectos de la vida económica, v.g., la actividad pesquera es limitada militarmente a entre 3 y 9 millas mar adentro.

Si bien la tasa de desempleo era del 43% y la de pobreza del 53% antes del coronavirus, se espera que esta última aumente hasta el 64% en la pospandemia. Alrededor del 80% de la población es necesitada de ayuda, según la ONU. En el día tienen acceso a la electricidad por unas cuantas horas –Israel controla el paso de combustible- y tienen graves problemas de abastecimiento de agua.

El sistema de salud estaba casi colapsado antes de la pandemia –debido al bombardeo inmisericorde de la aviación sionista en las tres últimas guerras contra La Franja- y ahora se prevé que con cientos de casos la situación está mucho peor. El futuro de La Franja es el no futuro, y en los jóvenes esto tiene una gran repercusión, dando nacimiento, años atrás, a la otra pandemia: la de intentos de suicidio y suicidios que se suman al ostracismo en que cae la familia del suicida tras su muerte, o su recuperación, debido a la persecución que la organización Hamas hace de ello por estar terminantemente prohibido en el Corán.

Según datos de Al Mizan, un centro de derechos humanos de Gaza, en 2015 hubo 553 intentos de suicidio y diez palestinos murieron. Al año siguiente, 626 sobrevivieron y 16 fallecieron. 2017 registró 566 intentos y 23 muertes y 2018, 504 y 20 defunciones. Hasta julio de este año más de 400 personas en Gaza lo habían intentado.

La narrativa vendida al mundo por los medios de comunicación es que allí se vive un conflicto entre el terrorismo palestino e Israel, con un Israel defendiéndose a como dé lugar de los ataques indiscriminados del “antisemitismo palestino”. Este no es más que un espectáculo geopolítico que apunta a mantener la opresión y explotación coloniales, así como la limpieza étnica y el paulatino empobrecimiento de todo un pueblo que tiene 6,5 millones de refugiados en otros países.

Como caso emblemático del odio antipalestino, el 23 de septiembre una conferencia virtual denominada, ‘¿Narrativas de quién? Género, justicia y resistencia: una conversación con Leila Khaled’, que era un encuentro con una de las referentes icónicas de la resistencia palestina junto a otros activistas provenientes de las luchas por la liberación negra, antisionistas, académicos y ex presos políticos, fue cancelada después de 30 minutos por Zoom, Youtube y fue prohibida en Facebook bajo presión de los grupos de lobby israelí.

El horror y el silencio se pasean indemnes por la tierra palestina mientras el verdugo israelí baila alegre la danza de la muerte.

Un comentario

  1. Que excelente trabajo. De manera profunda nos brinda un resumen de tan complejo conflicto. Nos permite conocer este holocausto que el pueblo Palestino sufre, un crimen de lesa humanidad escondido a plena luz del globo. Para esconder este crimen los sionistas plantean que solo ha habido un holocausto por parte de los nazis, cuando como bien señala el escrito, existió el de los Rusos aproximadamente 25 millones, los gitanos o pueblo Ron casi exterminado, los comunistas, los homosexuales, etc. Refiere a la mentira, y hoy nada queda, o solo queda la mísera franja de Gaza y unos aislados parchecitos de territorio palestino de la inmensidad de terrenos de los que han sido despojados. Y mujeres, hombres, niños, viejos, convertidos en parias de la humanidad, viven terribles y dolorosas condiciones. Es muy doloroso lo que ocurre en Palestina.

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