Dictadura y democracia: la dicotomía del monólogo

Óver Silgado Ledesma

Los escenarios políticos y sociales latinoamericanos han estado llenos de reivindicaciones en los que en unos se clama y no llega la tan anhelada y esquiva paz, y, en cambio, en otros, en los Estados que se apartan de la égida norteamericana, se procura llegar a esta sin que los actores internacionales reconozcan los esfuerzos para lograr no solo la paz sino también la justicia.

La bifurcación del argumento que se ha inoculado en la mimética de los gobiernos latinoamericanos conlleva a pensar que el monólogo del arte de gobernar está sitiado por la dicotomía entre la democracia y la dictadura. Analizaremos cómo desde los monólogos preparados para la región suramericana se perpetúa el discurso en el cual la democracia es real y palpable cuando el mercado decide por sí mismo y la justicia solo actúa en los linderos de quienes realmente tienen los mecanismos para burlarla y concentrar riquezas. Por otro lado, pondremos sobre la mesa el discurso de las “dictaduras” en las que el pueblo tiene un papel protagónico distinto al pretendido por los imperios para saquear las naciones; sin embargo, aterrizaremos la idea al plano concreto de la situación que ocurre en el Estado colombiano bajo el concepto de una supuesta democracia y la República Bolivariana de Venezuela, como una supuesta dictadura.

La dicotomía de la dictadura

Las vicisitudes en la historia desde la conformación de los Estados naciones de la América latina han estado marcadas por profundas líneas políticas transversales de corte fascista desde la introducción del colonialismo y aquella economía política definida comoeconomía de mercado que hace que las sociedades se sumerjan en un río de injusticias por los desatinos económicos, políticos, culturales y ambientales.

Es menester analizar el conflicto dicotómico que se presenta en Colombia y en la República Bolivariana de Venezuela –RBV, países en los cuales se encuentran insertos monólogos que auguran un mar de sinsabores en los conceptos puramente académicos sobre lo que es la dictadura y la democracia.

Estos monólogos, desde luego, nos permiten explorar las grietas abiertas por estos discursos en los que se pretende ahogar a las sociedades, minadas por la persecución y la desaparición, pero al tiempo, sofocadas por la discursividad de la moral cristiana, la tradición y la supuesta seguridad nacional, sujetas por un dispositivo de vigilancia, castigo y disciplinamiento de los cuerpos.

Al dar cuenta de algunos de esos usos estratégicos que se manifiestan entre agentes político-intelectuales bajo las condiciones impuestas por estos monólogos dicotómicos, entendemos entonces que su veracidad puede ser interpelada. Por ejemplo, cuando el Estado colombiano dice proteger la vida de sus ciudadanos y detrás de dicho guion existe un interminable y campal exterminio de líderes sociales y excombatientes.

Sin embargo, este mismo guion se usa para distraer la atención de los demás agentes interventores o para sofocar el fuego avivado de la resistencia y buscar intervenciones militares como las que ha intentado provocar el presidente Iván Duque. Cataloga a la RBV como una dictadura, recrea argumentos prefabricados para ir vociferando en los escenarios nacionales e internacionales las líneas del guion que habla de una violación sistémica de los DDHH en Venezuela, a sabiendas que en su propio país vende o regala los bienes comunes estratégicos y desmejora las condiciones de supervivencia sin importar, en lo absoluto, el futuro y la vida del ciudadano de a pie.

Son justamente estas visiones monadológicas las que intentan sepultar los discursos laicos, libertarios, modernistas o marxistas, es decir, todo aquello que cuestione la familia colombiana, el modo de ser occidental y cristiano, el orden y las jerarquías establecidas y, por supuesto, derrotar todo lo que promueva la participación protagónica y directa del pueblo en la toma de decisiones de la vida política.

La democracia dicotómica

Sería fácil inferir de lo anterior que las dictaduras vestidas de democracias son admitidas con el propósito de asfixiar la resistencia social. Pero en el monólogo también se escribe el guion de que los pueblos que se proclaman libres y soberanos son los llamados tiránicos y debe repetirse el diálogo de los tiranos dictadores, como lo ha venido haciendo el “cartel de Lima”.

En este marco, vale la pena mencionar la decisión de la supuesta dictadura que impera en la RBV, en un ejercicio legal de sus facultades, de indultar a 110 políticos presos de la oposición de todo orden, tanto los que estaban detenidos en las cárceles del país por actos de terrorismo y magnicidio en grado de frustración, como los prófugos de la justicia que viven en el exterior.

Esto recrea, desde luego, un panorama político digno de analizar. Mientras que en la “oscura y bellaca” dictadura de la que habla el monólogo se hacen actos de paz y diálogo, vilmente desconocidos por la oposición venezolana, en cabeza de la ficha de Trump, Juan Guaidó -que también apuntan a legitimar las elecciones que darán paso a un nuevo quehacer político de la Asamblea Nacional-, en la flamante y armoniosa “democracia colombiana” se vive el horror de la guerra, de los homicidios y las masacres, a pesar del Acuerdo de Paz firmado con la ex guerrilla de las FARC en 2016. Este horror se instala en alianza con el paramilitarismo y los carteles mejicanos de droga (Sinaloa y Zetas) y con el manejo de los hilos de quien hoy tiene una hacienda por cárcel y representa los más abyectos intereses del neofascismo criollo.

En síntesis, la cotidianidad de la violencia política, el malestar social, la crisis institucional y el descontrol económico son los elementos primordiales que abraza la supuesta democracia neogranadina para justificar la incompetencia e ineficiencia del “presidente” títere que supuestamente preside la República de Colombia.

Con todo ello como telón de fondo, usan los guiones del teatro de operaciones de guerra para invadir a las repúblicas que intentan enarbolar la soberanía e independencia de aquellos imperialismos que buscan castrar las ideas revolucionarias del pueblo libertario, como lo es el bravo pueblo venezolano.

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