Círculos de la Palabra nos reclaman

La rueda medicinal1

Por Emmanuel Rozental

Imagen tomada de chamanismoparatodos.com

Urdimbre y tejido de palabras haciéndose saber. De la economía del nombrar para saber y saber luchar depende la vida. Ad portas de la catástrofe por la codicia o tejemos palabra en círculo que se haga libertad o el curso de colapso por ganancias nos aplasta. Es ahora mismo: economía de palabra y acción desde y con la tierra por la liberación.

Todo conforma círculos. La vida gira en círculos de los que todxs hacemos parte. El círculo se interrumpe y se rompe, deja de serlo si falta una sola de sus partes: deja de ser, deja de girar. La mano, por ejemplo, si la entendemos, es un círculo de 4, como las cuatro direcciones, los cuatro colores que las representan -rojo, blanco, negro y amarillo- que a su vez simbolizan los pueblos… todo siendo círculo, regresando al círculo, tejiéndose en círculos. La mano tiene los 4 dedos y el pulgar se opone y los hace moverse y hacer en círculo.

Esto es lo que simbolizamos en la “rueda medicinal”, lo que recordamos con ella. Pero la rueda y los círculos cambian, se mueven, crecen, se achican, se rompen, se restauran. Ese es el movimiento del universo: de la vida. Círculos de círculos en movimiento. Cada círculo es un punto, un lugar, una palabra, un ser de otros círculos y muchos círculos a su vez son puntos de otros y así gira y se teje la vida. Por eso sabemos que todo está vivo porque hace parte del círculo y del movimiento… ¡todo! Una piedra, una comunidad, una bacteria, un río, las estrellas, los planetas. Todo. Círculos de círculos en constante movimiento y el movimiento es como los días y las noches, de naciente a poniente, siempre girando en la dirección en la que la tierra gira en torno del sol. Todo gira. Más que círculos… esferas

La palabra restaura los círculos y el movimiento. Teje las comunidades. Si no lo hace, desarmoniza, desata y detiene el movimiento. Un círculo roto, rompe otros que se relacionan entre sí. Un círculo que se restaura trae de vuelta el camino de la vida, su movimiento. Las y los guerreros son, ante todo, confrontando sus limitaciones y sus errores, tejedorxs de círculos. Esa es su lucha y su don. El mismo de lxs consejerxs o seres de la medicina, de la rueda medicinal.

Cuando nos acercamos a hablar nos llama el movimiento de la vida y nos reclama, nos exige tejernos en círculo. La palabra es el pulgar de la mano colectiva y nos teje para el ser y el hacer. El mayor se sienta primero y distribuye la gente en torno suyo en el sentido en el que gira la vida. Cerca a él, cerca de la puerta sienta a lxs más jóvenes que están empezando. Toma un objeto sagrado y únicamente explica el movimiento, el rumbo que tomará de mano en mano el objeto -piedra o pluma de águila-. Respeto. Cada quien recibe el derecho a la palabra y el círculo escucha en silencio. Saber escuchar sintiendo restablece el círculo y el movimiento. No hay límite de tiempo, pero hay que aprender a decir lo que se quiere, lo que se debe y lo que se puede decir. Hay que tener sabiduría al compartir la palabra. Es eso lo que el uso de la palabra enseña y demanda. Eso lo que tener el objeto sagrado en las manos autoriza e impone. Se aprende a hablar en círculo y aprendemos a escuchar en círculo. A escuchar el círculo. A veces, muchas, el silencio, las lágrimas o las burlas, un gesto, un canto; son palabra que teje y basta.

Así, la pluma o la piedra pasa de mano en mano y va llegando de vuelta al mayor. Cada palabra es única en el círculo en movimiento. El mayor recoge la pluma o la piedra. Ha sentido y escuchado. Ha escuchado el escuchar y sentido el sentir que es de cada quien y que ya es la trama que ha fluido como en el atrapa-sueños en todas las direcciones entre voces, memorias con-moviendo. No es la tarea del mayor resumir ni sintetizar sino saber, que consiste en cerrar el círculo, la comunidad que hace la vida y es su esencia, su ritmo, el uni-verso plural y múltiple. Canta, habla, reclama, regaña, ríe y hace reír… siente. Une la boquilla con la piedra tallada de la pipa y la llena de tabaco y hierbas. Al hacerlo reconoce que hemos ganado el derecho de volver a unirnos con todo, la enciende, devuelve el humo, la gira luego de apuntarla hacia la tierra, el cielo y las cuatro direcciones mientras canta en la lengua ancestral y la pasa de nuevo en la misma dirección. El humo dulce, los labios de los que brotó la palabra de cada quien, besan suavemente la boquilla. Nos bañamos dentro inspirando el humo, lo soplamos bañándonos por fuera y lo volvemos a soplar en las cuatro direcciones para que desde cada quién nos llegue y nos teja en trenza a todas y todos.

Cada círculo de la palabra viene de muchas memorias y muchos círculos y va hacia otros. Nos une a la vida para defenderla, para retornar. La sabiduría de “tomar la palabra” impone la entrega íntegra. Comúnmente es mejor palabra el silencio conmovido que la verborrea auto-adulante. Otras, silenciar una palabra que merece su tiempo largo y escucha en aras de la “participación” es irrespeto. Es la vida lo que está en riesgo.

1 Honrando la sabiduría de los pueblos de la Isla de la Tortuga: Kihiwin y tanto que nos enseñaron y compartieron. Mayoras y mayores convocan los círculos. Este relato honra un círculo y un mayor en Alaska quien dijo, quienes acá llegamos no lo hicimos por casualidad sino por el mandato que nos trae a asumir la responsabilidad de hacer cada quien su parte para ayudar a volver a tejer el círculo roto.

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