Federico Ríos, construyendo con cada click memorias de un país fragmentado

Por Lina Álvarez y Luisa Contreras

Fotos: Federico Ríos

Federico Ríos es considerado uno de los mejores fotógrafos del país. Con su agudo sentido del humor y el gran deseo de compartir sus conocimientos a las nuevas generaciones, nos cuenta cómo llegó hasta las selvas de Colombia, a las trochas más recónditas y, en general, a las casas donde lo esperaban con un tintico hecho a leña y sin azúcar –como a él le gusta- para corresponderle su bondad e interés en sus realidades.

Por su gran sentido social, Federico hizo del fotoperiodismo su motor para servir a la comunidad y aportar en la transformación de un país, que históricamente ha estado en medio de guerras y odios, donde quienes más sufren son precisamente los habitantes de la periferia. Fue Manizales la ciudad que vio crecer a este hombre alto, joven -o así se considera con “cuarenta añitos apenas”- en la cual hizo sus estudios primarios y secundarios. Allí intentó estudiar en claustros universitarios, primero diseño visual, luego comunicación social y periodismo, hasta que decidió que donde aprendería sería en las zonas selváticas del país, donde cada cosa que retrataría haría parte de ese proceso de memoria histórica que tanto necesita Colombia.

Sin saber exactamente para dónde lo llevaría su caminar, aproximadamente a sus 25 años Federico tomó sus cámaras, baterías, cargadores, lentes, tarjetas de memoria, rollos fotográficos y todos los equipos propios para retratar la realidad que hay detrás de la espesa selva colombiana, dentro de los campamentos de madera, plásticos y lonas desgastadas.

En su infancia Federico había observado a guerrilleros en diferentes ocasiones, por ejemplo, cuando iba camino a pescar con su padre o simplemente cuando decidía ir a acampar con amigos y familiares. Desde entonces la duda persistía, quería saber quiénes estaban detrás de ese fusil. Seguro de querer descubrir y documentar esto, envió mensajes a las FARC por medio de correos electrónicos, mensajes encriptados y demás hazañas para comunicarles su deseo de llegar a su intimidad, tan cerca como nunca antes alguien externo a ellos había estado. 

Este hombre apasionado desde muy corta edad por la fotografía y el poder que esta tiene para transmitir y contar historias, estaba dentro de los campamentos de las FARC con el dedo siempre en el obturador, listo para retratar aquella realidad ajena, desconocida y muy humana que ocultaban los integrantes de este grupo armado. Allí, en lo más íntimo de los diversos campamentos que recorrió a lo largo y ancho del país, pudo conocer los bazares, brigadas de salud, bailes, partidos de fútbol de la ‘selección FARC’, vio cómo dormían agazapados unos con otros en plásticos negros, vio el amor, el compañerismo y muchos otros sentimientos. “La máxima enseñanza fotografiando a los guerrilleros de las FARC es el drama y salvajismo de la deshumanización de la guerra, pasamos a pensar que el otro detrás del fusil pierde su humanidad, eso funciona muy bien como una herramienta de propaganda política para perpetuar la guerra y no para combatirla”, nos contó Federico.

Federico también ha retratado a campesinos, indígenas, desplazados. Su talento, sensibilidad para narrar, a través de la imagen, al país, le permitió publicar su trabajo en National Geographic, El País de España, y en uno de los periódicos más leídos en el mundo, The New York Times. Esto ha sido una fuente constante de orgullo, pero a la vez un motivo de gran responsabilidad cada vez que obtura su cámara. Se considera “vieja escuela” en sortear percances cuando uno de sus equipos decide fallar y “dejarlo tirado” en medio de la nada, por eso prefiere que le sobren herramientas de trabajo, aunque transportarlas en la selva sea complicado.

Más de 15 años trabajando de manera disciplinada permitieron que Federico se hiciera merecedor de premios como ‘Hansel- Mieth Preiss’ en Alemania (2019), el galardón ‘Eddie Adams Taller XXVII’ en Nueva York (2014), y también ganó el concurso mundial de fotografía ‘Days Japan’ en el 2017 y el premio Serie de Noticias ‘POY Latam’ para ese mismo año. “Los premios ayudan a que las historias se visibilicen. Son una plataforma para difundir con más fuerza. Esa visibilización y esa fuerza que lleva la historia es importante para la historia misma, no para el fotógrafo, para sus protagonistas o para las personas de quienes la historia habla. Eso ayuda a que el mundo entienda, lea y vea”

Pero ni todos los premios ni el que sea un referente en las nuevas generaciones de fotógrafos/as, ha hecho que Federico pierda su norte, su genuina esencia. No cambiaría el negocio donde le vendan sus platos favoritos -frijoles campesinos, sancocho en leña, pescado frito con patacones o mamona en hoja de bijao- por un restaurante de gran renombre en los que “se come con siete tenedores”. Así mismo, ama viajar en su moto, inclusive en pandemia fue ella la que le permitió amanecer en Bogotá, anochecer en Medellín, pasar su cuarentena en Manizales, dar unos cuantos clicks en Cali, otros más en Cúcuta y así en diversos lugares.

Sin embargo, retratar sin tapujos lo que se vive en el país, le generó estigmatización, fue señalado y amenazado. “Tuve que exiliarme del país por un tiempo. No es nada agradable y no se lo deseo a nadie, pero tengo que levantar la voz y decir que en este país asesinan y amenazan periodistas a diario, no solo a mí sino a muchos que desde las regiones hacen labores heroicas, que trabajan con las uñas y que se levantan en contra de los poderosos y de los intereses económicos que quieren callarles la voz, porque son voces que informan con las comunidades”, enfatiza.

En la actualidad, Federico captura a través de su lente la migración, la pobreza y la forma en que las comunidades están afrontando la pandemia por la crisis humanitaria –fotografías que son publicadas en ‘CovidLatam’-. Esta es la labor que ama y le apasiona, retratar la periferia del país y el continente, de igual manera reconoce esa calidez humana de las y los colombianos, de aquellos campesinos que están prestos a brindar un agua de panela, un tinto, un plato de comida o la esquina de su casa para hospedar a foráneos. Admira esa fortaleza y energía con la que día a día se levantan a seguir resistiendo.

“Espero que las fotos que hago -comenta-, los informes periodísticos que hago con imágenes, sirvan para que la gente entienda la situación actual de Colombia, para que la gente se haga una imagen en las ciudades de lo que está sucediendo y que con esto podamos tener unas voces diversas pero informadas que se direccionen hacia un país en paz. No sé cuándo, pero tengo la triste pesadez de pensar que eso en el 2021 no va a pasar”. 

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